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jueves, 20 de julio de 2023

Me duele el desprecio

Señor, también a mí me duele el desprecio de quienes creía buenos amigos. Me duele, me enfada, me desanima.
 
Pero si me paro a pensarlo, me doy cuenta de que a veces también yo fallo a las personas más queridas: las dejo solas cuando más me necesitan, las critico a sus espaldas...
 
Señor, perdónanos y ayúdanos a amar más y mejor. Cómo Tú y Contigo.

sábado, 23 de julio de 2022

Amad a vuestros enemigos

Señor Jesús, me impresiona tu misericordia desde la cruz: “Perdónales, porque no saben lo que hacen”.
Me conmueven las personas que no se dejan invadir por el rencor y tratan de ayudar a quienes han hecho daño a sus seres queridos.
Me anima el testimonio de los que no pueden perdonar y piden a Dios fuerza para poder hacerlo en el futuro.
Me sobrecoge caer en la cuenta de que también yo he sido amado y perdonado por Ti y por otras personas, cuando menos lo merecía.
 
Gracias por tu palabra, Jesús: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”;
porque, aunque a veces me resulte imposible cumplir esta palabra, has puesto en mi corazón el deseo de vivirla, como el único camino que puede superar la tristeza y el dolor, que provocan el rencor y la violencia. Amén.

lunes, 26 de abril de 2021

Dar con abundancia

Dame, Señor, un corazón samaritano como el tuyo
para no pasar de largo ante las necesidades de los hermanos,
para saber llorar con quien sufre,
para calmar las dolencias que me encuentre a mi paso.

Cambia, Señor, mi corazón de piedra en uno de carne
que sepa empatizar con el dolor del mundo,
con la pobreza de los pueblos, con el llanto de los descartados.

Enséñame a devolver bien por mal,
a rechazar convertirme en juez y verdugo,
a perdonar, si es preciso, setenta veces siete,
a excusar en vez de juzgar,
a salvar en lugar de condenar.

Enséñame, Señor, a dar con abundancia,
con las manos siempre extendidas y abiertas,
con medida generosa, colmada, rebosante…
porque dando es como se recibe.

Fermín Negre

domingo, 25 de abril de 2021

Pecado y perdón

Señor Jesús, parece que seguimos igual que hace 2.000 años. No nos conmueve que Tú perdones nuestros pecados. Nos impresiona que Tú hagas caminar a un paralítico o devuelvas la vista a un ciego.

Y es que no nos damos cuenta de que pecados como el egoísmo o el orgullo nos paralizan y nos ciegan mucho más que cualquier otra enfermedad del cuerpo.

No somos conscientes de que un paralítico puede amar y ser feliz; mientras que una persona egoísta y orgullosa, si no lucha contra esa tendencia, puede arruinar su vida.

Señor Jesús, yo también justifico con demasiada facilidad mis errores y pecados. Me digo: “No pasa nada. Todos somos pecadores. No puedo exigirme demasiado. Todos lo hacen. Dios nos perdona siempre”.

Sin embargo, la realidad es que, cuando miro para otro lado y justifico mis pecados, poco a poco me van quitando la libertad, me roban las fuerzas para amar, me separan de ti y arrugan mi alegría.

Señor Jesús, ayúdame a ver claro, a reconocer mis pecados, a no justificarlos, a pedirte perdón y fuerza, con humildad y confianza, para luchar contra ellos.

Gracias porque me amas tal y como soy, con todos mis errores. Gracias por darme tu perdón, mucho más grande que todas mis miserias juntas. Gracias, porque cuando te miro, tu mirada amorosa me serena y mi corazón se llena de esperanza. Amén.

domingo, 1 de noviembre de 2020

El bien que no hago

Señor Jesús,
hoy te pido perdón por el bien que no hago.
No me doy cuenta de la importancia de...
regalar una sonrisa, hablar con amabilidad,
escuchar sin prisa, compartir los talentos, recibidos
ser voluntario, hacer un donativo,
visitar a un enfermo, defender a a una persona desamparada…

Sin embargo, hasta los pequeños gestos de amor cuentan:
alegran la vida de quien los recibe,
hacen que mi corazón se parezca más al tuyo,
ponen en marcha cadenas de buenas obras.

Señor, no me dejes caer en la pereza o en la desesperanza,
y que sepa aprovechar todas las oportunidades
que la vida me da para hacer el bien.
Amén.

Setenta veces siete

Padre bueno,
Tu hijo Jesús nos enseñó que Tú sólo sabes amar y perdonar.
Perdonas siempre, perdonas todo, aunque sea muy grande la ofensa.
He sentido tantas veces tu mano tendida y tu abrazo abierto...

