lunes, 2 de febrero de 2026

¿En qué obra empleo mis fuerzas?

Señor, me gustaría ver como Tú ves,
valorar a las personas y a las cosas como Tú,
ofrecer mi fuerza, mi amor y mi vida a tu Reino,
a hacer realidad tu sueño para este mundo...
Pero a menudo me dejo llevar por la mundanidad:
me importa más la apariencia que lo importante,
busco mi fama y mis intereses más que tu Reino,
me afano más por las cosas que por las personas...
Señor, convierte mi mirada, mi corazón y mi vida entera,
para no perder energía en sostener ruinas,
y dedicarme a amarte y servirte en todo,
para gloria tuya y bien de la humanidad sufriente.

Amén. 

No es Dios de muertos, sino de vivos

Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto y te di la libertad. Que te entregué a mi hijo. Que lo resucité para mostrar el verdadero poder del amor. Que te llamé a seguirme, con tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia.
No te dejes atrapar por los ídolos. No confundas el amor con sucedáneos. No adores la riqueza, la belleza, o falsas imágenes de Dios. Yo soy el Dios que te ama, el padre del hijo pródigo, el Dios compasivo que creo en la posibilidad de cada ser humano de abrirse a mi Espíritu y vivir la compasión, la plenitud, la vida.
Mi ley es el amor. Cúmplela. La vida no puede ser solo trabajo. Descansa. Y en el descanso, inclúyeme a mí. Deja que te acompañe, que te guíe y que te ilumine. Te he creado a mi imagen, y yo soy un Dios que crea, pero también que disfruta de lo creado. Honra a tu padre y a tu madre. Que eso es amar.
Como amar es respetar la vida, toda vida. Y ser fiel. Sirve a la verdad, no te apropies de lo que no es tuyo ni dejes que la envidia o la avaricia te envenenen. Yo quiero que tu vida sea plena.

"Rezandovoy", adaptación libre de Ex 20, 1-17.

Superficialidad

Señor, me conmueve tu mirada, capaz de atravesar la superficialidad y descubrir la generosidad escondida de la viuda, mientras desenmascara la vanidad de quienes exhiben sus donativos.

Enséñame a mirar como Tú: con serenidad que da paz, con hondura que revela la verdad, con amor que abraza y compromete.

Haz que mi mirada brote del corazón y se traduzca en gestos de servicio, para edificar tu Reino de justicia y vida, donde todos experimentemos el abrazo del Padre y vivamos como auténticos hermanos y hermanas. Amén. 

Llegan los "salvadores"

Señor, a veces, tu acción me parece demasiado escondida, demasiado lenta, poco eficaz, demasiado comprometida... Parece que no sabes ejercer tu oficio de Salvador.
Y me dejo llevar por "salvadores" que parecen mas vistosos, más rápidos, más resolutivos, menos exigentes: el periodista que dice lo que quiero oír, el político que pretende solucionar problemas complejos con soluciones simples, el clérigo que lo ve todo claro, incluso los pliegues de tu Misterio.
Incluso yo siento la tentación de presentarme como salvador de mi casa, mi parroquia, mi pueblo... Busco crear escuela de discípulos que me sigan a mí, no a Ti.

Señor, sólo Tú eres el Mesías, el Mesías que salva amando, sirviendo y dando la vida por amor. Que siempre siga tu camino, con humildad y decisión, como Tú y Contigo. Amén. 

Cuando todo va mal

Señor, ayúdanos a aprovechar los malos momentos. Que las dificultades no sean motivo de desesperanza, sino ocasión para crecer en fortaleza interior. Que cada prueba se convierta en una escuela de humildad y confianza, donde aprendamos a descubrir tu presencia incluso en la oscuridad.
Para mirar con mayor profundidad. Que no nos quedemos en lo superficial ni en lo inmediato, sino que sepamos leer los signos ocultos de la vida. Enséñanos a contemplar lo esencial, a descubrir la belleza que se esconde en lo pequeño y a reconocer tu voz en medio del silencio.
Para valorar lo mucho que tenemos. Que no vivamos atrapados en lo que nos falta, sino agradecidos por lo que ya nos has dado: la familia, los amigos, la salud, la fe, la creación que nos rodea. Haz que cada día sea un canto de gratitud y que aprendamos a compartir con generosidad.
Para fiarnos más de Ti. Que los momentos de incertidumbre nos conduzcan a descansar en tu amor. Que nuestra confianza no dependa de las circunstancias, sino de tu fidelidad. Enséñanos a soltar el control y a creer que tus planes siempre son mejores que los nuestros.
Para cultivar nuestra esperanza. Que nunca dejemos que el miedo o la tristeza apaguen la luz de la esperanza. Haz que, incluso en medio de la tormenta, podamos mirar hacia adelante con la certeza de que tu amor nos sostiene y tu promesa nos guía.
Para amar más y mejor a todas las personas. Que nuestro amor no sea limitado ni condicionado, sino abierto y generoso. Enséñanos a perdonar, a comprender, a servir con alegría. Que cada gesto nuestro sea reflejo de tu amor infinito.

Y especialmente a quienes son descartados. Que nunca olvidemos a los pobres, a los marginados, a los que sufren en silencio. Haz que nuestro corazón se incline hacia ellos, que nuestras manos se extiendan para levantarles y que nuestra vida sea testimonio de tu misericordia. 

Sin aliento

Padre amado, en medio de angustias y temores,
cuando la ansiedad y la injusticia parecen imponerse,
haz que tu palabra resuene en nuestro corazón:
“Alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”;
porque el desaliento no tendrá la última palabra,
porque las injusticias serán derrotadas,
porque tu Amor vencerá.
Enséñanos a levantar la mirada,
a descubrir tu presencia en lo cotidiano,
a trabajar con Jesús y como Él
en la construcción de tu Reino de paz y justicia. 

¿No te importa que nos hundamos?

Señor Jesús,
cuando las olas de la vida golpean con fuerza
y sentimos que todo se tambalea,
brotan en nosotros palabras antiguas y siempre nuevas:
“Señor, ¿no ves que nos hundimos?”
A veces el miedo nos supera,
la incertidumbre nos paraliza,
y olvidamos que Tú estás dentro,
aunque parezcas dormido,
aunque el viento ruja y empuje.
Por eso hoy te decimos:
despierta nuestra confianza,
calma nuestros temores,
sostén nuestra frágil fe.
Y cuando nos preguntes: “¿Aún no tenéis fe?”,
concédenos responderte con la vida,
creyendo incluso cuando no te vemos,
esperando incluso cuando no entendemos,
amando incluso cuando parece inútil.
Quédate en nuestra barca, Señor,
y enséñanos a navegar contigo
en medio de cualquier tormenta.

Amén.