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miércoles, 25 de febrero de 2026

Todo en contra

Cuando falten las fuerzas,
tú serás el sustento.
Cuando olvide el por qué,
tú serás la memoria.
Cuando pierda las ganas,
tú serás el aliento.
Cuando vacile la fe,
tú serás la respuesta.
Cuando añore la alegría,
tú serás el horizonte.
Cuando necesite valor
tú serás el escudo.
Cuando tema el rechazo
tú serás el abrazo.
Cuando confunda el camino,
tú serás la guía.
Cuando quiera rendirme,
tú serás el freno.
Cuando me aturda el ruido
tú serás el silencio.
Cuando ignore el amor
tú serás la pasión.
Cuando derroche los motivos
tú serás la última reserva.
Y, siendo tú mi todo,
nada más hará falta
para seguir adelante.

(José María R. Olaizola, SJ) 

martes, 24 de febrero de 2026

No avanzo

Señor, a veces estoy sentado, no camino, no avanzo. Vivo atado al mostrador del dinero, de la apariencia, de obligaciones poco útiles, de alegrías fáciles y fugaces, de entretenimientos solitarios, de pecados que me avergüenzan...
Llámame, Señor Jesús, como a Leví. Hazme comprender que todavía tengo muchas alegrías hondas que disfrutar, mucho amor que compartir, muchos caminos nuevos que recorrer, muchos proyectos que emprender.

Que tu palabra amable, convincente y eficaz, me levante y empiece a caminar como Tú y Contigo. Amén. 

Esas puertas no sacian mi corazón

Señor, tú, como buen padre y buena madre, deseas mi felicidad. Anhelas que viva con alegría, aquí y por toda la eternidad. Por eso me amas sin medida y me muestras el camino de la vida, el sendero de la salvación.
Yo también quiero alcanzar esa meta, Señor. Quiero ser feliz ahora y siempre. Pero a veces cierro mi corazón a tu amor y busco puertas anchas, donde quepan todos mis caprichos. Elijo caminos cómodos, sin cruces que incomoden mi paso.

Una y otra vez descubro que esas puertas y caminos no sacian mi corazón. Señor, que el soplo del Espíritu y el testimonio de mis hermanos me ayuden a abrirme a tu amor, y a elegir siempre la puerta del amor y el camino de la entrega. 

viernes, 30 de enero de 2026

Perdido, buscado y encontrado

Señor, lo más importante no es:
que yo te busque,
sino que tú me buscas en todos los caminos (Gn 3,9);
que yo te llame por tu nombre,
sino que tú tienes tatuado el mío en la palma de tu mano ((Is 49,16);
que yo te grite cuando no tengo ni palabra,
sino que tú gimes en mí con tu grito (Rm 8, 26);
que yo tenga proyectos para ti,
sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro (Mc 1,17);
que yo te comprenda,
sino que tú me comprendes en mi último secreto (1 Cor 13, 12);
que yo hable de ti con sabiduría,
sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera (2 Cor 4, 10);
que yo te guarde en mi caja de seguridad,
sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano (EE 335);
que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas,
sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas (Jn 13, 1);
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte...
si tú no me buscas, me llamas y me amas primero?