martes, 24 de febrero de 2026
Manos abiertas
miércoles, 5 de abril de 2023
Contigo soy el que soy sencillamente
Contigo soy el que soy sencillamente,
sábado, 23 de julio de 2022
Dureza de corazón
Discípulos
Sólo así podré ser un árbol sano que da frutos sanos,
Asombro y apertura
¡Qué poca capacidad de asombro tenemos, Señor!
Desechamos lo que no cabe en nuestra cabeza.
Criticamos a las personas que no siguen la costumbre o la moda.
En el fondo, creemos ser la medida del mundo.
Así limitamos a los demás y nos reducimos a nosotros mismos.
Danos un corazón y una mente abiertos,
para acoger la grandeza de tu amor, siempre más grande,
para recibir la sabiduría sorprendente de tu palabra,
para aprender de cada persona que camina a nuestro lado,
para disfrutar de la belleza inconmensurable de tu creación.
Señor, a pesar de mi pequeñez, tengo hambre de infinito.
Que sepa crecer cada día en humildad y en apertura. Amén.
Recibir a Jesús
domingo, 31 de octubre de 2021
Salvación gratuita
Señor Jesús, ayúdame a entender que la salvación que Tú me ofreces comienza en esta vida, en esta tierra; cuando abro mi corazón a Ti y a los hermanos, y no tanto a las cosas que me prometen una felicidad que nunca llega; cuando elijo la puerta del Evangelio: la puerta del amor, el servicio y la entrega, dejando de lado otras puertas más cómodas, más anchas, más egoístas... menos humanas. Este es el camino de la felicidad más grande, aquí en la tierra y por toda la eternidad.
Ayúdame a entender que la salvación es un regalo tuyo, enteramente gratuito; que no tengo que “ganar puntos”, con angustia y con miedo, para disfrutar de la vida feliz que tú preparas para todos tus hijos e hijas; que Tú sólo me pides un corazón abierto, para recibir tu amor, para amarte, para amar como Tú y Contigo a las personas más cercanas y a aquellas más necesitadas.
¡Gracias, Jesús, por compartir con nosotros tu vida divina!
lunes, 26 de abril de 2021
Dios cercano
Sin embargo, a veces estamos cerrados, muy cerrados, para percibirte, para acogerte, para dejarte crecer en nuestra vida, para disfrutar de tu amistad gratuita. Estamos cerrados a causa del dolor, los prejuicios, nuestros intereses egoístas, apegos y dependencias, porque no te conocemos tal como eres.
Abre nuestro corazón clausurado. Cura nuestra ceguera, para percibirte en la belleza de cada ser y en el amor de cada corazón verdaderamente humano. Sana nuestra sordera, para escuchar tu Palabra, que nos invita a estar contigo y a gozar de tu cercanía: “He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, Yo entraré y cenaré con él y él conmigo”.
¡Quiero acogerte, Señor! ¡Abre todos mis sentidos para percibirte, para acogerte, para amarte, para amar contigo y como tú! Amén.
domingo, 25 de abril de 2021
Ternura rechazada
Señor Jesús, ¡qué feliz soy cuando tengo el corazón abierto, para recibir tu amor y el cariño de las personas que me quieren, para compartir las bendiciones que Tú me regalas!
Pero, a veces -demasiadas veces- me alejo de todos, me aíslo y me cierro; por miedo a fallar o por el temor a sentirme defraudado, porque no me siento digno o porque me considero superior a los demás.
Yo me cierro y no me dejo ayudar y, sin embargo, me cuesta aceptar que otras personas no se dejen cuidar por mí.
Señor, ayúdame a ser más humilde y más abierto. Ayúdame a salir de la cárcel en la que me encierro.
Que sepa afrontar con serenidad el rechazo que sufro cuando vivo tu Evangelio, cuando te anuncio, cuando procuro ayudar a determinadas personas, cuando trabajo por construir un mundo más justo y más fraterno.
Qué el fracaso no me detenga y sea fiel, como San Esteban, a la misión de transmitir el amor y la ternura que Tú nos regalas en cada Navidad. Amén.
Todo es gracia
Padre bueno, a veces mi fe se queda en la predicación de Juan.
Me agobio con lo que debo hacer y olvido lo mucho que me das.
No acabo de pasar del Antiguo Testamento a la novedad del Nuevo.
Ayúdame a comprender y a vivir con mayor plenitud...
que la oración no es una obligación, sino un derecho que me has dado;
que no se trata de que me convierta, sino de dejar que Tú me modeles;
que la salvación es un regalo, no es un spa, que debo comprar con sacrificios y buenas obras;
que hacer el bien a los demás no debe ser motivo de orgullo, sino de acción de gracias;
que la confesión no es el precio de tu perdón, sino un abrazo que me da tu paz;
que Tú me amas siempre: cuando estoy en casa, cuando me escapo y cuando vuelvo;
que no debo ir a Misa y ser solidario para comprar tu bondad, sino para agradecerla.
Señor, gracias por el amor, la esperanza y la fe que me has dado gratis, siempre gratis.
