Gracias, Señor, por mi cuerpo,
tu regalo y mi tesoro más estimado
para andar por este mundo.
Por los pies con que camino
al encuentro de mis hermanos,
gracias, Señor.
Por las piernas que me sostienen
y que nunca se cansan de mí,
gracias, Señor.
Por las manos, útiles herramientas,
para trabajar, servir y abrazar,
gracias Señor.
Por los labios, boca, dientes y lengua
con que río, hablo y como gozosamente,
gracias, Señor
Por los ojos con que descubro y veo
tanta gracia y hermosura a mi lado,
gracias, Señor
Por mi sexo entrañable
con el que me siento y expreso,
gracias, Señor
Por los nervios, rápidos y sensibles conductores
de sensaciones y emociones, y también de mis quereres,
gracias, Señor.
Por mi cabeza, hermoso ingenio
que piensa, maquina y ordena,
gracias, Señor.
Por la piel que me protege
dándome forma, figura y seguridad,
gracias, Señor
Por este corazón que nunca descansa,
que ama y se deja amar,
gracias, Señor
Por mi cuerpo entero, hecho con ternura
por tus manos y tu soplo,
gracias, Señor
Florentino Ulibarri