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viernes, 30 de enero de 2026

María, llena de gracia

Te doy gracias, María, por ser una mujer.
Gracias por haber sido mujer como mi madre,
y por haberlo sido en un tiempo
en el que ser mujer era como no ser nada.
Gracias porque cuando todos te consideraban una mujer de nada, tú fuiste todo,
todo lo que un ser humano puede ser y mucho más,
la plenitud del hombre, una vida completa.
Gracias por haber sido una mujer libre y liberada,
la mujer más libre y liberada de toda la historia,
la única mujer liberada y libre de la historia,
porque fuiste la única no atada al pecado,
la única no uncida a la vulgaridad,
la única que nunca fue mediocre,
la única verdaderamente llena de gracia y de vida.
Gracias porque estuviste llena de gracia, porque estabas llena de vida,
estuviste llena de vida porque habías sido llenada de gracia y de vida.
Gracias porque supiste encontrar la libertad siendo esclava,
aceptando la única esclavitud que libera, la esclavitud de Dios,
y nunca te enzarzaste en todas las otras esclavitudes que a nosotros nos atan.
Porque al llegar el ángel te atreviste a preferir su misión a tu comodidad,
porque aceptaste tu misión, sabiendo que era cuesta arriba,
una cuesta arriba que terminaba en un Calvario.
Gracias porque fuiste valiente, gracias por no tener miedo,
gracias por fiarte del Dios que te estaba llenando,
del Dios que venía no a quitarte nada, sino a hacerte más mujer.
Gracias por haber sido la mujer más entera que ha existido,
y gracias sobre todo por haber sido la única mujer de toda la historia
que volvió en cuerpo y alma a los brazos de Dios.
Gracias por seguir siendo madre y mujer en el cielo,
por no cansarte de cuidar de tus hijas e hijos de ahora.

J.L. Martín Descalzo (adaptación) 

jueves, 29 de enero de 2026

El corazón de la Madre

Santa María, Madre nuestra,
tú que meditabas en tu corazón cada acontecimiento,
enséñanos a detenernos, a escuchar, a acoger la vida sin miedo.
Tú que supiste reconocer la presencia de Dios,
ayúdanos a entrar en el silencio donde habla el Espíritu,
para descubrir nuestras luces y sombras,
para no dejarnos arrastrar por las prisas, las modas o los temores,
para vivir con hondura y libertad interior.
En este nuevo año, Madre buena,
despierta en nosotros el deseo de orar,
de buscar cada día un momento para Dios,
sea al amanecer, al mediodía o al caer la noche.
Que la oración sea nuestro refugio,
nuestra brújula y nuestra fuerza.
María, mujer que cuida,
tú que envolviste a Jesús en pañales,
lo estrechaste contra tu pecho
y lo acompañaste con ternura en cada paso,
enséñanos la cultura del cuidado.
Haznos atentos a los niños pequeños,
a los enfermos y ancianos,
a los pobres cercanos y lejanos,
a quienes han perdido la esperanza,
a las mujeres que sufren violencia,
a los jóvenes que buscan sentido,
a quienes han sido heridos en su cuerpo o en su alma,
a las familias que viven la angustia de no tener un hogar.
Enséñanos también a cuidar la Creación,
para que sea casa digna para todos.
Sabemos, Madre, que no podemos llegar a todo,
pero muéstranos a quiénes nos envía hoy el Señor,
con nombre y rostro concreto.
Danos generosidad para cuidar a otros
y para cuidarnos también a nosotros mismos.
María, que muestras a Jesús,
tú que ofreciste al Buen Pastor a los pastores
y la Sabiduría encarnada a los Magos,
haznos testigos valientes y sencillos.
Que sepamos mostrar a Cristo sin imponerlo,
sin recurrir jamás a recurso del miedo,
solo con la luz de la bondad,
con la paz que brota de su presencia,
con la alegría de sabernos hijos amados del Padre.
Que nuestras palabras, nuestras obras y nuestras actitudes
revelen el rostro misericordioso de tu Hijo
a quienes encontremos en este año que comienza.
Que Él sea para todos bendición,
liberación, esperanza y fraternidad.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
acompáñanos en este camino de meditar, cuidar y mostrar a Jesús.

Amén. 

sábado, 23 de julio de 2022

Consagración de la humanidad al Corazón de María

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.
Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.
Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.
Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.
Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.
Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.
Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.
Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.
Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

viernes, 22 de julio de 2022

María Madre

María, fuiste madre de Jesús.
Te imagino, mirando y cuidando a tu hijo, recién nacido;
sorprendiéndote ante sus primeras palabras y sus primeros pasos;
enseñándole a rezar y a captar tanto la belleza como las injusticias del mundo;
conservando en tu corazón tantos gestos de cariño;
aceptando con confianza la personalidad misteriosa de ese niño;
siguiendo las noticias de su predicación, a veces con alegría, en otros momentos con preocupación.

Te imagino al pie de la cruz de tu Hijo, desafiando habladurías y peligros,
acompañándolo en la hora del sufrimiento y la muerte;
aceptando la nueva misión que Jesús te confiaba:
ser madre de Juan, de los discípulos, de la Iglesia naciente, de la humanidad.

