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martes, 24 de febrero de 2026

Apareció también la cizaña

¡Qué fácil vemos lo negativo de los demás!
Esta es la fragilidad del ser humano. Así nos creaste, Señor,
con maravillas y deficiencias, con generosidades y roñoserías,
con excesos y con defectos, con luces y con sombras.
Tú nos has entretejido en las entrañas maternas,
Tú tienes cada uno de nuestros cabellos contados,
Tú nos envuelves con tu abrazo,
Tú sabes más de nosotros que nosotros mismos…
Ayúdanos, Padre, a aceptarnos del todo,
a reconocer nuestras deficiencias,
a alegrarnos de nuestras cualidades personales y únicas,
a desarrollar contigo todo el potencial inmenso
que has puesto en cada uno,
a animar a que otros también desarrollen el suyo.
Enséñanos, Padre,
a perdonarnos los errores,
a convivir con nuestras incoherencias,
a ser misericordiosos con nuestra naturaleza humana
para así serlo aún más con los otros hermanos,
que también llevan el peso de su propia fragilidad y maravilla.
Gracias por crearnos así, con trigo y con cizaña, Padre.

Mari Patxi Ayerra y Álvaro Ginel 

¡Velad!

Yo permaneceré contigo.
Tú reinas a la derecha del Padre
en el reino de tu eterna gloria
como la palabra de Dios desde el principio.
Tú reinas en el trono del Todopoderoso
en forma humana transfigurada
desde la culminación de tu trabajo en la tierra.
Yo creo en esto porque tu palabra tanto me enseña
y porque creo, sé qué alegría me da
y qué bendita esperanza florece de ella.
Porque donde Tú estás, ahí también están los tuyos
el cielo es mi tierra gloriosa
comparto contigo el trono del Padre
El eterno que hizo todas las criaturas
quien, tres veces santo, abraza a todo ser
además tiene un silencioso, especial reino suyo.
La habitación más íntima del alma humana
es el lugar favorito de la Trinidad
su trono celestial en la tierra
Para liberar este reino celestial de la mano del enemigo
el Hijo de Dios vino como el Hijo del Hombre
dio su sangre como el precio de la entrega
En el corazón de Jesús, que fue atravesado,
el reino de la tierra y de los cielos se unen.
Aquí está para nosotros la fuente de la vida.
Este corazón es el corazón de la Divina Trinidad,
y el centro de todos los corazones humanos
que nos concede la vida de Dios.
Nos atrae hacia sí con poder secretos
nos esconde en el seno del Padre
y nos inunda con el Espíritu Santo.
Este corazón, late por nosotros en un pequeño tabernáculo
donde permanece misteriosamente escondido
en esa quieta, blanca hostia.
Ése es tu trono real en la tierra, Oh Señor,
que visiblemente has erigido para nosotros
y te complaces cuando salgo a su encuentro. 

Ven a mí, Espíritu Santo

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior
para que no me apegue a las cosas materiales,
sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de amor:
haz que mi corazón
siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar
a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.
Amén

(San Agustín) 

jueves, 5 de febrero de 2026

Padre Nuestro

¡Padre nuestro! Estoy tan acostumbrado a decirte “Padre”, que casi lo hago sin darme cuenta.

Sin embargo... cuando lo pienso más en serio, tiemblo un poco.
Porque si eres mi Padre, yo soy tu hijo... Y el hijo tiene la carne y la sangre del padre.
Hoy te pido, Padre mío (y Padre de tantos otros hijos, de tantos hermanos míos),
que jamás deje de llamarte así, que jamás deje de ser el que engendraste para que te ame y para ser amado por Ti.

¡Padre nuestro! ¡Padre de Cristo! Que nunca deje de recordar la misericordia que nos mostraste en Jesús.

