miércoles, 9 de septiembre de 2015

Al comenzar este nuevo día

Al comenzar este nuevo día,
tierno todavía como una hogaza recién hecha,
ahora que despunta el alba
y, en silencio, tu brisa
despierta mis sentidos a la vida,
te saludo con gozo y sin prisas:
¡Buenos días, Padre!

Te ofrezco la jornada entera:
el trabajo, el ocio, la comida,
tareas y decisiones,
encuentros,
idas y venidas,
las cosas corrientes y las nuevas,
el esfuerzo, las alegrías y las penas...
¡Infúndeles tu Espíritu, Padre!

Que tu presencia, fiel y efectiva,
acompañe todos mis pasos.
Me pongo en tus manos.
Amasa mi vida a tu gusto.
Hazme hijo
y hazme hermano.

¡Gracias, Padre!
Al comenzar este nuevo día
te saludo con gozo y sin prisas:
¡Buenos días, Padre!