Tú eres, Jesús, el Camino que conduce al Padre,
a la felicidad más grande, a la fraternidad mejor lograda.
El camino es abajarte a los más pequeños, como Tú y Contigo.
El camino es encarnarte en la vida, como Tú y Contigo.
El camino es trabajar y orar discretamente, como Tú y Contigo.
El camino es abrirse al Espíritu, como Tú y Contigo.
El camino es vencer las tentaciones con la Palabra, como Tú y Contigo.
El camino es la pobreza, la mansedumbre, la pureza, como Tú y Contigo.
El camino es trabajar por la paz y la justicia, como Tú y Contigo.
El camino es acercarse y contar con los descartados, como Tú y Contigo.
El camino es trabajar lo posible y dejar el resto en manos del Padre, como Tú y Contigo.
El camino es amar y servir en todo, como Tú y Contigo.
El camino es compartirlo todo, darse sin medida, como Tú y Contigo.
El camino es rezar y confiar en el Padre, como Tú y Contigo.
El camino es esperar la resurrección tras cada muerte, como Tú y Contigo.
Tú eres, Jesús, el Camino que conduce al Padre,
a la felicidad más grande, a la fraternidad mejor lograda.
jueves, 20 de julio de 2023
Tú eres el Camino
martes, 18 de julio de 2023
Gracias por darme talentos
Gracias por los hombres y mujeres que has puesto en mi camino para hacer que te conozca un poco y te quiera mucho.
Gracias por darme talentos para ser sal y luz, a pesar de que los utilizo poco.
lunes, 25 de julio de 2022
Zebedeos
Como la madre de los Zebedeos, tampoco nosotros te conocemos. A veces nos dirigimos a Ti como si fueras un emperador o el genio de los tres deseos. Nos olvidamos de que Tú no tuviste donde reposar la cabeza y moriste sin nada en una cruz. Pedimos honores en vez de pedir capacidad para amar y servir, como Tú y Contigo. Decimos ser tus discípulos, pero no queremos vivir a tu estilo y cargar con tu cruz.
Como la madre de los Zebedeos, también a veces creemos que Dios tiene hijos de primera y de segunda: los que están a su lado, por sus propios méritos, y los que están en las periferias del cielo, por misericordia. Cura nuestra mundanidad, Señor, y ayúdanos a crecer en fraternidad, en una fraternidad de mujeres y hombres, todos distintos y todos iguales en dignidad.
Tienes razón. No sabemos lo que pedimos, porque andamos desorientados: te conocemos escasamente, ansiamos lo que no nos conviene y no sabemos cuál es el Camino de la Vida, de la vida feliz en esta tierra y de la eterna bienaventuranza en el cielo.
¡Conviértenos, Señor, como a Santiago y a Juan! ¡Y que nosotros nos dejemos convertir, como ellos!
sábado, 23 de julio de 2022
Transparencia de Dios
viernes, 22 de julio de 2022
Sal y luz
domingo, 9 de enero de 2022
Ayúdame a vivir mi bautismo
viernes, 30 de abril de 2021
¿Cómo podemos saber el camino?
Señor Jesús, hay momentos en los que veo claro el camino a seguir. Tu llamada resuena con fuerza en mi corazón. Te doy gracias por esa luz tuya, que me ayuda a ver más claro y ensancha los horizontes de mi libertad.
En otros momentos, la oscuridad me rodea y no sé qué camino tomar. No obstante, aunque no vea el camino, la fe me ayuda, al menos, a saber hacia donde orientar el próximo paso. Y, paso a paso, la oscuridad se despeja y el camino aparece.
Ayúdame a fijarme en Ti, Jesús, Camino, Verdad y Vida. Quisiera dejarme guiar por tu forma de vivir, de rezar, de tratar a las personas y amarlas, hasta el extremo. Quisiera preguntarte, con la sencillez y la confianza de un niño: ¿Qué harías Tú en esta situación? Quisiera escuchar tu palabra en la voz de los que me quieren y de quienes me necesitan.
