jueves, 20 de julio de 2023
Personas poseídas
viernes, 24 de marzo de 2023
Padezco enfermedad, cúrame
Dejarme iluminar
sábado, 23 de julio de 2022
Dureza de corazón
viernes, 22 de julio de 2022
Poder de aliviar
Tu fe te ha curado
Señor, gracias por el regalo de la fe,
que abre mi vida a tu presencia.
Tu cercanía me salva de la soledad.
Tu ternura cura mi dureza de corazón.
Tu humildad sana mis aires de grandeza.
Tu perdón me libera de la severidad.
Tu verdad me rescata de tanta mentira.
Tu mirada me libra de mis miedos.
Tu palabra aleja de mí la desesperanza.
Tu fuerza rompe mis ataduras.
Tu llamada me saca de la comodidad.
Tu oración me libra del orgullo.
Tu amor me cura de la indiferencia
Tu vida me salvará de la muerte.
Gracias, Señor, por el regalo de la fe.
Que sepa acogerlo, cuidarlo y agradecerlo.
Amén.¡Buenos días! TU FE TE HA CURADO.
Las manos del Padre
Con tu mano rodeas
el pábilo vacilante
y proteges su llama
del viento que arrastra
los fríos del Norte.
Con tu mano sanas
célula a célula
la herida de la caña
quebrada por las botas
de la competencia ciega.
Veo arañadas
tus manos de viñador
por los sarmientos secos
de una vida exitosa
cortados en la poda.
En los surcos de tus manos
hay color de arcilla
que delata tu oficio
de perpetuo alfarero
de nuestro barro.
En tus palmas abiertas
palpo los callos del bastón
en tu búsqueda incesante
para reunir en tu rebaño
los perdidos en sus soledades.
(Benjamín G. Buelta, sj)
lunes, 26 de abril de 2021
Levántate y echa a andar
"Levántate y echa a andar".
Tu brazo es más fuerte que todas mis cadenas.
Estrecharé tu mano y echaré a andar,
con otros hermanos liberados de sus ataduras.
Con tu consuelo afronto sufrimientos y dolores.
Me dejaré acariciar y abrazar por Ti y echaré a andar,
para que los que se sienten aplastados puedan levantarse.
Tu palabra me saca del pozo del pesimismo.
Escucharé tu voz y echaré a andar.
Compartiré mi esperanza y seguiremos adelante.
Tu Reino de fraternidad me fascina y me atrae.
Me dejaré ayudar por otros peregrinos y echaré a andar.
Ofreceré mi hombro a otras personas y caminaremos juntas.
Tu Amor es más poderoso que la muerte.
Me dejaré resucitar y echaré a andar
para abrazarte y abrazar a quienes ya viven en tu Casa.
Señor, que sigan resonando en mi corazón tus palabras:
"Levántate y echa a andar".
Señor, que vea
Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida.
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros
de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada
cierra los infiernos del mundo.
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.
Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin ti.
Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
domingo, 25 de abril de 2021
Espíritus inmundos
Señor Jesús, también nosotros estamos poseídos, por tantos espíritus inmundos: el miedo a contagiarnos, la indiferencia, la avaricia, las drogas, la pornografía, la pasividad frente a la injusticia, la falta de respeto a la vida de los más pequeños y los más ancianos…
Frente a esta realidad, escuchamos y leemos muchos mensajes políticos, periodísticos, religiosos… Muchos pretenden tener la razón y utilizan el mal ajeno para hacer propaganda. La mayoría pretenden dominarnos, para nada liberarnos del mal.
Tú, en cambio, hablas con autoridad. Hablas de un Dios liberador y liberas. Hablas de un Dios todo-perdón y perdonas hasta a los que te están matando. Hablas del Dios de la paz y Tú eres paz. Hablas del Dios de la vida y cuidas de la vida de todos y nos anticipas la vida eterna. Hablas del Dios Amor y amas a todos, comenzando por los más excluidos.
Enséñanos, Jesús, a hablar con tu misma autoridad. Danos fuerza para hacer lo que decimos, como Tú y contigo. Amén.
Todos débiles, todos importantes, todos hermanos
Señor Jesús, me has llamado, llamas a todas las personas para que vivamos como hermanas y hermanos, cada uno con sus enfermedades del cuerpo y dolores del alma, con sus capacidades y virtudes.
