Señor, a veces vivo centrado en mis problemas, mi trabajo, mis aspiraciones, mi imagen, mis derechos, mi crecimiento espiritual, mi salud terrena y mi salvación eterna.
No vibro con el gozo y el dolor de quienes están a mi lado. Miro con la misma desgana a quien sufre que a quien canta. Es más, a veces me alegra el mal ajeno y me fastidia el éxito del prójimo.
Señor, líbrame de esta epidemia de insensibilidad e indiferencia, ábreme al bien de los hermanos; despierta mi fe dormida, para que, en este Adviento, sepa acogerte en las personas que me contagian su alegría y en las que comparten conmigo su dolor. Amén.
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domingo, 25 de abril de 2021
Ábreme al bien de los hermanos
domingo, 1 de noviembre de 2020
Tan convencidos como equivocados
Señor,
a veces me dejo llevar por la primera impresión, por las apariencias,
no me doy cuenta de que mi mirada es muy pequeña y la realidad muy grande.
Me cuesta reconocer que a veces mis juicios son equivocados,
y, en vez de estar abierto a la verdad, busco argumentos para no cambiar de opinión.
Dame un corazón más abierto para aceptar la novedad de tu palabra
y para acoger con amor a quienes son juzgados y condenados.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
A vino nuevo, odres nuevos
Señor, tu Iglesia está llena de odres; odres antiguos, preciosos; odres del siglo XIII, del XVI y del XIX; odres de los años 40, de los 70 y de los 90; odres en los que han bebido el agua fresca del Evangelio generaciones y generaciones de cristianos; odres que escasamente nos sirven para el momento actual, porque el mundo ha cambiado, la Iglesia ha cambiado, nosotros hemos cambiado. Muchos de nosotros, Señor, nos hemos quedado apalancados en un pasado más o menos reciente.
Abiertos a cada persona
Señor, te doy gracias por todas las personas que hoy se encontrarán
conmigo, cada una con su forma de pensar, sentir y actuar; todas están
creadas a imagen y semejanza tuya, de todas puedo aprender algo bueno,
todas me pueden enriquecer. En el fondo, todas son un regalo tuyo.
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