Señor, también yo he hecho cosas que me avergüenzan.
Por mucho que quiero justificarme, no lo consigo del todo.
jueves, 20 de julio de 2023
Cosas que me avergüenzan.
Como el hijo mayor
En muchos momentos, Padre, soy como el hijo mayor de la parábola: cumplidor, sí, pero también orgulloso y envidioso. Me creo mejor que los demás y mejor que Tú. No soy capaz de darme cuenta de que Tú eres generoso conmigo: todo lo tuyo es mío.
Soy hijo, pero me siento esclavo. Vivo el trabajo y la oración como una penitencia, no como un regalo. Pierdo la capacidad de alegrarme con el éxito de mis hermanos y hermanas.
Padre, gracias, porque me buscas siempre, porque me ayudas a sentirme hijo tuyo y hermano de cuantos me rodean. Que se ablande mi corazón y pueda participar de tu alegría. Amen.
martes, 18 de julio de 2023
Poner nombre a nuestros pecados
Concédenos estar disponibles a las personas que vienen a nosotros en busca de escucha, diálogo, perdón, amistad… Que sepa acogerlas como Tú y Contigo. Amén.
miércoles, 26 de abril de 2023
Soluciones rápidas
Buscamos soluciones rápidas para nuestros problemas.
Queremos una pastilla que cure nuestras enfermedades.
Nos acercamos a Dios para que nos dé pan y alegría.
Cultivamos la amistad con personas que pueden ayudarnos.
Señor, ayúdanos a entrar por el camino de la conversión,
enséñanos a aceptar con paz nuestra fragilidad,
que te busquemos más a Ti que a las cosas que nos das,
y no descuidemos la cercanía con quienes más sufren. Amén.
miércoles, 5 de abril de 2023
Huimos del compromiso y la cruz
viernes, 24 de marzo de 2023
Exijo demasiado
lunes, 25 de julio de 2022
Zebedeos
Como la madre de los Zebedeos, tampoco nosotros te conocemos. A veces nos dirigimos a Ti como si fueras un emperador o el genio de los tres deseos. Nos olvidamos de que Tú no tuviste donde reposar la cabeza y moriste sin nada en una cruz. Pedimos honores en vez de pedir capacidad para amar y servir, como Tú y Contigo. Decimos ser tus discípulos, pero no queremos vivir a tu estilo y cargar con tu cruz.
Como la madre de los Zebedeos, también a veces creemos que Dios tiene hijos de primera y de segunda: los que están a su lado, por sus propios méritos, y los que están en las periferias del cielo, por misericordia. Cura nuestra mundanidad, Señor, y ayúdanos a crecer en fraternidad, en una fraternidad de mujeres y hombres, todos distintos y todos iguales en dignidad.
Tienes razón. No sabemos lo que pedimos, porque andamos desorientados: te conocemos escasamente, ansiamos lo que no nos conviene y no sabemos cuál es el Camino de la Vida, de la vida feliz en esta tierra y de la eterna bienaventuranza en el cielo.
¡Conviértenos, Señor, como a Santiago y a Juan! ¡Y que nosotros nos dejemos convertir, como ellos!
viernes, 22 de julio de 2022
Convertirse
¡Cuánto nos cuesta convertirnos, Jesús!
No nos dejamos transformar
por la belleza de la creación,
por la ternura de un bebé,
por la bondad de tantas personas,
por la sabiduría de tu palabra,
por la grandeza de tu amor,
por el regalo de tu perdón,
por la paz que me da tu cercanía,
por el dolor de quienes sufren,
por la fidelidad de los amigos,
por la alegría de la fe compartida,
por el gozo de la solidaridad,
por esas conversaciones que tocan el corazón
por tantas experiencias inolvidables,
por tantos milagros cotidianos.
Que no nos pierda el miedo a cambiar,
ni las voces que nos aseguran que no podemos,
ni el temor a entrar en nuestro interior,
ni la fascinación de las riquezas y el poder,
ni el deseo de una vida fácil y cómoda,
ni tantas cosas pequeñas que nos alejan de una vida grande.
