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jueves, 20 de julio de 2023

Personas poseídas

Señor, también hoy hay muchas personas que están poseídas por una legión de demonios: aislamiento, miedos, culpas, vergüenzas, autodesprecio, fracasos, dolor, enfermedad, soledad, incomprensión, desempleo…
 
Ayúdanos a no esquivarlas, a estar cerca de ellas, a amarlas de forma incondicional y sin esperar nada a cambio, a ofrecerles tiempo, a no tratarlas como inútiles, a valorarlas por lo que son y por lo mucho que valen a pesar de sus limitaciones, a ayudarles a sacar lo mejor de ellas mismas… Como Tú y Contigo.

viernes, 24 de marzo de 2023

Padezco enfermedad, cúrame

Señor, yo también padezco enfermedad, aunque no me guste reconocerlo.
Oigo mal, apenas escucho a quienes me incomodan.
El individualismo y la indiferencia han encogido mi corazón.
Mis pies son torpes para acercarme a quien me necesita.
Mis manos no se abren con facilidad para acariciar y compartir.
La catarata del pesimismo no me deja ver la belleza del mundo.
Mi piel se ha convertido en una barrera más que en zona de encuentro.
Mi cabeza pretende convencerme de que soy justo y no pecador.
Me quema la fiebre de tener ya todo lo que me apetece.
… …
Pero no todo está perdido, Señor. Tus palabras me consuelan:
"No necesitan médico los sanos, sino los enfermos".
No has venido a llamar a los justos, sino a los pecadores,
Estás con nosotros para que nos convirtamos, para que crezcamos.
Has pronunciado mi nombre y has dicho: “Sígueme”.
Confío en ti, Señor; pongo mi vida en tus manos. Contigo iré.

Dejarme iluminar

También yo, Señor, padezco ceguera. A veces no veo ni mis errores ni mis talentos, no acierto a descubrir qué me está ayudando y qué me está hundiendo, confundo las apariencias con la realidad, no veo cuál es el camino a tomar y el futuro se me antoja cargado de nubarrones; tampoco percibo con claridad tu presencia en mi vida y en la historia del mundo.
 
Señor, me pongo en tus manos, confiadamente, como el ciego del Evangelio. Necesito acoger tu luz, tu amor, tu fuerza sanadora, como tantas personas que se encontraron contigo. Yo soy Nicodemo y la Samaritana, el endemoniado de Cafarnaún y el paralítico, la pecadora perdonada y la hemorroisa, la hija de Jairo y el ciego de Jericó, Zaqueo y Lázaro; el ladrón y Pedro.
 
Que sepa dejarme iluminar como san José. Aunque estaba confundido y angustiado por el embarazo incomprensible de María, no tomó decisiones “en caliente”. Esperó a que Tú le ayudaras a ver con claridad. Y cuando recibió la luz del cielo acogió a María sin reservas.
Señor, ilumina nuestro camino, el camino de nuestras familias y comunidades. Danos un corazón abierto a tu luz. Amén.

sábado, 23 de julio de 2022

Dureza de corazón

Te duele, Jesús, nuestra dureza de corazón
para tratar con humanidad a los que sufren,
para acoger a quienes vienen de lejos sin nada,
para reconocer el bien que hacen otros,
para ayudar y para pedir ayuda,
para luchar contra la injusticia,
para defender la verdad con respeto,
para tratar a las personas como hermanas,
para abrir nuestro corazón a tu amor y tu perdón,
para trabajar decididamente por tu Reino.
 
Transforma, Señor, mi corazón de piedra
Cura mis parálisis y perdona mis pecados.
Dame un corazón de carne, que sepa amar,
Como Tú y Contigo. Amén.

viernes, 22 de julio de 2022

Poder de aliviar

Gracias, Señor, porque has compartido con nosotros tu poder de aliviar los sufrimientos y mejorar la vida de las personas.
 
Gracias por las mujeres y los hombres, niños, jóvenes y adultos, que utilizan habitualmente este poder, en la familia, en el trabajo, en su trabajo de voluntariado, en su compromiso social y político. Gracias por las personas que se dedican a cuidar, curar, enseñar, acompañar, escuchar, abrazar, amar… a quienes más sufren, aunque sean criticadas, juzgadas y castigadas por ello.
 
Dame la gracia de reconocer que yo también tengo ese poder y de ejercitarlo sin descanso, para bien de las personas y gloria tuya. Amén.

Tu fe te ha curado

Señor, gracias por el regalo de la fe,
que abre mi vida a tu presencia.