Sin embargo, a veces no aprendo de Ti,
no soy capaz de perdonar, ni las pequeñas deudas.
Señor, ensancha y abre mi corazón encogido y cerrado,
para que pueda recibir y regalar amor y perdón.

Dame la fuerza para perdonar, cuando no sea capaz,
o dame, al menos el deseo sincero de perdonar.
Como Tú. Siempre como Tú y contigo. Amén.

Se le perdonó mucho y amó mucho

 Señor Jesús,
¡Cuánto envidio a esa mujer,
que lavo, besó y perfumó tus pies!

Querría conocerte tan bien como ella,
sentir tu amor y amarte tanto, como ella;
llorar de dolor por lo mal hecho, como ella;
alegrarme por tu mirada y tu perdón, como ella.

Así contaría a todos ese sentimiento maravilloso de paz,
que Tú nos regalas cuando nos miras con ternura
y nos sentimos respetados, comprendidos y valorados.
Así podría contagiar a todos la esperanza
de que a Tu lado, crece la vida, la alegría, el amor.

sábado, 9 de mayo de 2020

El misterio de Judas

Jesús, Tú amaste a Juan, con su ternura,
a Pedro, con su terquedad,
a Judas, quien te vendió por unas monedas.

Le lavaste los pies, como al resto, sabiendo de sus intenciones;
Dijiste en voz alta que uno de tus amigos te iba a entregar, para ayudarle a comprender la gravedad de lo que está pensando hacer, y ni aún así reaccionó;
Le diste un pedazo de pan untado, gesto de amistad entrañable en los pueblos semitas;
Finalmente, le dijiste "Lo que vas a hacer, hazlo pronto". No le abroncas. No le echas encima al resto de los discípulos, que no comprenden del significado de tus palabras.
Es más, parece que es una manera de acompañarlo con amor, más allá de su error, de su traición, de su pecado.
Es sobrecogedor, Jesús, lo que hiciste con Judas, en su noche oscura.

Pero lo que me hace temblar es que Tú, Jesús, haces lo mismo conmigo.
Me lavas los pies y el alma, una y otra vez;
me ayudas a caer en la cuenta de mis errores;
tienes mil detalles de delicadeza conmigo;
y, cuando decido apartarme de Ti o seguir otros caminos, lejos de abroncarme, me acompañas en silencio y me ofreces permanentemente tu ayuda.
En la noche oscura del error, Tú me acompañas y me amas, hasta el extremo.

Amas a todos los seres

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza,
como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.
Te compadeces de todos, porque todo lo puedes,
cierras los ojos a los pecados de los hombres,
para que se arrepientan.

Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho;
si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.
Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido?
¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?

Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.
En todas las cosas está tu soplo incorruptible.
Por eso corriges poco a poco a los que caen;
a los que pecan les recuerdas su pecado,
para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Responder al mal con bien

Señor, cuando me gritan, me apetece gritar.
Ayúdame a hablar con serenidad y con argumentos.

Cuando me siento atacado, quiero atacar.
Ayúdame a defenderme pacíficamente.

Cuando no me entienden, quiero condenar.
Ayúdame a ver lo positivo de quien no me comprende.

Cuando todos abandonan, quiero desaparecer
Ayúdame a no dejarme llevar por la mayoría.

Cuando muchos roban, también quiero aprovecharme.
Ayúdame a crecer en honestidad y solidaridad.

Cuando cada uno va a lo suyo, tiendo a aislarme.
Ayúdame a luchar por los que más lo necesitan.

En fin, Señor, ayúdame a hacer lo que debo, lo que construye;
aunque no me apetezca, aunque no esté de moda.

jueves, 24 de octubre de 2019

La otra mejilla

Perdona y cura la violencia, el egoísmo y el odio de mi corazón.
Gracias por presentarme tu otra mejilla, por sufrir por mí,
por darme no sólo la túnica, sino tu propia vida,
por acompañarme, aún cuando quiero caminar solo,
por darme, por darte, aún antes de pedir o merecer algo,
por no rehuirme y hacerte una y mil veces el encontradizo.
             
Señor, cambia mi forma de pensar, de sentir, de actuar...
para que no trate a los demás como ellos me tratan,
para que sepa tratar al prójimo, COMO TÚ ME TRATAS A MÍ.
Qué sepa poner la otra mejilla, amando ofreciendo amistad y paz a quien me odia
Qué sepa estar cerca de los que necesitan tu compañía,
Que sepa darme en cada detalle, en cada trabajo, en cada SONRISA.
Qué sepa hacerme el encontradizo a los que buscan esperanza y paz.

sábado, 17 de febrero de 2018

¡Regresa!