¡Danos un corazón abierto, que pueda convertirse!
lunes, 26 de abril de 2021
Dios actúa
y cuidas de los pequeños brotes con ternura,
que siempre permaneces en vela,
para acogernos, regarnos y abrirnos,
mira los espacios muertos de mi corazón
que todavía rehúsan darte refugio y entrada.
Empieza a levantar las capas de resistencia,
con las que me cubro y aíslo, cuando te acercas.
Abre una a una esas zonas de mi vida
donde rechazo tu mirada;
esos ámbitos de mi ser
cerrados a toda novedad y encuentro;
esos parajes de mis entrañas
estériles a todo crecimiento;
esos rincones de mi persona
temerosos de la luz y los gritos;
esos aspectos de mi espíritu
donde mi seguridad pelea con tu verdad.
No hagas caso de mis quejas.
Trabájame a tu estilo,
con tu tierno pero firme amor,
para que pueda construir tu Reino de Fraternidad,
con el ejemplo de tu Hijo y la fuerza del Espíritu.
Amén.
Amigo de publicanos y pecadores
Señor, Tú fuiste criticado por ser amigo de hombres y mujeres de mala fama.
En tu corazón cabemos todos: ricos y pobres, justos e injustos,
marginados: enfermos, niños, mujeres, pobres, publicanos y pecadores…
Señor, que también tus discípulos tengamos un corazón abierto, como Tú.
Que nunca nos tengas que reprochar que no te servimos en los que sufren:
“Tuve hambre y sed y no me distéis de comer y beber;
Me quedé sin casa y sin nada y no me hospedasteis;
estuve en el hospital o en la cárcel y no me visitasteis;
perdí la esperanza y no compartiste conmigo tu fe;
me equivoque y te alejaste enojado, en vez de corregirme;
caí en desgracia y te dio vergüenza que te vieran junto a mí…”
Gracias por ser mi amigo siempre, también cuando te niego o hago daño a alguien.
Gracias por ensanchar mi corazón estrecho, para que ame como Tú y contigo.
domingo, 25 de abril de 2021
Cambiar de planes
Señor, ¡Cuántas veces me quejo de mi vida rutinaria!
Y Tú me sugieres cada día nuevos caminos:
con la sonrisa de un niño o la mirada de un anciano,
cuando se me encoge el corazón ante una injusticia,
ante un imprevisto, agradable o desagradable,
a través de un sueño, una intuición o un enamoramiento,
en el silencio de la oración y en la escucha de tu Palabra,
en una palabra de ánimo o en una experiencia de fracaso,
en esos deseos que superan la criba del tiempo…
Me quejo de mi vida rutinaria y con pocos alicientes,
pero también me quejo cuando me sacas de la rutina.
Dame un corazón sabio y prudente, como a San José.
que no se paralice cuando irrumpe el dolor y la duda,
que se dé tiempo para ver claro e intuir tus caminos,
que se entregue decididamente a la misión que me confías.
Amén.
sábado, 28 de noviembre de 2020
Acercarse a Dios
domingo, 1 de noviembre de 2020
Ciegos guiando a ciegos
Señor Jesús,
que no olvide nunca que soy discípulo,
llamado a aprender cada día de Ti,
a contemplarte y a seguirte más de cerca,
a reconocer y a corregir mis errores,
a purificar mis malos pensamientos y deseos,
a quitar las vigas que no me dejan ver,
a crecer en alegría, en confianza y amor.
Ayúdame a ser buen discípulo,
para que pueda servir más y mejor,
a los "ciegos" y a quienes necesiten ayuda.
Mateo se levantó y te siguió
Señor,
Mateo estaba cansado de miradas de juicio y desprecio.
Ya no miraba a nadie a los ojos. ¿Para qué?
Ni siquiera se atrevía a mirarse a sí mismo.
Pero tuvo el valor de levantar los ojos cuando Tú le miraste.
Descubrió en tu mirada la misericordia que precisaba para sentirse amado.
Encontró en tu voz la fuerza necesaria para levantarse de la mesa de los impuestos.
Sígueme, le dijiste.
E inmediatamente se levantó y te siguió.
Señor, sé que ahora mismo Tú me estás mirando.