Gracias, Jesús, por ser mi Camino, mi Verdad y mi Vida.
domingo, 25 de abril de 2021
Con Él, como Él, en su Iglesia
Señor Jesús, ¡qué a gusto estoy contigo, cuando logro superar la pereza y soy capaz de dejar para luego otras actividades más divertidas o más atrayentes; cuando siento tu cercanía y tu amor, aunque haya sido un desastre o no me hayan ido bien las cosas! Pero, soy tan poco constante y, sin querer, acabo alejándome de Ti. ¡Llámame de nuevo, Jesús, y ven a buscarme para estar contigo!
Señor Jesús, ¡qué feliz soy, cuando comienzo la jornada con el deseo y la voluntad firme de hablar como Tú, de servir como Tú, de entregar la vida como Tú, de poner mi granito de arena para que en mi familia y mi mundo se respire un poco más de respeto y de fraternidad! Entonces, crece mi libertad, mi capacidad de amar, mi esperanza… Pero, a veces me dejo arrastrar por la rutina, por lo que me apetece, por el cansancio... ¡Llámame de nuevo, Jesús, y dame fuerza, para vivir y anunciar contigo el Reino!
Señor Jesús, ¡mi fe se apoya en la confianza y el amor de tantos hermanos y hermanas, que me aprecian, me animan, me corrigen, me acompañan… Gracias por poner en mi camino tantos hombres y mujeres, niños y personas adultas, que te siguen, te sienten, te reflejan, ellas me ayudan a conocerte y a amar como Tú.
Pero a veces me desaniman los escándalos de la Iglesia; quiero ser aceptado en la comunidad tal y como soy, pero yo no acepto a todos y exijo una comunidad de personas perfectas. ¡Llámame de nuevo, Jesús, y dame fuerza, para ser humilde trabajador de tu Iglesia!
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Locos como Jesús
Señor, Jesús, también a Ti te tomaron por loco:
loco por dedicarte a cepillar maderos hasta los 30 años,
loco por hablar de Dios como un papá, con corazón de madre,
loco por ser libre ante los poderosos y ante los pobres
loco por ser amigo de pecadores y prostitutas,
loco por dedicar tu tiempo y tu vida a los demás,
loco por preferir la cruz a la mentira y al egoísmo,
loco por amor al Padre y a nosotros, tus hermanas y hermanos.
Líbrame, Jesús, de las locuras de este mundo:
la locura de encerrarme en mí y no abrirme a los demás,
la locura de no disfrutar de cada rayo de sol y de cada gesto de cariño,
la locura de vivir atado al rencor y al deseo de venganza,
la locura de dedicar más tiempo a las cosas y a las tareas que a las personas,
la locura de creerme demasiado bueno o demasiado malo,
la locura de no arriesgarme ni sacrificarme por nadie,
la locura de cerrarme a tu amor, a tu perdón y a tu fuerza.
Líbrame, Jesús, y ayúdame a ser loco como Tú y contigo.
martes, 8 de diciembre de 2020
Sobre roca
Señor, he visto caer a personas muy seguras de sí mismas, que creían que lo sabían todo, que hacían todo bien; que confiaban en su poder y en su dinero; que cuidaban sobre todo su apariencia y su bienestar; que no veían más que sus virtudes y los defectos de los demás, que se atrevían a dar lecciones con discursos llenos de arrogancia. Cuando llegó la tempestad, su vida se destruyó.
En cambio, veo permanecer en pie a personas humildes, bien conscientes de sus aciertos y errores, de sus debilidades y de sus talentos; que saben apoyarse en Ti y en los hermanos, que tratan amorosamente a los demás; que dan lecciones sin pretenderlo, con su testimonio de vida. Cuando les ha llegado la tempestad, han sufrido, se han tambaleado, pero se han mantenido.