No permitas que abandone nunca tu casa.
Si estoy lejos de ella (por tantas locuras, por tantas maldades, por tantas tonterías),
dame fuerzas para volver ahora mismo:
¡Tú me amas y eres más grande que todos mis pecados juntos!
Y si me das la gracia de vivir siempre en tu casa, disfrutando de todo lo tuyo,
dame generosidad para compartir todo lo mío;
dame humildad para comprender a mis hermanos y recibirlos en nuestra casa siempre, como Tú los recibes. ¡Así sea!
(Héctor Muñoz)

Padre Nuestro... 

sábado, 23 de julio de 2022

Rezad así

Señor Jesús, Tú que nos revelas el amor del Padre,
danos fuerza para vivir como hermanos y hermanas,
mujeres y hombres iguales en dignidad y en derechos,
llamados a compartir talentos, saberes y riquezas,
a colaborar y a servirnos unos a otros, por amor.

Que cada vez que recemos “Padre” sintamos tu cercanía
y cuando digamos “Nuestro” se ensanche nuestro corazón,
para amar a todas las personas como Tú y Contigo;
para defender los derechos de quienes sufren discriminación,
por su sexo, su pobreza, su nacionalidad, su edad, su enfermedad…

Que a fuerza de rezar el Padre Nuestro,
crezca la fraternidad y la mutua colaboración
entre todos los hombres y mujeres del mundo. Amén

domingo, 9 de enero de 2022

Ayúdame a vivir mi bautismo

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo:
sumergido entre la gente,
en medio de los pecadores que quieren convertirse;
haciendo mías las miserias y el dolor de las personas,
compartiendo las alegrías y esperanzas del pueblo.

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo:
sumergido en el agua del Espíritu,
dejándome lavar y purificar por Él,
llenándome de su vida y de su amor,
guiado por su luz e impulsado por su fuerza.

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo:
sumergido en el encuentro con el Padre,
sintiendo como su amor me rodea y me inunda,
escuchando su voz: Tú eres mi hijo amado, Tú eres mi hija predilecta.

Ayúdame a vivir mi bautismo, contigo:
sumergido en la misión que me has confiado,
haciendo el bien, aliviando a los oprimidos,
curando cegueras y liberando opresiones,
lavando los pies, sirviendo a todos,
fortaleciendo el pábilo de los que están a punto de apagarse.

Ayúdame a vivir mi bautismo, contigo. Amén.

domingo, 27 de octubre de 2019

Padre Nuestro con San Francisco

Padre Nuestro, el más Santo, nuestro Creador y Redentor, Nuestro Salvador y Consolador , Que estás en los cielos con todos los ángeles y los santos dándole a ellos luz y dándote a conocer, ya que tú eres luz y declarándoles que tú los amas. Ya que tú eres amor:  habitando en ellos y dándoles la plenitud de gozo,  Ya que tu eres el Señor, Supremo, eterno y bueno y todo lo bueno viene de ti.

Santificado sea tu nombre para que nosotros podamos crecer y conocerte más y más y así apreciar la extensión de tus favores y la magnitud de tus promesas, la sublimidad de tu majestad, así como la profundidad de tus juicios.  Qué tu Reino  venga para que tú reines en nosotros por tu gracia y nos atraigas a tu Reino,  donde nosotros te veremos claramente, te amemos perfectamente  y estemos felices en tu compañía y nos gocemos en ti por siempre.

Qué tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo y así nosotros podamos amarte con todo nuestro corazón.  Siempre teniendo en ti nuestra mente.  Con toda nuestra alma determinando ver tu gloria en todo y con todas nuestras fuerzas, sirviéndote a ti solo.

Que podamos amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y animarles a ellos a amarte a ti.  Que podamos compartir con ellos en los gozos y en las tristezas.  Danos el pan nuestro de cada día, tu amado hijo, nuestro Señor Jesucristo.  Que podamos recordar y apreciar cuanto él nos amó.  Que podamos recordar y apreciar todo lo que el dijo y cuanto él sufrió.  Perdónanos nuestras ofensas en tu inmensurable misericordia, po virtud de la pasión de tu hijo.

Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores ya que si nosotros no perdonamos perfectamente no podremos recibir ese perdón tampoco. Señor, ayúdanos a olvidar perfectamente lo que nos ha herido y a perdonar a nuestros enemigos y orar fervientemente por ellos no retornando mal por mal pero sirviendo a todos. Amén.

jueves, 24 de octubre de 2019

Cuando me encierro... PADRE

Señor,
cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tú,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.

Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
el amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.

Que yo vuelva a ver
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos...
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:

¡PADRE NUESTRO!

Ignacio Iglesias, sj

sábado, 17 de febrero de 2018

¡Regresa!

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
a los brazos anhelantes y expectantes del Padre,
rico en misericordia,
que me está esperando,
con la mano tendida para acogerme
y los brazos dispuestos a abrazarme.

Toca mi corazón,
ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza
y a volver sin miedo,
para participar de la fiesta de los perdonados,
para gozar de la vida vida,
que nuestro corazón tanto desea.

Toca mi corazón
y ayúdame a volver sin miedo,
para experimentar la ternura sanadora de Dios,
que cura las heridas del pecado,
renueva nuestro espíritu
y transforma nuestro corazón de piedra
en un corazón de carne.

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar;
a regresar a la casa del Padre, a tu casa,
a mi verdadera casa.

(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)

viernes, 6 de mayo de 2016

Si Dios fuera ¡todo!

¿Y si Dios fuera "el viento"
que penetra por la nariz y por todos los poros
hasta oxigenarnos los pulmones y el espíritu?

¿Y si Dios fuera "el silencio"
que envuelve cada noche en papel de celofán
nuestros sueños azules y locos?

Y cuando El dijo "Padre"

Y cuando El dijo "Padre"
el mundo se preguntó por qué aquel día amanecía dos veces.
La palabra estalló en el aire como una bengala
y todos los árboles quisieron ser frutales
y los pájaros decidieron enamorarse
antes de que llegara la noche.
Hacía siglos que el mundo no había estado tan en fiesta:
los lirios empezaron a parecerse a las trompetas
y aquella palabra comenzo a  circular de mano en mano,
bella como una muchacha enamorada.
Los hombres husmeaban el continente recién descubierto
y a todos les parecía imposible
pero pensaban que, aún como sueño,
era ya suficientemente hermoso.

Saborear el perdón

Hija mía querida:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te dí. Me has dejado aligerar la carga que dobla tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y he sentido lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí, eres preciosa y yo te amo (Isaías 43); te llevo tatuada en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he  apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, no te lo acabas de creer. Por eso, vuelvo a recordarte la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Sé que estás cansada de convivir con tu fragilidad. No eres la única. El apóstol Pablo me pidió mil veces que lo librase del aguijón que le martirizaba, pero yo le dije: "Te basta mi gracia, para que así mi fuerza se muestre en la flaqueza" (2 Co 12, 7-9). Querida hija mía: en tu pequeñez se manifiesta la grandeza de  de mi amor. A través de ti he llevado consuelo, paz, esperanza, alegría, ilusión a muchas personas. ¿No te das cuenta? Y si tú me dejas, seguiré haciendo obras grandes en favor de muchos.

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Y haz el favor de perdonarte como yo te he perdonado; de valorarte y quererte como yo te valoro y quiero.

Sigue confiando en mí. Déjate conducir por mí en las pequeñas y en las grandes decisiones. Y te aseguro que no quedarás defraudada.

Un abrazo grande de tu Padre Dios.

Hijo mío querido:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te dí. Me has dejado aligerar la carga que dobla tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y he sentido lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí, eres precioso y yo te amo (Isaías 43); te llevo tatuado en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he  apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, no te lo acabas de creer. Por eso, vuelvo a recordarte la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Sé que estás cansado de convivir con tu fragilidad. No eres la única. El apóstol Pablo me pidió mil veces que lo librase del aguijón que le martirizaba, pero yo le dije: "Te basta mi gracia, para que así mi fuerza se muestre en la flaqueza" (2 Co 12, 7-9). Querido, hijo mío: en tu pequeñez se manifiesta la grandeza de  de mi amor. A través de ti he llevado consuelo, paz, esperanza, alegría, ilusión a muchas personas. ¿No te das cuenta? Y si tú me dejas, seguiré haciendo obras grandes en favor de muchos.