Tu cercanía me salva de la soledad.
Tu ternura cura mi dureza de corazón.
Tu humildad sana mis aires de grandeza.
Tu perdón me libera de la severidad.
Tu verdad me rescata de tanta mentira.
Tu mirada me libra de mis miedos.
Tu palabra aleja de mí la desesperanza.
Tu fuerza rompe mis ataduras.
Tu llamada me saca de la comodidad.
Tu oración me libra del orgullo.
Tu amor me cura de la indiferencia
Tu vida me salvará de la muerte.

Gracias, Señor, por el regalo de la fe.
Que sepa acogerlo, cuidarlo y agradecerlo.
Amén.¡Buenos días! TU FE TE HA CURADO.

Las manos del Padre

Con tu mano rodeas
el pábilo vacilante
y proteges su llama
del viento que arrastra
los fríos del Norte.

Con tu mano sanas
célula a célula
la herida de la caña
quebrada por las botas
de la competencia ciega.

Veo arañadas
tus manos de viñador
por los sarmientos secos
de una vida exitosa
cortados en la poda.

En los surcos de tus manos
hay color de arcilla
que delata tu oficio
de perpetuo alfarero
de nuestro barro.

En tus palmas abiertas
palpo los callos del bastón
en tu búsqueda incesante
para reunir en tu rebaño
los perdidos en sus soledades.

(Benjamín G. Buelta, sj)

lunes, 26 de abril de 2021

Levántate y echa a andar

Señor, resuenan en mi corazón tus palabras:
"Levántate y echa a andar".

Tu brazo es más fuerte que todas mis cadenas.
Estrecharé tu mano y echaré a andar,
con otros hermanos liberados de sus ataduras.

Con tu consuelo afronto sufrimientos y dolores.
Me dejaré acariciar y abrazar por Ti y echaré a andar,
para que los que se sienten aplastados puedan levantarse.

Tu palabra me saca del pozo del pesimismo.
Escucharé tu voz y echaré a andar.
Compartiré mi esperanza y seguiremos adelante.

Tu Reino de fraternidad me fascina y me atrae.
Me dejaré ayudar por otros peregrinos y echaré a andar.
Ofreceré mi hombro a otras personas y caminaremos juntas.

Tu Amor es más poderoso que la muerte.
Me dejaré resucitar y echaré a andar
para abrazarte y abrazar a quienes ya viven en tu Casa.

Señor, que sigan resonando en mi corazón tus palabras:
"Levántate y echa a andar".

Señor, que vea

Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida.
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros
de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada
cierra los infiernos del mundo.
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.
 
Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin ti.
 
Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.

José María Rodríguez Olaizola, SJ

domingo, 25 de abril de 2021

Espíritus inmundos

Señor Jesús, también nosotros estamos poseídos, por tantos espíritus inmundos: el miedo a contagiarnos, la indiferencia, la avaricia, las drogas, la pornografía, la pasividad frente a la injusticia, la falta de respeto a la vida de los más pequeños y los más ancianos…

Frente a esta realidad, escuchamos y leemos muchos mensajes políticos, periodísticos, religiosos… Muchos pretenden tener la razón y utilizan el mal ajeno para hacer propaganda. La mayoría pretenden dominarnos, para nada liberarnos del mal.

Tú, en cambio, hablas con autoridad. Hablas de un Dios liberador y liberas. Hablas de un Dios todo-perdón y perdonas hasta a los que te están matando. Hablas del Dios de la paz y Tú eres paz. Hablas del Dios de la vida y cuidas de la vida de todos y nos anticipas la vida eterna. Hablas del Dios Amor y amas a todos, comenzando por los más excluidos.

Enséñanos, Jesús, a hablar con tu misma autoridad. Danos fuerza para hacer lo que decimos, como Tú y contigo. Amén.

Todos débiles, todos importantes, todos hermanos

Señor Jesús, me has llamado, llamas a todas las personas para que vivamos como hermanas y hermanos, cada uno con sus enfermedades del cuerpo y dolores del alma, con sus capacidades y virtudes.

Cuando me sienta mal y todo se tuerza en mi camino, dame humildad para pedirte ayuda, para apoyarme en  las personas que me quieren, aunque a veces no sepan qué decirme o qué hacer, aunque me hayan defraudado alguna vez. No permitas que me encierre en mi dolor y en mi angustia.

Dame un corazón generoso, para ofrecer lo que sé y lo que tengo a quienes reciben una bofetada tras otra en la vida, a quienes no quieren despertarse por la mañana, a quienes se sienten más juzgados que amados, a quienes no tienen fuerza para sonreír, a quienes luchan por llegar a fin de mes, a quienes no tienen nada.

Que siempre tenga el corazón de hermano, siempre abierto para pedir ayuda y para ofrecer mi tiempo, lo que tengo y lo que soy. Amén.