Señor, Tú sabes que he caído muchas veces desde la apariencia, el orgullo, el egoísmo… Ayúdame a reconstruir mi vida, reconociendo mi verdad, apoyándome en Ti y abriéndome al bien de mis hermanos. Amén.
sábado, 28 de noviembre de 2020
Un corazón como el tuyo
La alegría de creer
domingo, 1 de noviembre de 2020
Santos de la puerta de al lado
Gracias, Jesús, por mostrarnos, con tu palabra y tu vida, el camino de la bienaventuranza, de la felicidad más grande.
Gracias, Jesús, por todas las personas humildes y limpias de corazón, que se fían del Padre; por las que comparten con misericordia las lágrimas de los tristes y el dolor de los que sufren; por las que tienen hambre de justicia y trabajan por la paz; aunque sean incomprendidas y perseguidas. Gracias por tantos "santos de la puerta de al lado".
Gracias, Jesús, porque crees en mis posibilidades de mejorar y me llamas para que avance por el camino del Evangelio, camino de la santidad. Con la ayuda de la comunidad y la fuerza de tu Espíritu, con el ejemplo de los santos y de tantas personas buenas, crecerá mi amor a Ti y a cuantos me rodean.
sábado, 9 de mayo de 2020
Corderos
manso, humilde, tierno, inocente...
Yo, Señor, prefiero identificarme con otros animales:
con el león o el águila, fuertes y poderosos;
con el mono, tan divertido y activo;
con el tigre o el caballo, ¡bellísimos!;
con el zorro o el cuervo, tan inteligentes;
con el delfín, tan atlético y simpático;
con el guepardo o el colibrí, ¡rapidísimos!
A veces quisiera dar miedo, como un tiburón;
o defender a los míos, como los elefantes;
o tumbarme en un diván, como un koala.
En fin, Señor, el cordero me parece poco adecuado,
poco atrayente, poco inteligente, para vivir feliz,
incluso, poco eficaz para construir tu Reino,
para luchar por un mundo más justo, limpio y fraterno.
Señor, convierte mis pensamientos y deseos.
Aunque esté muy lejos de Ti, Tú me atraes.
Hazme cordero. Humilde, manso, tierno.
Hazme cordero.
Quiero, Señor, darte mi sí más auténtico
Quiero seguirte, aunque me distraiga.
Quiero elegir tu estilo, aunque una y mil veces me deje tentar por otros diferentes.
Quiero vivir a tu manera, luchando contra otras ofertas de vida fácil.
Quiero amar, aunque mis necesidades griten más que las de otros.
Quiero ser manso, aunque yo mismo me sorprenda de mis arrebatos.
Quiero escuchar, aunque mis ruidos interiores no callen.
Quiero ser pobre, aunque mis deseos sean infinitos.
Quiero ser grande, aunque por dentro apenas crea en mí.
Quiero ser niño, aunque, a veces, presuma de adulto.
Quiero ser misericordioso, aunque me cueste.
Quiero ser tolerante, y aceptar a cada ser humano en su totalidad.
Quiero ser austero, y dar todo lo que me sobre, poco a poco.
Quiero trabajar por la justicia, y no descansar hasta que todos vivan.
Quiero luchar por la paz, y no poner la más mínima tensión alrededor.
Quiero llorar con los otros, y dar poca importancia a todo lo mío.
Quiero ser profundo, y tener cada día mi rato de charla contigo.
Quiero ser auténtico, y no dejarme engañar y distraer por otros dioses.
Quiero estar en el mundo, y hacerme amigo de los diferentes.
Quiero vivir atento a todas las necesidades del hermano.
Quiero vivir amando, y acercarme a todos los humanos.
Quiero vivir una vida plena, que ese es el sueño que tienes para mí.
Quiero imitar a María, la madre, la Inmaculada, la llena de gracia, la oyente de la Palabra.
Mari Patxi Ayerra
Santos y santas de la puerta de al lado
Santas y Santos desconocidos, mínimos, ocultos, sencillos; que se saben pequeños, pero dan amor y misericordia a todos; están por ahí como la levadura en el pan, regalando esperanza en tiempos duros.
