jueves, 5 de febrero de 2026

Apártate, Señor, que soy un pecador

Señor,
tu luz evidencia mis sombras;
tu santidad, mis pecados;
tu amor, mi egoísmo;
tu verdad, mis mentiras;
tu compasión, mi dureza de corazón;
tu vida, mis zonas muertas.
Y también yo, como Pedro, te digo:
Apártate, Señor, que soy un pecador.
Mi soberbia no soporta tu santidad
y, como no te vas Tú, me alejo yo.
Pero Tú me quieres como soy;
abrazas mi existencia entera
y me lanzas mar adentro,
para que siga creciendo
para que ame más y mejor.

GRACIAS. 

Una comunidad buena noticia

Haznos, Señor, una comunidad buena noticia:
abierta, confiada, fraterna, invadida por el gozo de tu Espíritu;
una comunidad entusiasta, que sepa cantar a la vida,
acoger el misterio, vibrar ante su tarea
y anunciar con alegría tu Reino.
Que llevemos la sonrisa en el rostro, el júbilo en las entrañas,
la fiesta en el corazón y la felicidad a flor de piel desbordándose por todos los poros.
Que no nos acobarden las dificultades -tensiones, diferencias y conflictos-
que puedan surgir entre nosotros.
Que en nuestra pobreza y debilidad sepamos abrimos, damos y compartir
con la ilusión de quien se enriquece y se siente dichoso con lo que hace.
Da, Señor, a esta comunidad tuya una gran dosis de buen humor,
para que no deje de cantar y buscar la paz en estos tiempos de inclemencia y violencia;
para que sepa desdramatizar tantas situaciones difíciles, ambiguas y equívocas;
para que siembre el consuelo y la esperanza entre los que sufren y lloran.
Haznos expertos
en deshacer nudos y romper cadenas, en curar heridas y dar ternura,
en abrir surcos y arrojar semillas, en mostrar la verdad y defender la justicia,
y en mantener viva la esperanza.
Concédenos ser,
para todos los que nos ven y sienten, testigos de tu buena noticia,
y del gozo, la fiesta y la risa que vienen gratis con ella.

Florentino Ulibarri 

Si tuvierais fe

Si nuestra fe fuera más profunda y más viva,
seríamos capaces de mirar al otro sin temor,
de acoger al diferente como un regalo, no como una amenaza.
Veríamos en cada rostro humano una chispa de tu presencia, Señor,
y aprenderíamos a valorar las oportunidades más que los riesgos,
la esperanza más que el miedo, el encuentro más que la distancia.
Si nuestra fe fuera más profunda y más viva,
compartiríamos con generosidad no solo lo que tenemos, sino también lo que somos:
nuestras riquezas materiales y, sobre todo, nuestros valores espirituales.
Nos dejaríamos enseñar por la sabiduría de los pobres y los pequeños,
y descubriríamos que en la sencillez habita tu verdad.
Si nuestra fe fuera más profunda y más viva,
Tú, Señor, serías nuestro mayor tesoro,
la fuente de nuestra alegría, la razón de nuestra entrega.
Y al sentir tu amor de Padre que nos une y nos sostiene, construiríamos juntos un mundo nuevo,
un hogar de hermanas y hermanos. Amén. 

Padre Nuestro

¡Padre nuestro! Estoy tan acostumbrado a decirte “Padre”, que casi lo hago sin darme cuenta.

Sin embargo... cuando lo pienso más en serio, tiemblo un poco.
Porque si eres mi Padre, yo soy tu hijo... Y el hijo tiene la carne y la sangre del padre.
Hoy te pido, Padre mío (y Padre de tantos otros hijos, de tantos hermanos míos),
que jamás deje de llamarte así, que jamás deje de ser el que engendraste para que te ame y para ser amado por Ti.

¡Padre nuestro! ¡Padre de Cristo! Que nunca deje de recordar la misericordia que nos mostraste en Jesús.

No permitas que abandone nunca tu casa.
Si estoy lejos de ella (por tantas locuras, por tantas maldades, por tantas tonterías),
dame fuerzas para volver ahora mismo:
¡Tú me amas y eres más grande que todos mis pecados juntos!
Y si me das la gracia de vivir siempre en tu casa, disfrutando de todo lo tuyo,
dame generosidad para compartir todo lo mío;
dame humildad para comprender a mis hermanos y recibirlos en nuestra casa siempre, como Tú los recibes. ¡Así sea!
(Héctor Muñoz)

Padre Nuestro... 

¿Entendimiento o enfrentamiento?

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuente de amor, unidad y comunión perfecta, acudimos a Ti con humildad, para pedirte que nos enseñes a vivir en paz, a alejarnos de los enfrentamientos inútiles que desgastan nuestras relaciones y dividen nuestros corazones. Ayúdanos a reconocer que estamos llamados a ser reflejo de tu amor, a construir puentes en lugar de muros, y a buscar siempre el entendimiento por encima del juicio, la reconciliación por encima del orgullo.
Concédenos la gracia de valorar más lo que nos une que lo que nos separa, de ver en cada hermano y hermana una oportunidad para crecer en fraternidad, y de cultivar la paciencia, la escucha y el respeto mutuo. Que tu Espíritu Santo nos inspire a ser sembradores de paz, testigos de tu misericordia, y artesanos de unidad en medio de la diversidad. Que el ejemplo de Cristo, que dio su vida por todos, nos impulse a renunciar al sectarismo y a abrazar el diálogo sincero, la compasión y el perdón.

Te lo pedimos confiando en tu poder transformador, sabiendo que contigo todo es posible, y que en tu presencia florece la verdadera comunión. Amén. 

Andaba encorvada

Ando encorvada, Señor,
por las críticas injustas,
por obligaciones exageradas,
por la soledad impuesta,
por el sufrimiento de los míos
y de tanta gente inocente.
Ando encorvada, Señor,
por no valorar mis talentos,
por encerrarme en mí misma,
por no dejarme ayudar ni salvar,
por mis decisiones equivocadas,
por empecinarme en el error.
Señor, gracias por mirarme,
por llamarme y decirme:
"Mujer, quedas libre de tu enfermedad". 

lunes, 2 de febrero de 2026

¿En qué obra empleo mis fuerzas?

Señor, me gustaría ver como Tú ves,
valorar a las personas y a las cosas como Tú,
ofrecer mi fuerza, mi amor y mi vida a tu Reino,
a hacer realidad tu sueño para este mundo...
Pero a menudo me dejo llevar por la mundanidad:
me importa más la apariencia que lo importante,
busco mi fama y mis intereses más que tu Reino,
me afano más por las cosas que por las personas...
Señor, convierte mi mirada, mi corazón y mi vida entera,
para no perder energía en sostener ruinas,
y dedicarme a amarte y servirte en todo,
para gloria tuya y bien de la humanidad sufriente.

Amén.