jueves, 20 de julio de 2023
Me duele el desprecio
miércoles, 5 de abril de 2023
Si lo único que busco es protegerme...
Huimos del compromiso y la cruz
sábado, 23 de julio de 2022
Discordias y discordias
Perdona tantas discordias y luchas
Que busque la paz siempre, como Tú, Señor,
Compartir lágrimas
Señor Jesús, conoces bien nuestro dolor,
la pena que provocan las ausencias, la soledad, el miedo,
la impotencia de no saber cómo echar una mano,
la inquietud ante el futuro que nos espera…
Conoces el sufrimiento de todos tus hijos e hijas.
Para muchos, el Viernes Santo no ha terminado.
Tu cruz sigue siendo una realidad actual, muy presente…
en los pueblos castigados por la guerra, el hambre, las injusticias..
en tantas personas, más acostumbradas a sufrir que a gozar.
Señor, Jesús, sabemos que Tú estás siempre a nuestro lado.
Ayúdanos a descubrirte y a recibir tu consuelo y tu paz.
Que no nos encerremos en el dolor o en el bienestar,
que nuestro corazón esté abierto a los menos afortunados
y sepamos compartir las lágrimas de los que lloran.
Sufrimos y lloramos, pero nuestras lágrimas son pasajeras.
Sabemos que Tú has resucitado de entre los muertos
y que la resurrección es una fuerza imparable,
que convierte el mal en bien, la muerte en vida,
y nos va transformando en mujeres y hombres nuevos.
Reconocemos la presencia del Espíritu en muchas personas,
creyentes y no creyentes; niños, jóvenes, adultos y ancianos,
que trabajan y dan su vida por el bien de todos,
que inventan nuevas formas de cercanía y amor,
que defienden, con palabras y obras, a los últimos.
También sabemos que esta vida, tan bonita y, a la vez, tan injusta,
desembocará en el mar de la vida auténtica, plenamente feliz;
donde nadie estará triste, ni tendrá que llorar,
gozaremos continuamente de tu amor de padre y de madre,
y disfrutaremos de la alegría de la perfecta fraternidad.
Por compartir nuestras lágrimas, gracias, Jesús.
Por alentar nuestra esperanza, gracias Jesús.
Al mundo entero
viernes, 22 de julio de 2022
Cuidado con la gente
sábado, 15 de enero de 2022
Te encuentro en el dolor
¡Te he encontrado en muchos lugares, Señor!
Te he sentido palpitar en el silencio profundo de una ermita alpina,
en la penumbra del sagrario de una catedral vacía,
en el respiro unánime de una muchedumbre que te ama y llena las arcadas de tu iglesia de cantos y de amor.
Te he encontrado en la alegría.
Te he hablado más allá del firmamento estrellado, mientras, de noche y en silencio, volvía del trabajo a casa.
Te busco y a menudo te encuentro.
Pero donde siempre te encuentro es en el dolor.
Un dolor, cualquier dolor, es como el sonido de la campanilla que llama a la esposa de Dios a la oración.
Cuando aparece la sombra de la cruz, el alma se recoge en el tabernáculo de su intimidad
y olvidando el tintineo de la campana, te «ve» y te habla.
Eres Tú, que vienes a visitarme.
Soy yo que te respondo: «Heme aquí, Señor. Te quiero. Te he querido».
Y en este encuentro mi alma no siente su dolor, pues está como embriagada de tu amor,
invadida por Ti, impregnada de Ti: yo en Ti, Tú en mí, a fin de que seamos uno.
Luego, abro de nuevo los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrida,
para conducir tu guerra.
Chiara Lubich
miércoles, 3 de noviembre de 2021
Posponer, renunciar, cargar
A primera vista, parece, Jesús que no lo pones fácil.
Es más, parece que pides lo que no te podemos dar.
Sin embargo, si me paro a pensar, me doy cuenta:
conseguir una carrera universitaria conlleva renuncias,
tener hijos supone posponer muchos deseos personales,
trabajar por un mundo más justo, tiene su parte de cruz.
