Señor, Jesús, como Dios Padre te ama,
así Tú nos has amado, nos amas
y nos amarás siempre,
incondicionalmente,
hagamos lo que hagamos,
seamos como seamos,
para que gocemos la alegría de sentirnos amados.
Así quisiera amarte yo,
así quisiera compartir tanto amor recibido
con los más cercanos
y con los que no han recibido tanto cariño:
niños separados de sus familias,
mujeres maltratadas, ancianos solos…
Y así pueda sentir la alegría de amar,
como Tú y contigo.
jueves, 13 de mayo de 2021
Como el Padre
Rechazados como tú y contigo
Señor, Jesús,
a veces somos criticados y rechazados…
por ser interesados y egoístas,
por nuestra sed de poder y tener,
por nuestros errores y torpezas,
por nuestros excesos y defectos
en lo que decimos y hacemos,
en el modo de tratar a las personas.
Pero en otros momentos somos criticados y rechazados…
por decir verdades incómodas,
por denunciar injusticias y mentiras,
por no reír comentarios ofensivos,
por defender a las personas más pisoteadas…
Señor Jesús, ayúdanos a afrontar las contradicciones;
a reconocer los errores por los que somos criticados;
a seguir haciendo el bien, aun cuando seamos rechazados por ello,
como Tú y contigo.
Usar el nombre de Dios en vano
Señor Jesús, cuando la avaricia, la lujuria o el rencor invaden nuestro corazón, podemos hacer cualquier cosa o utilizar cualquier medio, para tener más dinero o más poder, para poseer a la persona deseada, para hacer daño a quienes nos han perjudicado.
A veces, incluso utilizamos lo más sagrado: tu nombre, para cumplir nuestros peores deseos. Así ha sucedido en la historia y así sucede en la actualidad. Todavía hoy hay personas que declaran guerras santas o matan en tu nombre; ven el sufrimiento de pueblos enteros y dicen “Dios lo ha querido”.
También yo a veces confundo lo que quiero y deseo con tu voluntad. También yo he utilizado el Evangelio para criticar, para condenar y para hacer daño. He tomado tu nombre en vano. Te pido perdón.
Señor Jesús, que jamás use tu nombre para hacer daño, que no confunda nunca mi voluntad con la tuya, que no olvide nunca que tu deseo es dar vida, vida nueva, vida plena, incluso a los que te hacen daño. Amén.
Abiertos a la verdad
Señor Jesús, a veces no me doy cuenta de que mi verdad es muy pequeña y la Verdad muy grande. Parece que no existe más de lo que yo veo, pienso y siento.
Dame un corazón sensible a la luz de tu Palabra y a las inspiraciones de tu Espíritu, que me ayudan a ver más allá, a ensanchar los límites de mi pensamiento, a multiplicar mi sensibilidad.
Que sepa mantener los oídos y los ojos bien abiertos, para aprender cada día, a través de todas las personas: ricas y pobres, analfabetas o universitarias, creyentes o ateas, más santas o más pecadoras, de cualquier credo o ideología. Amén.
Nuestra tristeza se convertirá en alegría
Señor, a veces me toca llorar, por el sufrimiento o la ausencia de las personas que amo, mientras alrededor me parece que el mundo se divierte. Y tus lágrimas se mezclan con las mías, aunque no me dé cuenta.
A veces estoy triste, me gana la desesperanza, me pesan tus palabras, no siento tu amor, parece que te has olvidado de nosotros, de las personas que más sufren. Y tú me acompañas en mi tristeza, aunque no me dé cuenta.
A veces estoy triste, pero en el momento más inesperado, te siento a mi lado y me llenas de una alegría que nadie me puede quitar. Señor, aumenta mi fe, para que no dude nunca de tu promesa: nuestra tristeza se convertirá en alegría. Amén.
Oración por la tierra
Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz,
para que vivamos como hermanos y hermanas,
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra,
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas,
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.
María, salud de los enfermos
Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que, al pie de la cruz,
fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
Papa Francisco