Mostrando entradas con la etiqueta Luz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luz. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de julio de 2023

Tú eres nuestra luz

 Te acogemos y te damos gracias, Jesús. Tú eres nuestra luz, la luz que nos ayuda a ver que Tú eres el Amor de los amores.

Te acogemos y te damos gracias, Jesús. Tú eres nuestra luz, la luz que nos permite mirar con cariño a las personas.

Te acogemos y te damos gracias, Señor. Tú eres la sal, la sal que da a esta sociedad sabor a justicia y a solidaridad.

Te acogemos y te damos gracias, Señor. Tú eres la sal, la sal que da a nuestra vida el sabor de la alegría y paz.

A pesar de nuestros pecados, Tú quieres que seamos luz, la luz que ayude a los hermanos a ver el camino de la felicidad.

A pesar de nuestra pequeñez, Tú quieres que seamos sal, la sal que ponga sabor a Evangelio en las familias y el mundo.

viernes, 24 de marzo de 2023

Dejarme iluminar

También yo, Señor, padezco ceguera. A veces no veo ni mis errores ni mis talentos, no acierto a descubrir qué me está ayudando y qué me está hundiendo, confundo las apariencias con la realidad, no veo cuál es el camino a tomar y el futuro se me antoja cargado de nubarrones; tampoco percibo con claridad tu presencia en mi vida y en la historia del mundo.
 
Señor, me pongo en tus manos, confiadamente, como el ciego del Evangelio. Necesito acoger tu luz, tu amor, tu fuerza sanadora, como tantas personas que se encontraron contigo. Yo soy Nicodemo y la Samaritana, el endemoniado de Cafarnaún y el paralítico, la pecadora perdonada y la hemorroisa, la hija de Jairo y el ciego de Jericó, Zaqueo y Lázaro; el ladrón y Pedro.
 
Que sepa dejarme iluminar como san José. Aunque estaba confundido y angustiado por el embarazo incomprensible de María, no tomó decisiones “en caliente”. Esperó a que Tú le ayudaras a ver con claridad. Y cuando recibió la luz del cielo acogió a María sin reservas.
Señor, ilumina nuestro camino, el camino de nuestras familias y comunidades. Danos un corazón abierto a tu luz. Amén.

domingo, 31 de octubre de 2021

Para dar luz

Señor, he recibido tanto de Ti:
tanto amor, tanta vida, tanta ternura…
Has puesto a mi lado muchas personas luminosas,
por su paciencia, su fidelidad, su compromiso…
Que sepa reconocer y agradecer tanto don.

Recuérdame que lo que no se comparte, se pierde;
que sepa regalar todo lo que he recibido:
Que cada mañana encienda mi luz, para todos,
sobre todo para quienes viven en la tiniebla del dolor.
Que sea generoso con los demás, como Tú y Contigo.

lunes, 26 de abril de 2021

Abrirse a la luz

Señor, Jesús, Tú eres la luz que nos permite ver claro. Tú luz nos ayuda a ver la belleza de cada persona, de cada amanecer, de cada ser. Tú luz nos refleja el verdadero rostro de Dios, del Dios todo Amor, del Dios cercano que camina siempre a nuestro lado. Con tu luz, podemos descubrir en cada persona a un hermano o a una hermana. Dejándonos iluminar por Ti, nos damos cuenta de que estamos creados a imagen y semejanza tuya; que nuestra luz es más grande y poderosa que nuestra oscuridad. Gracias, Jesús, por esta luz que ilumina sin deslumbrar.

Gracias también porque Tú luz deja al descubierto lo que no queremos ver: nuestros sentimientos torcidos, nuestro deseo de poseer y aparentar… Tu luz evidencia, además, la injusticia de la sociedad, el dolor de muchas personas que sufren, las mentiras con las que justificamos lo injustificable. No nos gusta ver esta realidad oscura de nuestro corazón y de nuestro mundo. Perdona nuestro deseo de apagarte, para disfrutar una vida más tranquila, pero menos verdadera, menos humana, menos fraterna.

Gracias, por regalarnos tu luz, por ser nuestra luz. Que sepamos acogerla, disfrutarla y compartirla. Amén.

sábado, 9 de mayo de 2020

Coronavirus. Aprederemos algo

Señor, esta epidemia no es un castigo tuyo. Tú eres el Bien, sin mezcla de mal, y la fuente de todo bien. Tú te dedicas a perdonar, a salvar, a resucitar… Tú haces salir tu sol sobre malos y buenos y haces caer tu lluvia sobre justos e injustos. Sabes que no podemos entender cómo permites tanto sufrimiento y te pedimos que nos ayudes a aprender de esta dolorosa situación.

Nos creíamos fuertes, capaces de todo,  y ahora descubrimos que hemos perdido la capacidad de nuestros mayores para hacer frente a las adversidades; ahora sabemos que somos frágiles y, al mismo tiempo, importantes y necesarios. Creíamos que podríamos ser felices sin depender de nadie y ahora nos damos cuenta de que estamos en la misma barca, todos llamados a remar juntos y a confortarnos mutuamente.