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Y haz el favor de perdonarte como yo te he perdonado; de valorarte y quererte como yo te valoro y quiero.

Sigue confiando en mí. Déjate conducir por mí en las pequeñas y en las grandes decisiones. Y te aseguro que no quedarás defraudado.

Un abrazo grande de tu Padre Dios

Te perdono

Hija mía querida:
Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, escucho en tu interior pensamientos que rechazan mi perdón. Traes a la memoria todos tus accidentes del camino y parece que te oigo argumentarme:
- Si al menos la herida tuviera que ver con la inconsciencia de la infancia...
- Si todo se pudiera reducir a las locuras de adolescente...
- Si la herida consistiera en una mala experiencia o    equivocación puntual...
- Si no hubiese tenido una familia maravillosa, grupos de jóvenes en los que sentir tu amor, amigos que me han querido y me quieren tanto…
- Si hubiese pecado antes de conocerte…

jueves, 5 de mayo de 2016

Tú eres mi hijo amado

“Tú eres mi hijo amado”, estas son las palabras
que más me gusta escuchar de tus labios Señor.
“Tú eres mi hijo”, hace falta fe para pronunciarla
ante mi propia miseria y ante una turba escéptica,
pero yo sé que son verdad,
y son la raíz de mi vida y la esencia de mi ser.

Tu dicha

¿Cuál es tu dicha, Señor?
Porque quiero hacerla mía,
Probármela, llevarla puesta todo el día.
¡No me escondas tu dicha!

domingo, 1 de mayo de 2016

Te bendecimos por el don del Espíritu

Te bendecimos, Padre, por el don del Espíritu
que, por tu Hijo, haces al mundo.
Te bendecimos, Padre,
por haber puesto tu Espíritu en el ser humano:
Espíritu de luz en los profetas,
Espíritu de verdad en los testigos.
Espíritu de fortaleza en los que luchan por la justicia.

Te bendecimos por el don del Espíritu

Te bendecimos, Padre,
por el don del Espíritu que, por tu Hijo, haces al mundo.
Lo hiciste al principio,
cuando incubabas el universo al calor del Espíritu,
para que naciera un mundo de luz y de vida,
que pudiera albergar al hombre.

sábado, 30 de abril de 2016

Tú eres mi hijo

Siento, Señor, que estoy
donde Tú quieres que esté;
que nací para estar donde ahora estoy,
que vine al mundo para hacer lo que hago,
siendo lo que soy
y dejándome guiar por tu Espíritu.

Corazón de madre y madre

Si al pensar en mis hijos
me emociono más de lo que a veces quiero;
si al mirarlos cada día
creo que son joyas inmerecidas;
si al verlos en peligro
corro a socorrerles con el corazón en vilo;
si cuando hacen alguna fechoría
estoy deseoso de perdonarlos;
si cuando desbaratan mis planes
tiendo siempre a justificarlos;
si cuando tengo que corregirlos
sólo sé hacerlo con cariño;
si cuando los castigo aún convencido
me duele en lo más íntimo:
si cuando piden perdón
me derrito aunque vuelvan a hacer lo mismo;
si cuando ríen sus ocurrencias
me parecen pillos en fiesta;
si cuando estoy con ellos
camino lleno de vida y muy erguido...
Y si cuando se me pierden
me encuentro perdido
hasta encontrarlos y recuperarlos
sanos y salvos.

Si esto me pasa a mí,
que no soy bueno,
que a veces desconfío de ellos
y de mí mismo,
que sólo soy un aprendiz de tus deseos...,
¡qué no te pasará a Ti,
que eres bueno,
que tienes un corazón de ensueño
y que no sabes desconfiar de nosotros
aunque nos hayamos ido lejos!

Florentino Ulibarri

Soy bueno y malo; soy tu hijo

Señor, tú ya lo sabes,
mas déjame decírtelo otra vez:
soy una persona que llama y suplica,
llora, sufre y duda;
pero soy también alguien que se entusiasma,
canta, ensalza y disfruta de la vida.