Así es la vida: No se trata de renunciar por renunciar.
Renunciamos a cosas importantes para conseguir un bien mayor.
Y quien no renuncia a nada, no alcanza nada.
Así es también la vida de fe. Renunciamos por amor.
Por amor a ti, Señor; por amor a los hermanos.
Cargamos con la cruz, para construir tu Reino.
Queremos renunciar con alegría y generosidad,
sabiendo que Tú, antes o después nos das el ciento por uno.
Gracias por enseñarnos el camino de la vida auténtica,
gracias por haberme concedido la gracia de conocerla un poquito,
gracias por las personas que me animan a recorrer este camino.
Gracias.
jueves, 13 de mayo de 2021
Rechazados como tú y contigo
Señor, Jesús,
a veces somos criticados y rechazados…
por ser interesados y egoístas,
por nuestra sed de poder y tener,
por nuestros errores y torpezas,
por nuestros excesos y defectos
en lo que decimos y hacemos,
en el modo de tratar a las personas.
Pero en otros momentos somos criticados y rechazados…
por decir verdades incómodas,
por denunciar injusticias y mentiras,
por no reír comentarios ofensivos,
por defender a las personas más pisoteadas…
Señor Jesús, ayúdanos a afrontar las contradicciones;
a reconocer los errores por los que somos criticados;
a seguir haciendo el bien, aun cuando seamos rechazados por ello,
como Tú y contigo.
lunes, 26 de abril de 2021
Denunciar caprichos e injusticias
Ayer, Herodes quiso tener como mujer a la esposa de su hermano, y mató a Juan Bautista, por decirle la verdad. Y el cónsul Quintiliano se encaprichó de una joven llamada Águeda, a la que acabó torturando y asesinando, cuando se negó a entregarse a él.
Hoy muchos poderosos controlan las noticias que pueden ser contadas, pretenden aumentar sus ingresos, aunque tengan que exprimir a personas humildes; aunque causen pobreza y muerte en pueblos enteros. Todavía hoy, hay mujeres y hombres, niños y adultos, que son comprados, explotados y prostituidos…
También yo he sentido el abuso de algunos, que se creían por encima de mí, y en otras ocasiones, he tratado mal a quienes estaban por debajo de mi posición. Así de pequeño y pecador soy. Perdóname.
Señor, dame la fuerza de Juan Bautista, para no esconder verdades molestas, y la de Águeda, para decir no a los caprichos de los poderosos. Dame fuerza para no perder la dignidad frente a los grandes que hacen daño; para cuidar la pureza, la verdad, la justicia, la fe y el amor. Amén.
sábado, 28 de noviembre de 2020
Creer en el invierno de la vida
Padre bueno, enséñanos a reconocer los signos de tu Reino, cuando el árbol de la vida está lleno de hojas verdes y frutos maduros: las personas que se juegan la salud y la vida por los demás; las que cuidan a los que llegan en pateras y a quienes no tienen casa; las sanitarias y sacerdotes que cogen la mano a los enfermos, aunque tengan miedo; esas personas que nos impactan por su sencillez, su sinceridad, su entrega, su generosidad; las comunidades verdaderamente fraternas, donde se comparte y todos se ayudan mutuamente; tantos padres y madres que se sacrifican cada día por sus hijos con una sonrisa. ¡Qué fácil es encontrarte en estos frutos maduros y en tantos otros!
Y qué difícil es reconocerte cuando el árbol de la vida está desnudo de hojas y frutos: cuando solo se difunden malas noticias y parece que la malicia se extiende; en los días en los que no te sientes hermano, ni amigo, ni hijo. En esos momentos, también estás, aunque lo nieguen las apariencias y las sensaciones. Tú, Dios bueno, eres como la sabia, que, silenciosamente, sostiene el árbol y, en su momento, ceba y abre las yemas, hace brotar ramas, hojas y flores y, finalmente, alimenta y madura los frutos. Ayúdanos a crecer en esta esperanza. Amén.
