Danos un corazón y una mirada limpios,
para reconocer los signos de tu presencia,
en medio de las alegrías y tristezas de la vida.
En el sufrimiento indecible de tantas personas,
¡cuántas almas buenas las acompañan!
Allí crece tu Reino, Señor.
En nuestros fracasos personales o comunitarios,
Tú nos ayudas a ser más humildes y a confiar más en Ti.
Allí crece tu Reino, Señor.
En tantas desgracias que afectan a pueblos enteros,
¡cuántas personas se juegan la vida por los demás!
Allí crece tu Reino, Señor.
En el amor y el apoyo de la familia, de los amigos,
¡Tú vas tejiendo redes de fraternidad y solidaridad!
Allí crece tu Reino, Señor.
En la palabra de muchos profetas que denuncian y animan,
¡Tú vas tocando mi corazón y el de tanta gente!
Allí crece tu Reino, Señor.
En mi corazón, en mi familia, en mi comunidad, en el mundo,
allí crece tu Reino, Señor.
Danos un una mirada limpia para reconocerlo. Amén.
viernes, 24 de marzo de 2023
Corazón y mirada limpios
sábado, 23 de julio de 2022
Ver a Jesús
lunes, 26 de abril de 2021
Quisiera verte
Yo también quisiera verte, Señor:
En los momentos de incertidumbre y angustia.
En los momentos de desconcierto y miedo.
En los momentos de noche y tempestad.
En los momentos de luz y alegría.
Quisiera verte:
En el rostro de los que me persiguen y critican.
En el rostro de quien me mira mal y no me quiere.
En el rostro de los últimos y despojados.
En el rostro de los que comparto mi vida diariamente.
Quisiera verte:
Al servir, al amar, al perdonar, al abrazar.
Al caer, al quedarme sin fuerzas, al desesperar.
Quisiera verte
en todos los momentos,
en todos los rostros,
en todas las circunstancias.
Y poder decir: en todo amar y servir.
Fermín Negre
domingo, 1 de noviembre de 2020
Ver a Dios
Te doy gracias, Padre, de todo corazón
por los pobres que nada tienen y aún reparten,
por las personas que pasan sed y agua nos dan,
por los débiles que a sus hermanos fortalecen,
por los que sufren y comparten su consuelo,
por los que esperan y contagian su esperanza,
por los que aman, aunque el odio les rodee,
por los que se conmueven ante un amanecer,
ante un recién nacido, ante un gesto de amor.
Te doy gracias, Padre, de todo corazón,
por los humildes que piden y acogen tu perdón,
por los que se estremecen al escuchar tu Palabra,
por los viven con gratitud la posibilidad de dar la vida,
por los que se alimentan en el pan de la Eucaristía,
por los que saben apoyarse en sus hermanos,
por tus hijos que se emocionan al llamarte Padre.
jueves, 21 de marzo de 2019
Silencio y solidaridad
miércoles, 13 de marzo de 2019
Oración en el tren
Miro a las personas que me rodean: más jóvenes y más mayores; alegres y unos pocos sonrientes; italianos y extranjeros; leyendo, durmiendo o esperando un «te quiero» o una buena noticia en la pantalla del teléfono móvil...
El tren es un gran río de personas madrugadoras, que van a trabajar o a buscar trabajo, a estudiar, a ganar el pan para sus familias... Quizá haya alguno con malas ideas y -sin quizá- todos meteremos la pata al menos siete veces a lo largo de la jornada.... Pero, aún así, el tren es un río de buenas intenciones.
Aunque no conozco a nadie, Señor, son tus hijas e hijos, mis hermanas y hermanos. Con ellos rezo a gusto; por ellos y los suyos te pido con confianza; por sus buenas voluntades te doy gracias. Y así, con el traqueteo del tren, se duermen las preocupaciones y despierta la esperanza.
¡Buenos días, Señor!
miércoles, 6 de febrero de 2019
Ver a Dios en lo imperfecto
sábado, 17 de febrero de 2018
¡Mira!
para mirar y contemplar!
Ayúdame a mirar a las personas que reflejan tu ternura y tu bondad, esos rostros que mantienen viva la llama de la fe, la fe y la esperanza.
Ayúdame a mirar el rostro de nuestras familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo, para sacar la vida adelante y convertir sus hogares en una escuela de amor.
Ayúdame a mirar el rostro de nuestros niños y jóvenes, cargados de futuro y esperanza, cargados de mañana y posibilidad, que exigen dedicación y protección.
Ayúdame a mirar el rostro, surcado por el paso del tiempo, de nuestros ancianos; rostros portadores de la memoria viva de nuestros pueblos; rostros de la sabiduría operante de Dios.
Ayúdame a mirar el rostro de nuestros enfermos y de tantos que se hacen cargo de ellos; rostros que, en su vulnerabilidad y en el servicio, nos recuerdan que el valor de cada persona no puede ser jamás reducido a una cuestión de cálculo o de utilidad.