Qué tenga siempre el corazón abierto para recibir tus bendiciones y para compartirlas.
sábado, 28 de noviembre de 2020
No se os embote la mente
jueves, 24 de octubre de 2019
Cuando me encierro... PADRE
cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tú,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.
Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
el amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.
Que yo vuelva a ver
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos...
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:
¡PADRE NUESTRO!
Ignacio Iglesias, sj
Pobre Dios
Aquí estoy.
Sin grandes palabras que decir.
Sin grandes obras que ofrecer.
Sin grandes gestos que hacer.
Solo aquí. Solo. Contigo.
Recibiré aquello que quieras darme:
luz o sombra. Canto o silencio.
Esperanza o frío. Suerte o adversidad.
Alegría o zozobra. Calma o tormenta.
Y lo recibiré sereno,
con un corazón sosegado,
porque sé que tú, mi Dios,
también eres un Dios pobre.
Un Dios a veces solo.
Un Dios que no exige, sino que invita.
Que no fuerza, sino que espera.
Que no obliga, sino que ama.
Y lo mismo haré en mi mundo,
con mis gentes, con mi vida:
aceptar lo que venga como un regalo.
Eliminar de mi diccionario la exigencia.
Subrayar el verbo “dar”.
Preguntar a menudo: “¿Qué necesitas?”
“¿Qué puedo hacer por ti?”,
y decir pocas veces “quiero” o “dame”.
Y así sigo, Dios: Aquí,
sin más, en soledad.
En silencio.
Contigo, mi Dios pobre.
José M. R. Olaizola
jueves, 30 de mayo de 2019
Infinita paradoja de carne
se vuelve nada,
cuando el que es dueño
busca morada,
cuando el que puede
débil se halla,
de nada sirven mis ínfulas romas,
de nada valen mis formas pomposas,
mis necios honores son para nada.
Cuando el que crea
late en un vientre,
cuando el que truena
llora naciente,
cuando el ignoto
crece y aprende,
de nada sirven mis huecos proyectos,
de nada valen mis doctos consejos,
mis vanos méritos son para nada.
Cuando el que juzga
es perseguido,
cuando el que reina
tiembla de frío,
cuando el que ordena
busca cobijo,
ya solo queda salir de mi barca,
ya solo vale abrirte mi alma,
darte el timón y soltar mis amarras,
amar la enseña del amor que ama.
José Manuel Llamas
02/12/2017
(Basado en Hilario de Poitiers, De Trinitate 2, 25)
sábado, 18 de mayo de 2019
Dios tiene sed de ti
miércoles, 8 de mayo de 2019
Si el amor te escogiera
llegar hasta tu puerta y ser tu huésped
¡Cuidado con abrirle e invitarle,
si quieres ser feliz como eras antes!
Pues no entra solo: tras él vienen
los ángeles de la niebla tu huésped solitario
sueña con los fracasados y los desposeídos
con los tristes y con el dolor infinito de la vida.
Despertará en ti deseos que nunca podrás olvidar,
te mostrará estrellas que nunca viste antes;
te hará compartir, en adelante
el peso de su tristeza divina sobre el mundo.
¡Listo fuiste al no abrirle! y, sin embargo,
¡qué pobre, si lo echaste de un portazo!
Sidney Rosey Lysagth
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Ver los signos del Reino
en esa madre o en ese padre que cambia el pañal de su hijo sonriendo, a pesar del cansancio;
en ese mendigo que comparte su mendrugo de pan;
en ese voluntario que trabaja y sólo cobra el sueldo de la satisfacción;
en ese político o en ese hombre de negocios que renuncia a caer en la corrupción;
en esa abuela que ya no puede hacer otra cosa por su familia más que rezar;
en la niña que sabe acercarse a ese compañero triste;
en ese misionero que se deja la piel por los más pobres;
en todos aquellos que no se callan ni se cruzan de brazos frente a las injusticias;
en esa religiosa que renunció con alegría a los placeres del mundo, para consagrarse a Ti y a los más necesitados;
Señor, danos una mirada contemplativa, para descubrirte
en mí y en cada persona:
en nuestros deseos de amar, de servir, de compartir, de ser felices.
Allí estás, Dios mío. Y allí te dejas encontrar. ¡Gracias!
viernes, 6 de mayo de 2016
Venid a la fiesta
No os quedéis fuera mirando con tristeza.
Celebremos la fiesta del Señor, la que nos mandó.
Ven a nuestra casa
Está oscura y necesita de tu luz
Se encuentra indecorosa, y necesitada de tu gracia
La hemos resquebrajado, y necesita de tu mano
Es incómoda, y necesita de tu presencia
Velar
Velar consiste en mirar una y otra vez por la ventana. En desplegar nuestras antenas a los cuatro puntos cardinales en busca de algún signo que apunte la llegada.
Velar es quitar estorbos y embellecer la casa, para que pueda suceder en ella algo feliz.
Velar consiste en arreglarlo todo para que pueda tener lugar la fiesta, sin pérdida de tiempo, apenas llegue el amigo a quien se espera.