Son madres y padres de familia, que trabajan duro, fuera y dentro de casa, y buscan tiempo para jugar con sus hijos. Familias que acogen a quien lo necesita, aunque vivan en cuarenta metros cuadrados, tengan tres hijos y un padre con demencia. Abuelos que abren la puerta a sus hijos, que llegan en paro con los suyos de la mano, poniendo a disposición su pensión de jubilación… ¡A ver si llegamos a fin de mes!
Santos y Santas anónimos que arriesgan sus vidas en la defensa de los que no tienen voz, viéndose atrapados en una maraña de leyes, que los toma por delincuentes en vez de por samaritanos. Santos y Santas que saben compartir y repartir, para que nadie se quede fuera o se sienta extranjero; empeñados en que la justicia llegue a todos, especialmente a quienes son discriminados por su color de piel, su lengua, su cultura, su religión, su sexo, su nivel económico…
Algunos recorren la ciudad de punta a punta, para pasar una hora escuchando a una anciana que vive en soledad absoluta y no habla con nadie. Después van a clase a la universidad.
Hay otros que intentan poner paz en su propia familia dividida y enemistada, viendo que todos pierden, y los niños los que más. Santos y Santas de un lado para otro, clamando por una paz que no llega; pacificando también sus ambientes de trabajo y sus barrios.
Los hay que recorren siete, ocho… diez pueblos, para celebrar misa cada fin de semana, cuando ya suman más de cincuenta años de sacerdocio. Otras dedican sus vidas a la oración y a acoger a quienes tienen sed de infinito.
Hay Santos y Santas que no se dejan corromper por el dinero ni el poder. Eso trae problemas, quedan señalados…
¿Cuántos son?... “Una muchedumbre inmensa, incontable, que procede de toda nación, raza, pueblo y lengua”, mujeres y hombres, niños, adultos y jóvenes...
Gracias por todos ellos, Señor.
Oración compuesta a partir de un texto de Mari Paz López Santos.
sábado, 10 de agosto de 2019
El secreto de San Lorenzo
"El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará y el que siembra generosamente, generosamente cosechará.
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
La felicidad huye despavorida de cuantos la desean solo para ellos mismos y persigue a quienes buscan el bien de los menos afortunados.
Si tienes que cambiar tu discurso, que sea por convicción, nunca por conveniencia, aunque pierdas el ascenso, las elecciones o a algún amigo.
Disfruta la vida todo lo que puedas y no sufras por cosas que no merecen la pena, pero apuesta cada día por el amor, la coherencia, la justicia, la verdad y la defensa de los más desamparados, aunque tengas que cargar la cruz del sufrimiento o soportar la parrilla del rechazo.
Abraza a Jesucristo decididamente, porque alegrará y ensanchará tu corazón, para que seas capaz de amar más y mejor, para que tu vida sea un regalo precioso para ti y para quienes te rodean”.
Gracias, Lorenzo, gracias.
miércoles, 19 de julio de 2017
Ser buena noticia
ser gesto, palabra, imagen, silencio, canción.
Salir a la calle a diario, llegar hasta el último rincón.
Llevar sin tardar, para todos, bocados de aliento… de Dios.
Vivir de tal manera, que a algunos despierte curiosidad
nuestro vivir con menos, con otros, con riesgo, con gratuidad.
Dejar que los otros, los pobres, coman de nuestro tiempo,
hasta encontrar en ellos, nosotros, la extraviada identidad.
Y siempre, siempre, siempre, buscar el sitio entre la gente.
Pues toda ella es, sin dudarlo, la buena noticia de Dios.
Posar sus miedos, alzar sus sueños, andar sus pasos intermitentes,
hasta lograr que todos destapen el gran tesoro que son por dentro.
Seve Lázaro, sj
jueves, 4 de agosto de 2016
Tu modo
viernes, 6 de mayo de 2016
Comulgar
Tuve frío y me vestisteis y me disteis calor.
Estuve enfermo y vinisteis a visitarme.
Estuve en la cárcel y no me despreciasteis...
Y es que siempre que hicisteis algo por vuestros hermanos,
conmigo lo hicisteis... dice Jesús.