Ayúdame a mirar el rostro arrepentido de tantos que intentan revertir sus errores y equivocaciones y, desde sus miserias y dolores, luchan por transformar las situaciones y salir adelante.
Ayúdame a mirarte y a contemplarte en la cruz. Desde la cruz sigues siendo portador de amor y esperanza; mano tendida para aquellos que se sienten crucificados, que experimentan en su vida el peso de sus fracasos, desengaños y desilusión.
Ayúdame a mirarte y a contemplarte en la cruz, para vencer los demonios de la desconfianza, la apatía y la resignación; para exclamar: ¡El Reino de Dios es posible! ¡un mundo más fraterno es posible!
(Ideas tomadas de la homilía de Francisco, en el Miércoles de Ceniza 2018)
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Ver los signos del Reino
en esa madre o en ese padre que cambia el pañal de su hijo sonriendo, a pesar del cansancio;
en ese mendigo que comparte su mendrugo de pan;
en ese voluntario que trabaja y sólo cobra el sueldo de la satisfacción;
en ese político o en ese hombre de negocios que renuncia a caer en la corrupción;
en esa abuela que ya no puede hacer otra cosa por su familia más que rezar;
en la niña que sabe acercarse a ese compañero triste;
en ese misionero que se deja la piel por los más pobres;
en todos aquellos que no se callan ni se cruzan de brazos frente a las injusticias;
en esa religiosa que renunció con alegría a los placeres del mundo, para consagrarse a Ti y a los más necesitados;
Señor, danos una mirada contemplativa, para descubrirte
en mí y en cada persona:
en nuestros deseos de amar, de servir, de compartir, de ser felices.
Allí estás, Dios mío. Y allí te dejas encontrar. ¡Gracias!
domingo, 9 de octubre de 2016
Oraciones de San Francisco
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta, esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento. Señor,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.
Tú eres el santo Señor Dios único, el que haces maravillas.
Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría,
tú eres la humildad, tú eres la paciencia,
tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre;
tú eres la seguridad, tú eres el descanso,
tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría,
Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe,
tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura,
tú eres nuestra vida eterna,
grande y admirable Señor,
Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti. Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos con flores de colores y hierbas.
Alabado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación.
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.
viernes, 6 de mayo de 2016
Futuro tan presente
cuándo llegará tu día
sino por dónde atraviesas el presente,
por qué existe el malvado
sino de qué manera lo salvas ahora,
jueves, 5 de mayo de 2016
Tienen ojos y no ven
en la noche estrellada,
en el diario acontecer de los días
y en la aparente monotonía de la Historia humana.
Te vistes de verdura con la naturaleza;
de azul en el lejano firmamento;
eres ruido sonoro en la pendiente cascada;
paz y tranquilidad en el lago cristalino.
lunes, 2 de mayo de 2016
Sin Ti mi vida se seca
Quiero encontrarte en la oración, en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio se sitúa de frente a mí, ante Ti.
¡Quiero buscarte! Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos de todos sus inquilinos.
En la paz y en el dolor
He escuchado el latido de tu corazón en la tranquilidad perfecta de los campos,
en el sagrario de una catedral vacía,
en la unidad de mente y corazón de una asamblea de personas que te quieren.
Te he encontrado en el gozo, donde a menudo te busco.
domingo, 1 de mayo de 2016
Te manifiestas en nuestra historia
porque, una vez más, te manifiestas
en medio de nuestra historia
y de nuestras vidas.
Te buscaré
en el lloro y en la risa, en la pena y en el canto,
en el paso del que llega y en los ojos del vigía,
en el ruido y en la espera, en el coche y el asfalto.
Te bendecimos por el don del Espíritu
por el don del Espíritu que, por tu Hijo, haces al mundo.
Lo hiciste al principio,
cuando incubabas el universo al calor del Espíritu,
para que naciera un mundo de luz y de vida,
que pudiera albergar al hombre.
Te bendecimos, Espíritu
fuente de vida y novedad,
dador de identidad cristiana y libertad,
que renuevas constantemente la faz en la tierra.
Tu rostro buscaré
Buscando los destellos de tu rostro; me pongo en tu presencia y la nube me ilumina, la nube que me envuelve y me penetra, transparencia de tu gloria, sacramento, y guardo tu rostro y tu palabra.
Tu rostro buscaré, Señor; orando en el templo, buscaré; escuchando tu silencio, buscaré; y buscando siento que me miras, y entraño la mirada de tu rostro.
Tu rostro buscaré, Señor; bajaré hasta la choza y la chabola, para orar, para estar con los excluidos, inmigrantes de color, receptores de todos los rechazos y rostros humillados, suplicantes, en el fondo, como el tuyo.
El cielo se abre en su presencia y yo me siento como un reo, porque no hay lugar en nuestras casas.
Soy la más pequeña. Magnificat
pero Dios me ha mirado,
y yo grito mi alegría.
Comparto la pobreza de mi pueblo,
el pequeño Israel, "su siervo",
pero Él con su misericordia me ha mirado,
y yo desbordo de gozo
como en el día de boda,
y proclamo con fuerza la belleza de su amor.