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martes, 24 de febrero de 2026

No te conformes

No te conformes
con sombras.
Busca la luz.
Si un fulgor despierta
en ti ansias de otra vida,
hambre de amor
o anhelo de justicia,
deja atrás las seguridades
y persigue la estrella.
Adonde quiera llevarte, vete.
Allí, en una cuna improbable
encontrarás respuestas.
Descubrirás a Dios
arropado por los excluidos
de todas las eras de la historia.
Verás al todopoderoso
con las manos vacías.
Oirás su corazón, latiendo
al ritmo de esta humanidad atribulada.
Escucharás el llanto
de todos los inocentes
que no tienen posada
en un mundo inhóspito.
Justo ahí, en ese punto,
está la encrucijada,
y tú tendrás que elegir:
adorarlo o ignorarlo.
Entregarle tus dones
o guardarlos para ti.
Compartir la intemperie
o secuestrar a Dios
para encerrarlo en jaula de oro.
Hacerte discípulo
o espectador.
La decisión es tuya.

(José María R. Olaizola, SJ)

 

Un corazón sin puertas

Señor, en tu corazón, sin puertas,
cabemos todas las personas.
Para tu proyecto de fraternidad
nos llamas a todos, todos, todos:
mujeres y hombres, ricos y pobres,
sanos y enfermos, vecinos y extranjeros;
personas con buena fama y con mala,
de una tendencia política y de otra,
sea cual sea su forma de rezar, amar y vivir.
Hoy te damos gracias y te pedimos
por las mujeres y hombres que han luchado y luchan
frente a la injusticia y la violencia contra la mujer.
Bendice sus esfuerzos con tu Espíritu
Y que su causa sea nuestra causa.
Danos un corazón abierto, como el tuyo,
para acoger a cualquier persona, sin prejuicios;
para trabajar contra toda discriminación
y construir así tu Reino de fraternidad,
como Tú y Contigo. Amén. 

Dame una fe sencilla

Dame una fe sencilla,
como risa de niños cuando juegan,
como gota de rocío que se rueda,
como cruz de rústica madera.
Dame una fe sencilla,
que se siente a la mesa de los pobres,
que se alegre de alegrar sus corazones
y que llore también con sus dolores.
Una fe así, parecida a ti:
sencilla, como fue a la tierra tu venida,
como fueron tus historias campesinas,
como fue tu hogar en Palestina.
Dame una fe sencilla,
para curar con esperanza la tristeza,
para cantar por el perdón en esta guerra,
para avivar el pabilo que humea.
Dame una fe sencilla,
que no le da espacio a la mentira
que no logra acomodarse a la injusticia
y no calla lo que sabe que da vida.
Una fe así, parecida a ti,
sencilla, como tu mirada compasiva,
como aquellas aldeas recorridas,
como el amor que te llevó a dar la vida;
a dar la vida, a dar la vida.

Santiago Benavides 

¿Quién es el más importante?

Ante esta pregunta, Jesús, tu respuesta es clara:
En el Reino de Dios son importantes...
quienes se hacen como niños y acogen con ternura a los pequeños,
quienes se despojan del manto y lavan los pies de sus hermanos,
quienes son pobres de espíritu y se dejan ayudar,
quienes permanecen mansos incluso cuando son hostigados,
quienes tienen un corazón capaz de llorar el dolor ajeno,
quienes sienten hambre y sed de justicia para todos,
quienes practican la compasión y la misericordia,
quienes tienen una mirada limpia para descubrir la bondad,
quienes cultivan la paz en su corazón y en su entorno,
quienes abrazan la injuria y la persecución por causa de la justicia.
Ayúdanos, Señor, a avanzar por este sendero, como Tú y Contigo. 

Esas puertas no sacian mi corazón

Señor, tú, como buen padre y buena madre, deseas mi felicidad. Anhelas que viva con alegría, aquí y por toda la eternidad. Por eso me amas sin medida y me muestras el camino de la vida, el sendero de la salvación.
Yo también quiero alcanzar esa meta, Señor. Quiero ser feliz ahora y siempre. Pero a veces cierro mi corazón a tu amor y busco puertas anchas, donde quepan todos mis caprichos. Elijo caminos cómodos, sin cruces que incomoden mi paso.