La cruz de cada día
domingo, 1 de noviembre de 2020
Ser rechazado y sufrir como Tú
Señor Jesús,
Señor, quisiera amar como tú, rezar como tú, defender a los más pequeños como tú, ser libre como tú, decir la verdad como tú, incluso servir como tú… Pero me da miedo ser rechazado como tú y sufrir como tú.
Muchas veces, cuando preveo dificultades y problemas, dejo de hacer el bien, escondo la verdad, busco un camino más fácil, olvido la justicia... Dame fuerza, Señor, para asumir el rechazo, las dificultades y la cruz, como tú. Siempre como tú y contigo.
sábado, 9 de mayo de 2020
Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe-
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel!
Virgen experta en penas
Tú lo sabes , Señora,
nos espera el dolor,
Los hijos muertos,
la angustia del salario que no llega,
el puñetazo cruel de la injusticia,
la violencia y la guerra,
el horrible vacío de tantas soledades,
los infinitos ríos del llanto de los hombres.
¿Y a quién acudir
sino a tu lado,
Virgen experta en penas,
sabia en dolores,
maestra en el sufrir,
conocedora de todas las espadas?
Por el cansancio del camino a Belén
te pedimos por todos los cansados.
Por el frío de la cueva y la noche de Navidad,
acuérdate de los que tienen hambre.
Por el dolor del Hijo que perdiste en el
templo,
ayuda a tantos padres que pierden a sus hijos
por los más turbios caminos,
Por los años de oscura pobreza en Nazaret,
da un más ancho salario de amor a tantos
hombres
que ven como decrecen sus salarios.
Por el largo silencio de tus años de viuda,
acompaña a tantos y tantos solitarios.
Por la angustia de ver perseguido a Jesús,
no abandones a tantos que la injusticia aplasta.
Por las horas terribles del Calvario y la sangre,
siéntate cada tarde al borde de la cama
de todos los que viven muertos sin salud y sin
fuerzas.
Tú, que sabes de espadas, Virgen Madre
de los dolores,
pon en tu corazón a cuantos tienen el alma
destrozada.
J.L. Martín Descalzo
Entre lágrimas y esperanzas
la pena que provocan las ausencias y la soledad,
el miedo por contagiar o por ser contagiados,
la impotencia de no saber cómo echar una mano,
la inquietud ante el futuro que nos espera…
Conoces el sufrimiento de todos tus hijos e hijas.
Para muchos, el Viernes Santo no ha terminado.
Tu cruz sigue siendo una realidad actual, muy presente…
en los pueblos castigados por la guerra, el hambre, las injusticias..
en tantas personas, más acostumbradas a sufrir que a gozar.
Señor, Jesús, sabemos que Tú estás siempre a nuestro lado.
Ayúdanos a descubrirte y a recibir tu consuelo y tu paz.
Que no nos encerremos en el dolor o en el bienestar,
que nuestro corazón esté abierto a los menos afortunados
y sepamos compartir las lágrimas de los que lloran.
Sufrimos y lloramos, pero nuestras lágrimas son pasajeras.
Sabemos que Tú has resucitado de entre los muertos
y que la resurrección es una fuerza imparable,
que convierte el mal en bien, la muerte en vida,
y nos va transformando en mujeres y hombres nuevos.
Reconocemos la presencia del Espíritu en muchas personas,
creyentes y no creyentes; niños, jóvenes, adultos y ancianos,
que arriesgan su salud y su vida por el bien de todos,
que inventan nuevas formas de cercanía y amor,
que defienden, con palabras y obras, a los últimos.
También sabemos que esta vida, tan bonita y, a la vez, tan injusta,
desembocará en el mar de la vida auténtica, plenamente feliz;
donde nadie estará triste, ni tendrá que llorar,
gozaremos continuamente de tu amor de padre y de madre,
y disfrutaremos de la alegría de la perfecta fraternidad.
Por compartir nuestras lágrimas, gracias, Jesús.
Por alentar nuestra esperanza, gracias Jesús.