Qué tenga valor para levantar mis ojos hacia Ti,
para que también yo me sienta amado, perdonado, llamado…
para que también yo sepa mirar a cada persona con misericordia,
para que sepa transmitir tu amor a los que más sufren.
Como Tú, Jesús. Siempre como Tú y contigo.
Amén.
sábado, 9 de mayo de 2020
Coronavirus. Aprederemos algo
Nos creíamos fuertes, capaces de todo, y ahora descubrimos que hemos perdido la capacidad de nuestros mayores para hacer frente a las adversidades; ahora sabemos que somos frágiles y, al mismo tiempo, importantes y necesarios. Creíamos que podríamos ser felices sin depender de nadie y ahora nos damos cuenta de que estamos en la misma barca, todos llamados a remar juntos y a confortarnos mutuamente.
Creíamos que el dinero, la prisa, la fama, la apariencia, los discursos, los títulos, los entretenimientos y los caprichos podrían calmar o anestesiar nuestro deseo de felicidad plena… y ahora nos damos cuenta de que sólo vive de verdad el que ama, el que da espacio al silencio, el que cuida sus sentimientos y deseos, el que sirve y se pone en riesgo por el bien del prójimo.
Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material. No nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta, gravemente enfermo. Hemos continuado la vida, imperturbables, como si todo fuese normal, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. En definitiva, no nos hemos detenido ante tus llamadas.
Con la tempestad hemos comprobado que la oración no es un gran paraguas que nos protege de las desgracias, que nuestras plegarias no son fórmulas mágicas para ahuyentar la peste. En esta situación, aprendemos que la oración nos permite sentir que nos acompañas siempre, que Tú disipas nuestros miedos, que Tú nos sostienes y guías, como las estrellas a los antiguos marineros, y nos ayudas a separar lo que es necesario de lo que no lo es. La oración nos permite experimentar que Tú conviertes en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso la muerte de nuestros seres queridos; que Tú das la serenidad, a los que somos sacudidos por las tormentas, y la vida eterna, a quienes han llegado a la otra orilla.
Entra, Señor, en nuestra pequeña barca, zarandeada. Sólo Tú puedes darnos paz en la tormenta. Amén.
Plegaria inspirada en la homilía de Papa Francisco, 27 de marzo
domingo, 27 de octubre de 2019
Mi alfarero
Un día, me aleje de ellas y conocí la muerte
Alfarero, tengo nostalgia de tus manos.
Ven a reparar tu cacharro.
Gira que gira, rueda que rueda.
Siento tus manos sobre mi barro.
Me asombra pensar que que tú lo quieras
Tu cacharro acaba de caerse,
Acaba de quebrarse, acaba de encontrarte.
Tú mi alfarero... tú mi alfarero....
Toma barro y vuelve a empezar de nuevo...
Tú mi alfarero....tú mi alfarero..
Toma mi barro y vuelve a empezar de nuevo.
Gira que gira, rueda que rueda,
siento tus manos sobre mi barro.
Me asombra pensar que tu lo quieras.
Acaso no puedes hacerme de nuevo.
Acaso no puedes formarme...
Tu cacharro acaba de caerse,
Acaba de quebrarse, acaba de encontrarte.
Tú mi alfarero, tú mi alfarero
Toma mi barro y vuelve a empezar de nuevo
Tu mi alfarero, tú mi alfarero
Toma mi barro y vuelve a empezar de nuevo.
De nuevo, de nuevo, tú mi alfarero.
De nuevo de nuevo, tú mi alfarero.
Hermana Glenda
http://www.youtube.com/watch?v=1gikANty1bo
jueves, 24 de octubre de 2019
Quiero rezar y no puedo
¿Qué ocurre, Señor? ¿Qué es ese algo que me paraliza y me aleja de Ti? ¿Son mis deseos de grandeza, de poder o de placer, que temen ser descubiertos al acercarme a tu luz? ¿Es mi desconfianza hacia Ti y el deseo de organizarme la vida al margen de tu plan de salvación? ¿Es mi “hombre viejo” que se resiste a transformarse en un “hombre nuevo”?