Una y otra vez descubro que esas puertas y caminos no sacian mi corazón. Señor, que el soplo del Espíritu y el testimonio de mis hermanos me ayuden a abrirme a tu amor, y a elegir siempre la puerta del amor y el camino de la entrega. 

jueves, 5 de febrero de 2026

Apártate, Señor, que soy un pecador

Señor,
tu luz evidencia mis sombras;
tu santidad, mis pecados;
tu amor, mi egoísmo;
tu verdad, mis mentiras;
tu compasión, mi dureza de corazón;
tu vida, mis zonas muertas.
Y también yo, como Pedro, te digo:
Apártate, Señor, que soy un pecador.
Mi soberbia no soporta tu santidad
y, como no te vas Tú, me alejo yo.
Pero Tú me quieres como soy;
abrazas mi existencia entera
y me lanzas mar adentro,
para que siga creciendo
para que ame más y mejor.

GRACIAS. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Superficialidad

Señor, me conmueve tu mirada, capaz de atravesar la superficialidad y descubrir la generosidad escondida de la viuda, mientras desenmascara la vanidad de quienes exhiben sus donativos.

Enséñame a mirar como Tú: con serenidad que da paz, con hondura que revela la verdad, con amor que abraza y compromete.

Haz que mi mirada brote del corazón y se traduzca en gestos de servicio, para edificar tu Reino de justicia y vida, donde todos experimentemos el abrazo del Padre y vivamos como auténticos hermanos y hermanas. Amén. 

viernes, 30 de enero de 2026

Unidos en la pluralidad

Señor de la vida y de la historia, abre nuestros ojos y nuestro corazón para reconocer la riqueza que habita en cada persona y en cada pueblo. Concédenos la gracia de valorar los dones y los valores de quienes son distintos a nosotros, de aprender de sus experiencias con gratitud y de compartir con ellos nuestras riquezas materiales y espirituales.

Enséñanos a caminar juntos, sin miedo a la diferencia, y a construir, con respeto y solidaridad, un mundo donde la justicia y la paz florezcan.
Haz que nuestras palabras y acciones sean semillas de encuentro, para que, unidos en la pluralidad, podamos ser testigos de tu Reino en la tierra. Amén. 

Un corazón puro

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me dejes vagar lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Enséñame a vivir la alegría profunda de tu salvación,
Hazme vibrar con espíritu generoso:
entonces mi vida anunciará tu grandeza,
enseñaré tus caminos a quienes están lejos,
los pecadores volverán a ti.
Hazme crecer, Dios,
Dios, Salvador mío,
y mi lengua cantará tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Adaptación del Salmo 50 

Un corazón humilde

Señor, me acerco a ti para encontrar amor y paz, para que me des fuerza en el camino, para que sostengas mis pasos cuando me falten las fuerzas y me ilumines en los momentos de duda.
Me acerco a ti, pero me incomoda que rompas mis esquemas, mi forma de pensar, de vivir; no me gusta que me muestres mis incoherencias y me conduzcas adonde no quiero ir.

Dame un corazón humilde y una mente abierta, para acoger tus sorpresas sin miedo, para recibir tu bendición como quieras y donde quieras, para confiar en que tus planes son más grandes y bellos que los míos. Amén. 

jueves, 29 de enero de 2026

El susurro de Dios

Gracias, Cristo, porque al nacer te inclinaste hacia nuestra pequeñez y tocaste con tu luz la oscuridad de nuestro mundo. Gracias porque en tu Bautismo te uniste a nosotros, pecadores, cargando sobre tus hombros el peso de nuestras culpas y regalándonos la fortaleza que brota de tu amor.
Gracias, Cristo, porque no viniste a ser servido, sino a servir, a servirnos. Porque no rompes la caña herida ni apagas la llama temblorosa. Porque edificas tu Reino con la fuerza de los débiles, la riqueza de los pobres, la bondad de los que fallan, la sabiduría de los sencillos y la grandeza de los pequeños. Gracias por mirarme, por llamarme, por contar conmigo.
Gracias, Padre, porque en nuestro bautismo, y cada vez que dejamos que tu voz resuene en nuestro interior, nos susurras: “Tú eres mi hija amada. Tú eres mi hijo predilecto”. Gracias por tu amor que abraza, por tu ternura que sostiene, por tu corazón que acoge.

Gracias, Espíritu Santo, porque renuevas nuestro corazón y lo modelas para caminar en el servicio, siguiendo las huellas de Jesús. Amén.