Te imagino, acompañando con ternura a esos primeros discípulos, tristes y miedosos,
alentando en ellos la esperanza de la resurrección,
abriendo sus corazones para recibir al Espíritu de Jesús,
empujándoles con ternura a la misión encomendada.

María, sigues siendo Madre,
mi madre, Madre de la Iglesia, Madre de la gran familia humana.
Sigues al pie de tantas cruces: tristezas, maltratos, guerras, hambre, desesperanza…
Sigues acercándonos a Jesús, cuando no encontramos el camino.
Sigues ayudándonos a ser madres pacientes, delicadas, fieles… de quienes más sufren.

Gracias por ser Madre. Gracias por tantas madres que me han cuidado y ayudado a crecer en alegría, amor y esperanza. Amén.

jueves, 13 de mayo de 2021

María, salud de los enfermos

Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.

A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que, al pie de la cruz,
fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

Papa Francisco

miércoles, 13 de mayo de 2020

En las manos de María de Fátima

Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia maternal
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado,
para curarla y salvarla....
Custodia nuestra vida entre tus brazos;
reaviva y alimenta la fe;
sostén e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección
por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón:
congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu querido Hijo,
el Señor nuestro Jesús, Amén.

Papa Francisco

sábado, 9 de mayo de 2020

María embarazada

¡Y qué cortos y qué largos
se hicieron los nueve meses!
Cortos para mi cabeza,
para el corazón, muy breves.

Estaba dentro de mí
y aunque a Él no le sentía,
sentía cómo mi sangre
al rozarle sonreía.

Nadie notó en Nazaret
lo que estaba sucediendo:
que teníamos dos cielos,
uno arriba, otro creciendo.

¿Dios está en el cielo?
¿El cielo está en Dios?
y yo por los montes
llevando a los dos.

Dame tu mano, María,

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
 
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe-
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel!

Virgen experta en penas

En todas las esquinas de la vida,
Tú lo sabes , Señora,
nos espera el dolor,
Los hijos muertos,
la angustia del salario que no llega,
el puñetazo cruel de la injusticia,
la violencia y la guerra,
el horrible vacío de tantas soledades,
los infinitos ríos del llanto de los hombres.

¿Y a quién acudir
sino a tu lado,
Virgen experta en penas,
sabia en dolores,
maestra en el sufrir,
conocedora de todas las espadas?

Por el cansancio del camino a Belén
te pedimos por todos los cansados.

Por el frío de la cueva y la noche de Navidad,
acuérdate de los que tienen hambre.

Por el dolor del Hijo que perdiste en el
templo,
ayuda a tantos padres que pierden a sus hijos
por los más turbios caminos,

Por los años de oscura pobreza en Nazaret,
da un más ancho salario de amor a tantos
hombres
que ven como decrecen sus salarios.

Por el largo silencio de tus años de viuda,
acompaña a tantos y tantos solitarios.

Por la angustia de ver perseguido a Jesús,
no abandones a tantos que la injusticia aplasta.

Por las horas terribles del Calvario y la sangre,
siéntate cada tarde al borde de la cama
de todos los que viven muertos sin salud y sin
fuerzas.

Tú, que sabes de espadas, Virgen Madre
de los dolores,
pon en tu corazón a cuantos tienen el alma
destrozada.

J.L. Martín Descalzo

Madre de la Esperanza

Oh María,
tu resplandeces siempre en nuestro camino
como signo de salvación y de esperanza
Confiamos en ti, Salud de los enfermos,
que junto a la cruz
te asociaste al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe
Tú, sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que proveerás
para que, como en Caná de Galilea
pueda volver la alegría y la fiesta
después de este momento de prueba
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que nos diga Jesús
que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos
y se ha cargado con nuestros dolores
para llevarnos, a través de la cruz
a la alegría de la resurrección. Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
¡Amén!

Papa Francisco

María Guadalupana

Gracias, Señor, por la cercanía de y la ternura de María.
Ella nos repite las mismas palabras que pronunció a Juan Diego, en la Colina del Tepeyac:
No temas, ¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre?

Junto a ella es más fácil acercarme a Ti.
Junto a ella es más fácil bendecir y sentir tu bendición.
Junto a ella es más fácil que mi rostro se ilumine con tu mirada.
Junto a ella es más fácil sentirme acompañado y querido por Ti.
Junto a ella es más fácil vivir en paz contigo, con los hermanos, con amigos y enemigos.
Junto a ella es más fácil ser instrumento de justicia y paz.
Junto a ella es más fácil esperar la victoria del Amor sobre toda la injusticia, el dolor y la muerte.

Gracias, Señor, por la cercanía de y la ternura de María Guadalupana.

jueves, 24 de octubre de 2019

María, mujer solidaria y madre emigrante

Virgen María, mujer solidaria y madre emigrante,

tú conocistela violencia, la persecución, y el miedo;
viviste en el exilio y en Egipto cuidaste de Jesús.
Gracias por descubrirnos hoy estas facetas de tu vida,
desconocidas y poco valoradas por nosotros.