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
a los brazos anhelantes y expectantes del Padre,
rico en misericordia,
que me está esperando,
con la mano tendida para acogerme
y los brazos dispuestos a abrazarme.

Toca mi corazón,
ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza
y a volver sin miedo,
para participar de la fiesta de los perdonados,
para gozar de la vida vida,
que nuestro corazón tanto desea.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
para experimentar la ternura sanadora de Dios,
que cura las heridas del pecado,
renueva nuestro espíritu
y transforma nuestro corazón de piedra
en un corazón de carne.

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre, a tu casa,
a mi verdadera casa.

(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)

sábado, 22 de abril de 2017

¿Me amas más que estos? 2

Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo
con todas las fuerzas de mi pobre corazón,
sabes que soy capaz de jugármela por ti, ahora,
y gritar que no te conozco, dentro de un rato.

Así soy Señor: débil y fuerte a la vez.
Así es mi corazón: valiente y cobarde a un tiempo.
Mis días son cartas de amor y egoísmo barajadas.
Así me quieres y así te quiero.

Gracias porque sé que me quieres,
y que nada ni nadie puede separar tu amor de mi vida.

Gracias, porque sé que te quiero
y, cuando me asaltan las dudas,
sé, al menos, que quiero quererte.

Gracias por vivir contigo esta historia de amor.

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Lo sé.
Sé que me quieres.
Lo sé mucho mejor que tú.
Conozco bien ese corazón tuyo,
precioso, que se parece tanto al mío.

Sé que me buscas, porque me quieres.
Sé que rezas, porque me quieres.
Sé que te comprometes, porque me quieres.
Sé que quieres ser mejor, porque me quieres.
Sé que a veces te alejas, porque no consigues quererme más.
Sé que quieres quererme más, porque ya me quieres mucho.

Tu amor pesa más que tus traiciones.
Te lo aseguro.

Por eso, te digo:
Confío en ti. No lo dudes.
Apacienta mis corderos y mis ovejas.
Cuida de los tuyos.
Ayuda a quien te necesite.
Tiende tu mano al que ha caído.
Son "mis" corderos y "mis" ovejas,
Son un tesoro que pongo en tus manos.
Comparte tu tiempo, tu vida, tu esperanza...

¿Puedo contar contigo,
para contagiar al mundo mi vida resucitada?

viernes, 16 de diciembre de 2016

Perdonarme y ofrecerme

Mi amado Jesús, quiero contarte ahora lo que hay en mi corazón. Muchas veces me olvido de Ti, me olvido de tu amor, de tu misericordia. Te pido perdón por mis pecados, por conservar rencor en mi alma, por no perdonarme a mí mismo, por no valorar que soy hechura tuya, por haber pensado que de nada sirvo en este mundo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Acoger y disfrutar el perdón

Querida hija / Querido hijo:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te di. Me has dejado aligerar la carga que hundía tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y me has demostrado lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí y yo te amo (Isaías 43); llevo tu nombre tatuado en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, te cansas de convivir con tu fragilidad y no te acabas de creer mi perdón.

Por eso, vuelvo a recordarte la pregunta de Pedro: ¿Cuántas veces tenemos que perdonar, siete veces? No te digo siete veces, sino setenta veces siete (Mt 18,22)? Si ésta es la medida que se le pide al hombre, ¿cómo piensas que yo puedo tener una medida más pequeña?

Recuerda además la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Disfrútalo y compártelo. Y cuando vuelvas a dudar de mi perdón, dímelo, para que pueda convencerte de nuevo. ¿De acuerdo?

Un abrazo grande de tu Padre Dios

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Si estás libre de pecado...

Gracias, Jesús, por defenderme de mi vanidad,
del pecado de creerme superior a los demás,
y del pecado de despreciar al que se equivoca,
cuando me dices: “Si estás libre de pecado…”.

Gracias, Jesús, por defenderme de mis acusadores,
de las acusaciones de cuantos me rodean
y de las acusaciones –las más duras- de mi conciencia;
cuando me dices: “Yo no te condeno”.

Gracias, Jesús, por defenderme de mis mentiras,
de la mentira de creer que todo lo hago bien,
de la mentira de pensar que no puedo mejorar;
cuando me dices: “En adelante, no peques más”.