Cuando me sienta mal y todo se tuerza en mi camino, dame humildad para pedirte ayuda, para apoyarme en las personas que me quieren, aunque a veces no sepan qué decirme o qué hacer, aunque me hayan defraudado alguna vez. No permitas que me encierre en mi dolor y en mi angustia.
Dame un corazón generoso, para ofrecer lo que sé y lo que tengo a quienes reciben una bofetada tras otra en la vida, a quienes no quieren despertarse por la mañana, a quienes se sienten más juzgados que amados, a quienes no tienen fuerza para sonreír, a quienes luchan por llegar a fin de mes, a quienes no tienen nada.
Que siempre tenga el corazón de hermano, siempre abierto para pedir ayuda y para ofrecer mi tiempo, lo que tengo y lo que soy. Amén.
Rezar y curar
Señor Jesús, todos queremos curarnos de las enfermedades y echar a los demonios que nos paralizan: la angustia, el miedo, la tristeza… Es lo que más deseamos: estar bien, en paz contigo, con nosotros mismos, con nuestros prójimos. Quiero acercarme a ti y sentir la fuerza de tu mirada y de tu amor, que nos sana y serena.
Pero, a veces nos olvidamos de las personas que más sufren: las que están solas, las que viven en las calles, muertas de frío, las que no tienen alegría de vivir… Por eso, te pido que me cures otras enfermedades, más escondidas, pero igualmente peligrosas: la indiferencia, la vanidad, el egoísmo… Cúrame, Jesús, y dame un ánimo bien dispuesto para servir, para facilitar la vida de quienes me rodean.
Finalmente, Señor, te pido que me ayudes a ser fiel a los momentos de encuentro contigo, para sentir tu amor, para amar más y mejor, para hacer en cada momento lo que convenga. Como Tú, Señor. Siempre como Tú y contigo.
domingo, 1 de noviembre de 2020
Abre mis ojos al dolor de los hermanos
Señor,
ayúdame a hacer las cosas con calma,
y abre mis ojos al dolor de los hermanos.
Hazme comprender que yo también puedo curar:
regalando mi tiempo, ofreciendo cariño,
compartiendo lo que tú me das a manos llenas.
sábado, 9 de mayo de 2020
Abraza todo mi cuerpo
Te doy gracias por el don de la vida, por cada uno de los órganos de mi cuerpo, que es una obra del amor divino.
Mi cuerpo me permite trabajar, disfrutar, comunicar, amar, moverme... Gracias, Señor.
Acaricia con tu cariño este cuerpo cansado y derrama en él la calma y la paz.
Cura con tu soplo cada parte débil o enferma. Restaura, sana, libera cada uno de mis órganos. Pasa por mi sangre, por mi piel, por mis huesos.
Ven, Espíritu Santo, y aplaca toda tensión con tu amor. Sáname, Señor. Amén.
jueves, 24 de octubre de 2019
Te acercas como buen samaritano
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad,
en el sufrimiento y en el gozo,
por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a toda persona
que sufre en su cuerpo o en su espíritu,
y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia,
incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,
vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado.
Por eso, unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos a una voz el himno de tu gloria:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo,
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene, en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Prefacio del tiempo ordinario
sábado, 18 de mayo de 2019
Dios tiene sed de ti
sábado, 17 de febrero de 2018
¡Regresa!
a regresar a la casa del Padre.
Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
a los brazos anhelantes y expectantes del Padre,
rico en misericordia,
que me está esperando,
con la mano tendida para acogerme
y los brazos dispuestos a abrazarme.
Toca mi corazón,
ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza
y a volver sin miedo,
para participar de la fiesta de los perdonados,
para gozar de la vida vida,
que nuestro corazón tanto desea.
Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
para experimentar la ternura sanadora de Dios,
que cura las heridas del pecado,
renueva nuestro espíritu
y transforma nuestro corazón de piedra
en un corazón de carne.
Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre, a tu casa,
a mi verdadera casa.
(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)
sábado, 11 de febrero de 2017
Custodios de los enfermos
lunes, 24 de octubre de 2016
Encorvados
Bajo el peso de memorias
que es mejor olvidar.
Doblados por golpes
injustos, inesperados.
Carentes de un brazo amigo
que sostenga nuestra fatiga.