Creíamos que el dinero, la prisa, la fama, la apariencia, los discursos, los títulos, los entretenimientos y los caprichos podrían calmar o anestesiar nuestro deseo de felicidad plena…  y ahora nos damos cuenta de que sólo vive de verdad el que ama, el que da espacio al silencio, el que cuida sus sentimientos y deseos, el que sirve y se pone en riesgo por el bien del prójimo.

Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material. No nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta, gravemente enfermo. Hemos continuado la vida, imperturbables, como si todo fuese normal, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. En definitiva, no nos hemos detenido ante tus llamadas.

Con la tempestad hemos comprobado que la oración no es un gran paraguas que nos protege de las desgracias, que nuestras plegarias no son fórmulas mágicas para ahuyentar la peste. En esta situación, aprendemos que la oración nos permite sentir que nos acompañas siempre, que Tú disipas nuestros miedos, que Tú nos sostienes y guías, como las estrellas a los antiguos marineros, y nos ayudas a separar lo que es necesario de lo que no lo es. La oración nos permite experimentar que Tú conviertes en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso la muerte de nuestros seres queridos; que Tú das la serenidad, a los que somos sacudidos por las tormentas, y la vida eterna, a quienes han llegado a la otra orilla.

Entra, Señor, en nuestra pequeña barca, zarandeada. Sólo Tú puedes darnos paz en la tormenta. Amén.

Plegaria inspirada en la homilía de Papa Francisco, 27 de marzo

Coronavirus. Personas luminosas

Señor, desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Están vacías nuestras plazas, calles y jardines. La preocupación se deja sentir en palabras, gestos y miradas.

Pero nos animan tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas.

Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show; pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas...  y tantos hombres y mujeres, que han comprendido que nadie se salva solo.

Cuánta gente, cada día, demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico, sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar esta crisis, readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

Gracias, Padre, por tantas personas que llenan de luz este momento de oscuridad.

Ayúdame, ayúdanos a todos a seguir su ejemplo; a despertar y a activar esta solidaridad y esta esperanza capaz de dar fuerza, consuelo y sentido en estas horas difíciles.

Plegaria inspirada en la homilía de ayer del Papa Francisco.

Ven Espíritu de Dios Creador

Ven Espíritu de Dios Creador
y visita el hogar de tus fieles.
Haz de su pecho un templo de gracia
con el don de tu presencia santa.

Tú, el amor que consuela a los hijos
como eterno regalo del Padre,
Caridad, fuente viva de gracia,
llama eterna de amor verdadero.

Que tu luz ilumine los ojos
y tu amor se derrame en el alma.
Sé mano vencedora en nuestras luchas,
y sendero que nos guíe los pasos.

Que tus hijos triunfen al mal
y que reine la paz en sus vidas.
Fortalece la fe del creyente
que ha nacido a la vida divina.

Demos gloria por siempre a Dios Padre
y a Jesús triunfador de la muerte,
y al Espíritu, vida del alma,
alabanza y honor para siempre.
Amén.

San Rabano Mauro (siglo IX)

Espíritu de luz

Ven Espíritu Santo. Tu mirada luminosa todo lo penetra, con paciencia e inmensa compasión. Mis infidelidades no destruyen tu amor, que siempre vuelve a buscarme, para que mi vida espiritual pueda crecer feliz en tu presencia.

Quisiera que todas mis acciones te agraden, que mi vida ya no se aparte de tu santo proyecto para mí, que todo lo que haga refleje tu luz, tu alegría y tu amor.

Pero tú conoces mi debilidad. Por eso te ruego una vez más que me toques con tu poder divino. Sin tu auxilio nada puedo. Ven Espíritu Santo.

No dejes que me dominen las malas inclinaciones. Triunfa en mí, Espíritu Santo. Triunfa con la generosidad, con la alegría, con la pureza, con el perdón. Triunfa con la bondad, con la paz, con el servicio. Triunfa con la esperanza, el fervor, los buenos deseos.

Ven Espíritu Santo, para que no me vuelvan a arrastrar las viejas costumbres, para que no me dominen otra vez las malas inclinaciones, los rencores, la melancolía.

Ven Espíritu Santo, para que todo en mí sea luminoso. Amén.

viernes, 6 de mayo de 2016

Seguir

Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza
Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio.
Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan.
Voy a seguir hablando de Paz, aún en medio de una guerra.
Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad.

Ven, Padre de los pobres

Ven, Espíritu Santo.
Ven, Padre de los pobres.

Ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.
Hay tantas sombras de muerte,
tanta injusticia, tanta pobreza, tanto sufrimiento.

