viernes, 22 de julio de 2022
Por costumbre o por una razón
lunes, 26 de abril de 2021
Cada decisión cuenta
¡Cuántas veces, Señor, actúo con frivolidad!
Como si las decisiones de cada día no fueran importantes.
Sin embargo, cada pequeña acción deja su huella:
en el corazón, en los hermanos, en la sociedad…
Mis palabras pueden alentar la esperanza o el pesimismo.
Mi comportamiento puede abrir heridas o ayudar a curarlas.
Mi mirada puede construir puentes o murallas.
Con mi dinero puedo contribuir a la fraternidad o a la injusticia.
Cada día puedo cavar infiernos o pintar arcoíris.
Con mi oración, puedo encerrarme en mí o abrirme a Dios
y, con Dios, amar y servir a los más pequeños y pobres.
Y así, palabra a palabra, gesto a gesto, moneda a moneda,
voy construyendo mi personalidad, más oscura o más luminosa;
voy aportando calor o frialdad a mi familia, a mi mundo…
voy apostando por los Lázaros o por la injusticia de los Epulones.
Señor, ¡qué encamine bien mis pasos!
¡Que no sea demasiado tarde para reaccionar!
¡Qué ame, rece y viva como Tú y contigo!
sábado, 28 de noviembre de 2020
Silencio, palabra y acción
Señor Jesús,
domingo, 1 de noviembre de 2020
Invitados al banquete de Dios
Señor, Tú te acercas cada día y nos llamas,
Nos invitas a disfrutar en el mejor banquete.
Compartes con nosotros el vino de la alegría.
Quieres alimentarnos con el pan de tu amor.
Y nosotros sacamos excusas y no acudimos.
Tenemos muchas cosas importantes que hacer.
Creemos que tu banquete es aburrido.
Despreciamos lo que más necesitamos.
Señor, danos un corazón inteligente y sabio,
que sepa reconocer donde está la verdadera alegría.
Danos un corazón sencillo y acogedor,
que sepa recibir el amor que nos ofreces gratis.
Señor, danos un corazón generoso y universal,
para salir a las calles, plazas, cruces y caminos
e invitar a todos al banquete que has preparado,
al banquete de bodas, que algún día será eterno.
Escuchar, discernir
Tú que rezaste al Padre en la noche,
antes de elegir a los apóstoles,
¡guíame en mis decisiones!
enséñame a hacer silencio y a escuchar,
lejos de los ruidos que están fuera y dentro de mí.
Háblame, Señor, con tu infinita dulzura,
incluso si no puedo escuchar tus palabras.
No te rindas y sigue hablándome,
hasta que se abran mis oídos y mi corazón.
Enséñame a escucharte,
en cada estremecimiento del corazón,
en un pensamiento repentino.
en la voz de un amigo, un hermano, un extraño...
Te doy gracias, Jesús,
porque en cada acontecimiento y en cada persona
me indicas la dirección de la felicidad más grande.
el camino en el que podré amar más y mejor. Amén.
sábado, 9 de mayo de 2020
Ciegos
la fragilidad y la grandeza de la vida humana,
la necesidad de parar el tren de la prisa y los quehaceres
y de dedicar tiempo a escucharse y a pensar;
a comunicar deseos, miedos, esperanzas, historias…
Señor, a veces estamos tan ciegos para ver…
que la felicidad no es un derecho, sino un reto;
que no hay situación de la que no podamos aprender;
que las personas valen infinitamente más que las cosas
y que compartir produce más gozo que consumir.
Señor, a veces estamos tan ciegos para ver…
que todos podemos necesitar ayuda
y todos podemos mejorar la vida de los demás;
que sólo cuando trabajamos por el bien común
podemos vivir con alegría y esperanza.
Señor, a veces estamos tan ciegos para ver…
la importancia de los trabajos poco valorados:
el de un barrendero, un reponedor, una policía,
un panadero, una investigadora, una enfermera,
una cuidadora, una repartidora, un camionero,
una maestra, un mecánico, un agricultor…
Señor, a veces estamos tan ciegos para ver…
que Tú no te dedicas a castigar, sino a salvar;
que nos acompañas y nos cuidas siempre,
también cuando sufrimos y tenemos miedo;
que la oración tiene el poder de hermanarnos
y de experimentar tu fuerza en nuestra fragilidad.
Señor, a veces estamos tan ciegos…
Cúranos, devuélvenos la vista.
Discernir deseos
deseos pasajeros y deseos que permanecen,
deseos grandes y deseos sin importancia,
deseos teóricos y deseos que mueven mi vida,
deseos egoístas y deseos que construyen fraternidad.
Ayúdame, Espíritu de Dios, a descubrir
y a desenmascarar mis deseos más mezquinos.
También yo tengo deseos de poder y reconocimiento,
siento deseos de poseer cosas y personas,
pretendo controlarlo todo, controlar a todos...
Ayúdame, Espíritu de Dios, a descubrir
y cultivar mis deseos más bellos:
el deseo de encontrarte, como Simeón;
el deseo de servirte, como Ana;
el deseo de agradecerte lo que haces por mí, como Magdalena;
el deseo de contagiar tu amor, como Pablo;
el deseo de compartir con los más pequeños, como Teresa de Calcuta;
el deseo de construir un mundo más justo y en paz, como Óscar Romero;
el deseo de transmitir alegría, como Juan Bosco;
el deseo de armonía con toda la creación, como Francisco;
el deseo de renovar la Iglesia, como Clara de Asís;
el deseo de buscar la verdad más honda, como Edith Stein;
el deseo de conocer el corazón humano y el corazón de Dios; como Ignacio;
el deseo de cumplir tu voluntad, como María y José;
el deseo de darlo todo y de darme del todo, como Tú, Jesús;
esos deseos que me mantienen vivo, despierto, abierto, libre, ilusionado, feliz..
que el Padre ha puesto en mi corazón
y en el de todas las personas de buena voluntad,
deseos que, cuando los pongo en práctica,
me hacen sentir más hijo del Padre
y más hermano de todas las personas.
Decidir bien
buscando respuestas.
Tengo que tomar una decisión importante
y deseo, con todo mi corazón,
hacer tu voluntad, Jesús, y no la mía.
Tú que rezaste al Padre en la noche,
antes de elegir a los apóstoles, ¡guíame!
enséñame a hacer silencio y a escuchar.
Lejos de los ruidos que están fuera y dentro de mí,
en este espacio de silencio, háblame.
Háblame, Señor, con tu infinita dulzura,
incluso si no puedo escuchar tus palabras.
No te rindas y sigue hablándome,
hasta que se abran mis oídos y mi corazón.
Enséñame a escucharte,
en cada estremecimiento del corazón,
en un pensamiento repentino.
a través de la voz de un amigo, un hermano, un extraño..
Aunque ellos no lo sepan,
se convierten en luz, faro, ayuda y guía.
Te doy gracias, Jesús,
porque cada acontecimiento y cada persona
son un instrumento que me permite conocer tu voluntad,
que me indica el camino de la felicidad más grande.
y me hace consciente de cuán grande es tu amor por mí.