Gracias por las personas que devuelven bien por mal,
Señor Jesús, me atrae avanzar por este camino, Contigo.
Señor, ¡Cuántas veces me quejo de mi vida rutinaria!
Y Tú me sugieres cada día nuevos caminos:
con la sonrisa de un niño o la mirada de un anciano,
cuando se me encoge el corazón ante una injusticia,
ante un imprevisto, agradable o desagradable,
a través de un sueño, una intuición o un enamoramiento,
en el silencio de la oración y en la escucha de tu Palabra,
en una palabra de ánimo o en una experiencia de fracaso,
en esos deseos que superan la criba del tiempo…
Me quejo de mi vida rutinaria y con pocos alicientes,
pero también me quejo cuando me sacas de la rutina.
Dame un corazón sabio y prudente, como a San José.
que no se paralice cuando irrumpe el dolor y la duda,
que se dé tiempo para ver claro e intuir tus caminos,
que se entregue decididamente a la misión que me confías.
Amén.
Padre bueno, Te he pedido muchas veces que te manifiestes con claridad, que te sienta con fuerza en mi interior, que te reveles de forma extraordinaria, para que nunca más desconfíe de Ti.
Pero Jesús me recuerda que Tú no eres amigo de grandes espectáculos, que te haces presente en la vida de cada día, en el corazón de cada persona buena, en mis mejores deseos y sueños.
Estás presente entre nosotros, en medio de una pandemia muy dolorosa y un cambio social decisivo. Estás presente y mueves los corazones, para que confiemos más en Ti, para que estemos cercanos a los que más sufren, para que encontremos nuevas formas de amar, para que vivamos como hermanos y hermanas. Amén.
Señor, ¡qué existencia tan pobre y recortada tendría, si la vida no me rompiera los planes previstos, si Tú no me mostraras caminos nuevos, caminos más fascinantes y enriquecedores de los que yo tenía pensado!
Tú me has acompañado y guiado siempre, Jesús. Gracias por las ocasiones en las que he sentido que has sido tú el que has hablado por mi boca. Gracias por mover mi corazón de la pereza y de la comodidad, para que me acerque a quienes necesitan una palabra de esperanza y gestos concretos de amor.
Sin embargo, a pesar de tener la experiencia de que Tú me has acompañado y guiado siempre, sigo teniendo miedo. Me falta confianza. Ayúdame a estar más abierto a tus palabras, a las necesidades de los que sufren, a las oportunidades que cada día me ofrece la vida para conocerme mejor y amar más.