Ven, Espíritu divino

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

sábado, 30 de abril de 2016

Quiero ver, Señor

Señor, una vez más estamos viviendo
una profunda intimidad.
Cada uno de nosotros siente su vida
maravillosamente invadida por tu vida.Estamos viviendo ahora
la aventura de tu vida
en nuestra vida,
tu fuerza en nuestra debilidad,
tu vigor en nuestra impotencia.

sábado, 5 de marzo de 2016

Tú eres nuestra luz

Señor, Tú eres nuestra luz,
nuestro camino, nuestra verdad.
Pero a veces tengo miedo,
tengo pereza para seguirte:
¡Hay tantas cosas fáciles,
que conquistar sin esfuerzo!

viernes, 18 de diciembre de 2015

Confianza en la contrariedad

Señor, Jesús, que supiste dar testimonio de tu confianza en Dios, especialmente en los momentos de dificultad: en el cansancio de los caminos de Judea, en la predicación estéril a tus propios convecinos, en la asechanza constante de los fariseos, en la angustia y la soledad de huerto de los olivos, en la traición de los amigos, en el camino doloroso y humillante hacia el Gólgota, en la agonía de la muerte, en el sin-sentido, en la oscuridad…

domingo, 25 de octubre de 2015

Que pueda ver, Señor

Que pueda ver, Señor, y cante tu grandeza por las obras de tu misericordia: que pueda ver la tierra que has preparado para la libertad de tus hijos, la tierra de toda bendición que es Cristo Jesús, de modo que, habiendo entrado en ella por tu gracia, no deje de reconocer el amor con que la cultivaste, el amor con que la preparaste para los pobres, el amor con que se la regalaste.

Que pueda ver, Señor, a mis hermanos, con esa mirada acogedora con la que tú mismo nos has mirado en Jesús de Nazaret. Que aprenda de él a ver y sentir compasión, a ver y curar, a ver y multiplicar el pan, a ver y consolar, a ver y resucitar, a ver y amar.

Que pueda, Señor, verme a mí mismo y acudirme en el hermano que sufre, de modo que en él cubra mi desnudez, en él remedie mi necesidad, en él alivie mi dolor.

Que pueda, Dios mío, ver a Cristo Jesús y acudirlo en tus hijos más pequeños, en los que no cuentan para el mundo, en los que no tienen poder, en los que no producen, en los que son considerados carga para la sociedad, en los que hemos entregado a la desdicha para aumentar nuestras rentas. Que en ellos vea a tu predilecto, al más amado; que en ellos me ocupe de él y cuide de él, como madre, como hermano, como amigo.

Que pueda alegrarme, Señor, con el resto de tu pueblo; que pueda ver risas en la boca de tus hijos, cantares en su lengua, porque se ha hecho verdad lo que soñaron, porque la esperanza ha iluminado los caminos de los pobres, porque la justicia y la paz se han besado, porque hay lugar para todos en la mesa de la solidaridad.

Que pueda ver, Señor, que, recibiendo hoy a Cristo Jesús en la eucaristía, recibo en él y con él a los pobres; que, recibiendo a los pobres a la mesa de la misericordia, en ellos y con ellos recibo a Cristo Jesús. ¡Que pueda ver!

Mons. Santiago Agrelo Martínez

domingo, 11 de octubre de 2015

Acogemos tu luz

Padre acogemos tu luz; la luz que nos ayuda a vernos tal y como somos, con nuestras luces y sombras; la luz nos ayuda a reconocer y, por tanto, a superar nuestras limitaciones; la luz que nos permite ver los muchos talentos que nos has dado y las muchas posibilidades que pueden desplegarse en el futuro; la luz que nos ayuda a descubrir en cada pecado la posibilidad de conocernos mejor, de comprender más a los que se equivocan, de apoyar nuestra debilidad en tu fuerza, de sentir tu misericordia.

Padre, acogemos tu luz; la luz que nos ayuda a ver en positivo a cada persona, como un hermano o una hermana, como un regalo que Tú nos haces; la luz que nos ayuda a ver que las cosas son instrumentos y nunca ídolos a los que servir y adorar.

Señor, acogemos tu luz; la luz que nos permite verte tal como eres: el Padre que ama, respeta y potencia nuestra libertad, el Buen Pastor que nos busca, cuida y sana; la Madre que nos acoge, acaricia y protege; el esposo que permanece fiel cuando nosotros amamos y seguimos a otros dioses; el amigo que es capaz de dar la vida por nosotros; el patrón bueno y generoso que cuenta con todos para trabajar en su viña. Amén

sábado, 10 de octubre de 2015

Confianza en ti

No te fijes en mis fallos, sino en la confianza que siento en ti. Sobre esa confianza he basado toda mi vida. Por esa confianza puedo hablar y obrar y vivir. La confianza de que tú nunca me has de fallar. Esa es mi fe y mi jactancia. Tú no le fallas a nadie. Tú no permitirás que yo quede avergonzado. Tú no me decepcionarás.

viernes, 9 de octubre de 2015

Mi llanto cesará

Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar.

Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal
ni olvide que existes tú.

martes, 6 de octubre de 2015

Humanidad a oscuras

Dios es la luz que ilumina nuestras oscuridades,
Él conoce aquello que nos preocupa y nos ocupa,
Él sabe bien los duelos que vivimos cada uno,
Él está al tanto de todo el que sufre, llora y no puede más.

lunes, 5 de octubre de 2015

La vida es Cristo

Jesús mío: ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya;
inunda mi alma con tu espíritu y tu vida;
penetra todo mi ser y toma de él posesión
de tal manera que mi vida no sea en adelante
sino una irradiación de la tuya.