Ahora que la noche es tan pura y no hay nadie más que Tú.
Dime quien eres.
Dime quien eres y que agua tan limpia tiembla en toda mi alma;
dime quien soy también;
dime quien eres y por qué me visitas,
por qué bajas hasta mí, que estoy tan necesitado,
y por qué te separas sin decirme tu nombre.
Ahora que la noche es tan pura y que no hay nadie más que Tú.
Ahora que siento mi corazón como un árbol derribado en el bosque,
y aún el hacha clavada en él siento,
aun el hacha y el golpe en mi alma,
y la sabia cortada en mi alma.
Tú que andas sobre la nieve.
Ahora que alzo mi corazón, y lo alzo
vuelto hacia Tí mi amor,
y lo alzo
como arrancando todas mis raices,
donde aún el peso de tu cruz se siente.
Ahora que el estupor me levanta
desde las plantas de los pies
y alzo hacia tí mis ojos,
Señor,
dime quién eres,
ilumina quien eres,
dime quien soy también,
y por qué la tristeza de ser hombre, Tú que andas sobre la nieve.
Tú, que al tocar las estrellas las haces palidecer de hermosura;
Tú que mueves el mundo tan suavemente que parece que se me va a derramar el corazón;
Tú que habitas en una pequeña choza del bosque donde crece tu cruz;
Tú que vives en esa soledad que se escucha en el alma como un vuelo diáfano;
ahora que la noche es tan pura,
y que no hay nadie más que Tú,
dime quien eres.
Ahora que siento mi memoria como un espejo roto,
mi boca llena de alas.
Ahora que se me pone en pie,
sin oírlo, el corazón.
Ahora que, sin oírlo, se levanta y tiembla mi ser en libertad,
y que la angustia me oscurece los párpados,
y que brota mi vida, y que te llamo como nunca,
sosténme entre tus manos,
soténme en la tiniebla de tu nombre,
sosténme en mi tristeza y en mi alma,