Danos tus ojos abiertos a la vida, a la realidad de mundo
y al dolor de tantos hermanos pobres y excluidos.
Danos un corazón solidario ante tanta injusticia
y sacude de nosotros el egoísmo y la comodidad.

Danos una voluntad decidida y generosa,
Dispuesta a asumir un mayor compromiso por los pobres.
Sé nuestra madre y nuestra maestra paciente
en este aprendizaje que nos cuesta tanto.

Ayúdanos a descubrir en los rostros de tantos hermanos
la dignidad que el Padre les ha regalado
y la mirada de Jesús, identificado con cada uno de ellos.
Mantennos en la fe, en el amor y en esta lucha por el Reino.
Amén.

P. Manuel Madueño, S.M.

jueves, 30 de mayo de 2019

Esperar con María

María, Madre de Jesús y Madre nuestra, ya ha pasado el Viernes Santo. Agotaste tu reserva de lágrimas acompañando a tu hijo y recogiéndolo entre tus brazos, Virgen de la Piedad…

Poco a poco, se abren claros en los nubarrones de Viernes. Encerraste el dolor en la alacena del recuerdo y abriste la ventana de la esperanza.

Nadie creía ya en las palabras de Jesús, que hablaban de resurrección. Ni siquiera la Magdalena, ni siquiera sus apóstoles. Tú sí. Dichosa Tú, que has creído, porque lo que ha dicho Jesús se cumplirá.

No sabías cómo aparecería, ni cuándo, ni dónde. Pero estabas segura. Pronto Jesús te besaría de nuevo. Y Tú lo tomarías en tus brazos, como en Belén, como al pie de la cruz. Pero ahora más vivo que nunca.

Tu esperanza anticipó la alegría de la resurrección.

María, acompáñanos en nuestra espera, que a veces se nos hace larga. Queremos confiar, como Tú y contigo. Ayúdanos a creer que el bien de este mundo vencerá al mal. Ayúdanos a sentir como tu hijo Jesús nos va resucitando a una vida mejor, más solidaria, más plena, ya en este mundo. Ayúdanos a creer en la vida eterna. Amén.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.

sábado, 22 de abril de 2017

No tenemos vino

En nuestras reuniones familiares y de amigos
donde festejamos lo que Tú nos das;
no abunda el vino del amor.

Para el compromiso diario
por la paz, el trabajo y la justicia;
nos falta el vino de la generosidad.

En nuestras oraciones y celebraciones
que reviven y actualizan tu presencia;
se acaba el vino de la alegría.

Para el anuncio de tu buena noticia
con nuestras palabras y obras;
escasea el vino de la humildad y la valentía.

Para acoger a los enfermos, a los refugiados,
para hacer hueco a los que más sufren,
necesitamos el vino de la fraternidad.

Para afrontar los malos momentos,
en los que nos sentidos hundidos sin remedio,
se agota el vino de la esperanza.

Y por eso andamos tristes y aguados,
sin gracia y con la ilusión apagada.
Nos falta la alegría compartida,
aunque abunden jarras y tinajas.

¡No tenemos vino, Señor!
Convierte nuestra agua en vino.
Conviértenos en vino para los hermanos.

viernes, 6 de mayo de 2016

Yo te saludo, María

Yo te saludo, María,
porque el Señor está contigo;
en tu casa, en tu calle, en tu pueblo,
en tu abrazo, en tu seno.

Feliz año nuevo

Yo te creé por amor en las entrañas de tu madre.
Te protegeré en el año nuevo y todos los días de tu vida.
No temas, porque no me alejaré de ti, mis pasos no se separarán de los tuyos.
Te protegeré, hasta cuando tú no me sientas cercano.
Te protegeré, también cuando te alejes de mí.
Te protegeré cuando hagas daño a tus hermanos, mis hijos, y me hagas sufrir.
Te protegeré incluso cuando te sientas probado y machacado.
Te protegeré hasta cuando veas sufrir con impotencia a las personas que quieres.
Siempre estaré contigo. Te lo prometo.
No seas orgulloso. Acércate a mí. Déjate proteger.
Y haz con tus hermanos lo mismo que yo hago y haré contigo.

Y dijo María, Magnificat

Y dijo María:
Ahora me doy cuenta: ¡qué grande es Dios!
y siento tal alegría interna
que tengo ganas de gritar, de dar saltos,
de llamar a todas las ventanas,
de llenar con mi voz todos los rincones de la tierra
Dios es inmenso y sanará mi humanidad en espera,
mi corazón en soledad e insatisfecho.

Toda belleza. Inmaculada

Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo
y el amparo maternal de nuestra ciudad,
nos acogemos con confianza y amor.

jueves, 5 de mayo de 2016

Bodas de Caná

Tú nos llamas en medio de la vida,
nos llamas en cada circunstancia
en la tristeza de un duelo
y en la alegría de una boda..

Vivimos superficialmente y deprisa,
sometidos por el egoísmo,
ese ladrón que nos roba la alegría
y nos deja sin ánimo para seguir adelante.