Señor, ahora me doy cuenta de que la oración es un encuentro gozoso, pero también es una lucha, una lucha entre tu Espíritu y mi pecado, entre tu voluntad amorosa y mi quimera de ser autosuficiente, entre mis mejores deseos y mis aspiraciones más mundanas.
Señor, dame una mirada sabia, que me ayude a situarme en esta lucha. No es una lucha entre Tú y yo. No. Tú luchas conmigo y en mi favor, porque Tú voluntad es que yo sea libre y feliz. En cambio, yo, en muchas ocasiones, lucho para hacer realidad mis deseos de grandeza, de poder o de placer, lucho por organizarme la vida al margen de Ti, lucho para seguir siendo un “hombre viejo”, egoísta y triste. ¡Qué tonto soy, Señor; qué necio! Lucho en contra de mí y de Ti.
Señor, cura mi ceguera y perdóname. Señor, dame tu luz y tu fuerza, para luchar contra el pecado que está dentro y fuera de mi corazón; para luchar contigo, en mi favor, en favor de tus hijos más necesitados; para afrontar esta lucha, con decisión y esperanza, en la oración y en la vida. Amén.
jueves, 30 de mayo de 2019
Nacer de nuevo
Y Tú me pides algo desconcertante: "nacer de nuevo". ¿Nacer de nuevo a mi edad, Señor? ¡A duras penas consigo corregir mis defectos, como para "nacer de nuevo"! Pídeme, Señor, que comparta algo con los pobres. Pídeme, Señor, que asuma algún compromiso. Estoy dispuesto a hacer cosas por ti y por los demás.
Pero no me pidas "nacer de nuevo". No sé qué es "nacer de nuevo", No sé cómo podría "nacer de nuevo". Me resisto a "nacer de nuevo", aunque intuyo que ese es el verdadero camino. Rompe las rutinas, las seguridades, los apegos que no me dejan "nacer de nuevo". Ayúdame a entender que yo solo no puedo "nacer de nuevo". Nadie puede darse a luz a uno mismo. Sólo Tú, sólo tu Espíritu, sólo tu Amor pueden hacer posible que yo "nazca de nuevo". Ayúdame, Señor, a abrirte mi corazón de par en par. Ayúdame a dejarme conducir por tu Espíritu. Ayúdame a dejarme transformar por tu Amor.
sábado, 17 de febrero de 2018
¡Regresa!
a regresar a la casa del Padre.
Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
a los brazos anhelantes y expectantes del Padre,
rico en misericordia,
que me está esperando,
con la mano tendida para acogerme
y los brazos dispuestos a abrazarme.
Toca mi corazón,
ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza
y a volver sin miedo,
para participar de la fiesta de los perdonados,
para gozar de la vida vida,
que nuestro corazón tanto desea.
Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
para experimentar la ternura sanadora de Dios,
que cura las heridas del pecado,
renueva nuestro espíritu
y transforma nuestro corazón de piedra
en un corazón de carne.
Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre, a tu casa,
a mi verdadera casa.
(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)
¡Para!
¿Para qué esta agitación y este correr sin sentido?
Tú sabes que acabo disperso, dividido, aislado...
lejos de mis amigos y mi familia,
lejos de ti.
Ayúdame a pararme
delante de la necesidad de estar en el candelero,
que me hace olvidar el valor de la intimidad y el recogimiento.
Ayúdame a pararme
para no dejarme llevar por la mirada altanera
y no me venzan los juicios rápidos y las críticas injustas,
que me alejan de la ternura y la misericordia.
Ayúdame a pararme
ante el deseo de querer controlar todo,
saberlo todo, consumir todo;
que nace del olvido de la gratitud frente al don de la vida
y a tanto bien recibido.
Ayúdame a pararme
ante el ruido ensordecedor que atrofia y aturde nuestros oídos
y nos hace olvidar del poder fecundo y creador del silencio.
Ayúdame a pararme
ante la actitud de fomentar sentimientos estériles, infecundos, que brotan del encierro y la auto-compasión y llevan al olvido de ir al encuentro de los otros para compartir las cargas y sufrimientos.
(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)