Rezar y curar

Señor Jesús, todos queremos curarnos de las enfermedades y echar a los demonios que nos paralizan: la angustia, el miedo, la tristeza… Es lo que más deseamos: estar bien, en paz contigo, con nosotros mismos, con nuestros prójimos. Quiero acercarme a ti y sentir la fuerza de tu mirada y de tu amor, que nos sana y serena.

Pero, a veces nos olvidamos de las personas que más sufren: las que están solas, las que viven en las calles, muertas de frío, las que no tienen alegría de vivir… Por eso, te pido que me cures otras enfermedades, más escondidas, pero igualmente peligrosas: la indiferencia, la vanidad, el egoísmo… Cúrame, Jesús, y dame un ánimo bien dispuesto para servir, para facilitar la vida de quienes me rodean.

Finalmente, Señor, te pido que me ayudes a ser fiel a los momentos de encuentro contigo, para sentir tu amor, para amar más y mejor, para hacer en cada momento lo que convenga. Como Tú, Señor. Siempre como Tú y contigo.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Abre mis ojos al dolor de los hermanos

 Señor,
ayúdame a hacer las cosas con calma,
y abre mis ojos al dolor de los hermanos.

Hazme comprender que yo también puedo curar:
regalando mi tiempo, ofreciendo cariño,
compartiendo lo que tú me das a manos llenas.

sábado, 9 de mayo de 2020

Abraza todo mi cuerpo

Ven Espíritu Santo, y abraza todo mi cuerpo.

Te doy gracias por el don de la vida, por cada uno de los órganos de mi cuerpo, que es una obra del amor divino.

Mi cuerpo me permite trabajar, disfrutar, comunicar, amar, moverme... Gracias, Señor.

Acaricia con tu cariño este cuerpo cansado y derrama en él la calma y la paz.

Cura con tu soplo cada parte débil o enferma. Restaura, sana, libera cada uno de mis órganos. Pasa por mi sangre, por mi piel, por mis huesos.

Ven, Espíritu Santo, y aplaca toda tensión con tu amor. Sáname, Señor. Amén.

jueves, 24 de octubre de 2019

Te acercas como buen samaritano

En verdad es justo, darte gracias y deber nuestro alabarte,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad,
en el sufrimiento y en el gozo,
por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.

Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a toda persona
que sufre en su cuerpo o en su espíritu,
y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Por este don de tu gracia,
incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,
vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado.

Por eso, unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos a una voz el himno de tu gloria:

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo,
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene, en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Prefacio del tiempo ordinario

sábado, 18 de mayo de 2019

Dios tiene sed de ti


Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche.
Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo,
ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta,
hasta la más pequeña sugerencia de invitación que me permita entrar.

Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, Yo vengo siempre,sin falta.
Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos…
Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte,
con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión.

Un amor en cada detalle, tan grande como el amor que he recibido de Mi Padre.
Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas.
Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas.…
Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.

Cuando finalmente abras las puertas de tu corazón y te acerques lo suficiente,
entonces Me oirás decir una y otra vez, no en meras palabras humanas
sino en espíritu: «no importa qué es lo que hayas hecho, te amo por ti mismo.
Ven a Mí con tu miseria y tus pecados, con tus problemas y necesidades,
y con todo tu deseo de ser amado. Estoy a la puerta de tu corazón
y llamo... ábreme, porque tengo sed de tI.

Santa Teresa de Calculta

sábado, 17 de febrero de 2018

¡Regresa!

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
a los brazos anhelantes y expectantes del Padre,
rico en misericordia,
que me está esperando,
con la mano tendida para acogerme
y los brazos dispuestos a abrazarme.

Toca mi corazón,
ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza
y a volver sin miedo,
para participar de la fiesta de los perdonados,
para gozar de la vida vida,
que nuestro corazón tanto desea.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
para experimentar la ternura sanadora de Dios,
que cura las heridas del pecado,
renueva nuestro espíritu
y transforma nuestro corazón de piedra
en un corazón de carne.

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre, a tu casa,
a mi verdadera casa.

(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)

sábado, 11 de febrero de 2017

Custodios de los enfermos

Dios Padre, amigo de la vida,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar y cuidar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

Toca nuestros corazones
y enséñanos a descubrir el valor
de cada persona y de cada cosa,
porque todos somos custodios
de la salud de nuestros hermanos
y de la salud del mundo.
Amén.

lunes, 24 de octubre de 2016

Encorvados

Nos encorvamos.
Bajo el peso de memorias
que es mejor olvidar.
Doblados por golpes
injustos, inesperados.
Carentes de un brazo amigo
que sostenga nuestra fatiga.

viernes, 6 de mayo de 2016

Cansados

Venimos a ti cansados,
tullidos, estresados, doloridos,
ciegos, sordos, indiferentes,
distraídos y enfermos de muchas cosas.