Coronavirus. Oración ante el Santísimo
Nuestro Salvador, Dios con nosotros, fiel y rico en misericordia.
Rey y Señor de la creación y la historia.
Vencedor del pecado y muerte.
Amigo del hombre, resucitado y vivo a la diestra del Padre.
Te adoramos, Señor
Creemos en ti, Señor
Hijo unigénito del Padre, bajado del cielo para nuestra salvación
Médico celestial, que te inclinas sobre nuestra miseria
Cordero inmolado, que ofreces para redimirnos del mal
Buen Pastor, que das tu vida por el rebaño que amas
Pan vivo y medicina de inmortalidad, que nos das vida eterna
Creemos en ti, Señor
Libéranos, Señor
Del orgullo y la presunción de poder prescindir de ti
De los engaños del miedo y la angustia.
De incredulidad y desesperación
De la dureza del corazón y de la incapacidad para amar
Libéranos, Señor
Sálvanos, Señor
De todos los males que afligen a la humanidad
Del hambre, el hambre y el egoísmo
De las enfermedades, las epidemias y del miedo al hermano
De locura devastadora, de los intereses despiadados y de la violencia
Del engaño, de la mala información y de la manipulación de las conciencias
Sálvanos, Señor
Consuélanos, Señor
Mira tu iglesia, que atraviesa el desierto
Mira a la humanidad, atemorizada por el miedo y la angustia
Mira a los enfermos y moribundos, oprimidos por la soledad
Mira a los médicos y profesionales de la salud, agotados por el esfuerzo
Mire a los políticos y administradores, que llevan el peso de las decisiones
Consuélanos, Señor
Danos tu Espíritu, Señor
En la hora de la prueba y la desorientación
En la tentación y en la fragilidad
En la lucha contra el mal y el pecado
En la búsqueda del verdadero bien y la verdadera alegría
En la decisión de permanecer en ti y en tu amistad
Danos tu Espíritu, Señor
Ábrenos a la esperanza, Señor
Si el pecado nos oprime
Si el odio cierra nuestros corazones
Si el dolor nos visita
Si la indiferencia nos angustia
Si la muerte nos amenaza
Danos tu Espíritu, Señor
Coronavirus. Oración ante la cruz
- tenemos un ancla:
en tu Cruz hemos sido salvados de la soledad
pues sabemos que Tú estás siempre a nuestro lado;
- tenemos un timón:
en tu Cruz hemos sido rescatados del miedo,
por tu Amor, más fuerte que nuestro peor enemigo;
- tenemos una esperanza:
tu Cruz es fuente de vida,
de vida fraterna y solidaria, de vida plena y eterna.
En medio del aislamiento,
sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros,
experimentando la carencia de tantas cosas,
Tú nos invitas a contemplar tus llagas gloriosas,
a mirar más allá del sufrimiento y el cruz,
a descubrirte resucitado, vivo y dando vida,
espabilando la llama vacilante de nuestro amor,
guiando nuestra mirada hacia quienes nos necesitan,
mostrándonos nuevas formas de hospitalidad y fraternidad,
suscitando el deseo de cuidarnos mutuamente, sin exclusiones,
liberando del miedo a quienes se juegan la salud y la vida,
descubriéndonos tu presencia en nuestro corazón,
abriéndonos a una esperanza más allá del dolor y la muerte,
despertando el deseo de una vida plena, de una vida eterna.
Amén.
Plegaria inspirada en la homilía de Papa Francisco, 27 de marzo.
Coronavirus. Personas luminosas
Pero nos animan tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas.
Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show; pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas... y tantos hombres y mujeres, que han comprendido que nadie se salva solo.
Cuánta gente, cada día, demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico, sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar esta crisis, readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.
Gracias, Padre, por tantas personas que llenan de luz este momento de oscuridad.
Ayúdame, ayúdanos a todos a seguir su ejemplo; a despertar y a activar esta solidaridad y esta esperanza capaz de dar fuerza, consuelo y sentido en estas horas difíciles.
Plegaria inspirada en la homilía de ayer del Papa Francisco.