Gracias, Jesús, porque sea acusador o acusado,
Tú estás siempre a mi lado y a mi favor,
luchando contra los que quieren condenarme,
dándome fuerzas para ser cada día más parecido a Ti.

domingo, 9 de octubre de 2016

Oraciones de San Francisco

Sumo y glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta, esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento. Señor,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Tú eres el santo Señor Dios único, el que haces maravillas.
Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría,
tú eres la humildad, tú eres la paciencia,
tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre;
tú eres la seguridad, tú eres el descanso,
tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría,
Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe,
tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura,
tú eres nuestra vida eterna,
grande y admirable Señor,

Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti. Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos con flores de colores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación.

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

viernes, 5 de agosto de 2016

La caricia del perdón

Es difícil perdonar, Señor. Cuando nos han hecho daño, apenas podemos recordar que nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados por ti; infinitamente más de lo que nosotros perdonamos a los hermanos. A lo largo de nuestra historia... ¡cuántas cosas malas hemos hecho y tú, Señor, nos las has perdonado!

Tú no te cansas de ofrecer siempre tu perdón cada vez que te lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos das la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, tienes piedad de nosotros y no dejas de amarnos. Tu perdón no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce, en el íntimo del corazón, haberse equivocado y quiere volver a Él. Tú miras el corazón que pide ser perdonado, y lo llenas de paz.

Pero, aún así, nos cuesta perdonar. Cuando nosotros estamos en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando nos deben, invocamos la justicia. Y todos hacemos así, todos. A veces vivimos encerrados en el rencor y arruinamos nuestra propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz.

Enséñanos a perdonar, y a hacerlo sin límites, como tú: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Que no nos limitemos a lo justo; que sepamos mostrarnos como discípulos que han obtenido gratuitamente misericordia a los pies de la cruz; que sepamos contagiar al mundo la alegría de ser perdonados y de perdonar.  Amén.

Inspirada en el discurso del Papa Francisco en Asís (4 de agosto de 2016)

viernes, 6 de mayo de 2016

Dame tu abrazo de perdón. Variación del Salmo 51

Yo se que me quieres, Señor, porque eres bueno.
Porque tienes un corazón sensible, perdóname;
limpia mi vida de todos mis pecados
y de mis continuas caídas, levántame.

Saborear el perdón

Hija mía querida:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te dí. Me has dejado aligerar la carga que dobla tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y he sentido lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí, eres preciosa y yo te amo (Isaías 43); te llevo tatuada en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he  apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, no te lo acabas de creer. Por eso, vuelvo a recordarte la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Sé que estás cansada de convivir con tu fragilidad. No eres la única. El apóstol Pablo me pidió mil veces que lo librase del aguijón que le martirizaba, pero yo le dije: "Te basta mi gracia, para que así mi fuerza se muestre en la flaqueza" (2 Co 12, 7-9). Querida hija mía: en tu pequeñez se manifiesta la grandeza de  de mi amor. A través de ti he llevado consuelo, paz, esperanza, alegría, ilusión a muchas personas. ¿No te das cuenta? Y si tú me dejas, seguiré haciendo obras grandes en favor de muchos.

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Y haz el favor de perdonarte como yo te he perdonado; de valorarte y quererte como yo te valoro y quiero.

Sigue confiando en mí. Déjate conducir por mí en las pequeñas y en las grandes decisiones. Y te aseguro que no quedarás defraudada.

Un abrazo grande de tu Padre Dios.

Hijo mío querido:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te dí. Me has dejado aligerar la carga que dobla tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y he sentido lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí, eres precioso y yo te amo (Isaías 43); te llevo tatuado en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he  apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, no te lo acabas de creer. Por eso, vuelvo a recordarte la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Sé que estás cansado de convivir con tu fragilidad. No eres la única. El apóstol Pablo me pidió mil veces que lo librase del aguijón que le martirizaba, pero yo le dije: "Te basta mi gracia, para que así mi fuerza se muestre en la flaqueza" (2 Co 12, 7-9). Querido, hijo mío: en tu pequeñez se manifiesta la grandeza de  de mi amor. A través de ti he llevado consuelo, paz, esperanza, alegría, ilusión a muchas personas. ¿No te das cuenta? Y si tú me dejas, seguiré haciendo obras grandes en favor de muchos.

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Y haz el favor de perdonarte como yo te he perdonado; de valorarte y quererte como yo te valoro y quiero.

Sigue confiando en mí. Déjate conducir por mí en las pequeñas y en las grandes decisiones. Y te aseguro que no quedarás defraudado.

Un abrazo grande de tu Padre Dios