miércoles, 13 de marzo de 2019

Oración en el tren

No me gustan las aglomeraciones, Señor, pero disfruto al coger el tren a primera hora de la mañana.

Miro a las personas que me rodean: más jóvenes y más mayores; alegres y unos pocos sonrientes; italianos y extranjeros; leyendo, durmiendo o esperando un «te quiero» o una buena noticia en la pantalla del teléfono móvil...

El tren es un gran río de personas madrugadoras, que van a trabajar o a buscar trabajo, a estudiar, a ganar el pan para sus familias... Quizá haya alguno con malas ideas y -sin quizá- todos meteremos la pata al menos siete veces a lo largo de la jornada.... Pero, aún así, el tren es un río de buenas intenciones.

Aunque no conozco a nadie, Señor, son tus hijas e hijos, mis hermanas y hermanos. Con ellos rezo a gusto; por ellos y los suyos te pido con confianza; por sus buenas voluntades te doy gracias. Y así, con el traqueteo del tren, se duermen las preocupaciones y despierta la esperanza. 


¡Buenos días, Señor!

lunes, 11 de febrero de 2019

Dar alas

Señor, Jesús,
a pesar de mi poca fe
tú sigues apostando
por sacar lo mejor de mí.

Me enseñas
que trabajar con los que sufren
es siempre la elección correcta.

Haznos “dadores de alas”
para los otros,
animadores del potencial de bondad
que esconde cada rostro.

Llévanos en pos de ti,
aliviando y sanando.

(Variación sobre una plegaria de
Mariola López Villanueva rscj)

miércoles, 6 de febrero de 2019

Ver a Dios en lo imperfecto

Danos unos ojos nuevos, Señor...

para contemplar tu belleza
en las arrugas de un anciano,

para aprender tu sabiduría
en las palabras de los que no han ido a la escuela,

para descubrir tu generosidad
en quienes no sabemos darlo todo,

para disfrutar de tu ternura
en los gestos torpes de quienes me rodean.

para admirar tu novedad sorprendente
en quienes forman parte de nuestra rutina,

para sentir tu fuerza omnipotente
en la debilidad de nuestra carne,

para gozar de tu grandeza,
en la sencillez de los más pequeños.

para percibir tu alegría
en los ojos que lloran a menudo,

para apreciar tu perfección,
en las experiencias y las personas imperfectas.

Danos unos ojos nuevos, Señor.

domingo, 10 de junio de 2018

Amar del todo sin comprender del todo

Señor Jesús, pasaste por el mundo haciendo el bien,
y fuiste incomprendido por los más cercanos
y rechazado por los fariseos, los escribas, los jefes…

Fuiste incomprendido y rechazado
y comprendiste a quienes no te comprendían.
Sabías que tu vida no cabe en nuestras pequeñas cabezas.

A pesar de todo, seguiste amando y haciendo el bien,
porque fuiste fiel a la voluntad del Padre,
para enseñarnos el camino de la felicidad más grande.

Señor Jesús, yo también me siento incomprendido,
a veces por las personas que más quiero.
Ayúdame a comprender a quienes no me comprenden.

También a mí me cuesta comprenderme y comprender,
Enséñame a tener paciencia conmigo y con los otros,
a seguir amando a quienes no entiendo.

A veces tampoco comprendo tu Evangelio y tu voluntad.
Ayúdame a aceptar que no puedo entenderlo todo,
a seguir tus pasos con fidelidad y confianza.

sábado, 19 de mayo de 2018

Tú eres mi bien

Señor, Tú eres mi bien,
porque me haces mejor,
porque crees en mí,
porque me vinculas a otros,
porque has creado el mundo
y me has puesto en él,
para que construya tu Reino,
con tantas personas buenas.
Tú eres mi bien porque me amas,
porque me ayudas a amar más y mejor.

Yo te bendigo, Oh Dios,
porque cuidas de nosotros,
aunque no siempre nos demos cuenta,
porque nos inspiras para luchar por la justicia
y para hacer presente tu misericordia;
porque nos has hecho libres,
aunque eso implique que podamos equivocarnos.
Yo te bendigo por...

Me enseñarás el sendero de la vida.
Tú camino es el sendero de la vida,
Es el camino de irse despojado de falsas seguridades
y cargándose de pocas certidumbres.
Es el camino que me llevará al encuentro del prójimo,
me ayudará a vivir desde lo profundo
me permitirá sentir tu amor de Padre
y me dará alegría auténtica.
Gracias he comenzado a seguir este camino.
Ayúdame a seguirlo siempre.

Salmo 15 (adaptación de rezandovoy.org)

domingo, 29 de abril de 2018

Dios descartado


Jesús, Tú eres la piedra descartada por los arquitectos,
por los jefes religiosos y los poderosos de tu tiempo.
Tu vida y tu palabra resultaron molestas para ellos.
Pero Dios Padre te ha convertido en piedra angular,
en esa piedra que da consistencia a todo el edificio.

En nuestra sociedad, también descartamos a mucha gente:
a tantos ancianos, que ya no pueden producir,
a los enfermos, cuyas vidas parecen inútiles,
a los inmigrantes, que encuentran cerradas las puertas del progreso,
a muchos bebés, que no son queridos por sus padres,
a demasiados jóvenes, que no pueden trabajar dignamente,
a tantas mujeres, utilizadas hoy y desechadas mañana,
a tantas personas tiradas en las cunetas del mundo.

Jesús, no nos dejes caer en la cultura del descarte.
Ayúdanos a descubrirte en todas las personas descartadas,
Ellas deben ser la piedra angular de nuestras vidas y de nuestra sociedad.
Agranda nuestro corazón y alarga nuestras manos
para valorarlas, amarlas y acogerlas, como un don precioso.

Dios trabajador, Dios agricultor

Tú, Jesús, eres la vid, nosotros los sarmientos.
Tú y yo Jesús somos parte de la misma planta,
tenemos la misma raíz, que nos da firmeza,
y una misma savia recorre nuestras venas.
Somos una prolongación de ti, Jesús.
Y muchas veces no me doy cuenta.

Tú, Jesús, envías la savia hasta mi última rama,
en todo momento, cuando trabajo y cuando duermo.
No depende de mí; depende de Ti.
Tú me quieres vivo, verde, con abundante fruto.
Si conocieran que Tú eres fuente de vida,
¡nadie querría separarse de Ti!

Nosotros somos los sarmientos. Dios Padre es el viñador;
un agricultor que mira y cuida con amor de su viña,
un campesino que entrecava la tierra que me sostiene,
un trabajador que maneja la azada y suda,
un podador que me  quita lo que me sobra,
para que pueda crecer lo mejor de mí.

Gracias, Jesús, por ser la savia que me da vida.
Gracias, Padre, por ser el viñador que me cuida.

Oración inspirada en un texto de E. Ronchi