Señor, tú miraste con amor a Mateo y le llamaste. Era un
recaudador, un pecador, un indeseable... pero su corazón buscaba una
vida más auténtica y te siguió con decisión, cuando pronunciaste su
nombre.
Señor, también a mí me miras con amor y me llamas.
Reconozco que no lo merezco, que soy poca cosa, Sé que sólo tú puedes
darme la felicidad que deseo. Por eso, quiero seguirte siempre y del
todo.
Señor, ayúdame a mirar con amor al que se siente sólo, al
que no cuenta, al que cree que no sirve para nada. Ayúdame a despertar
el deseo de felicidad de cada persona y a mostrarles que Tú eres la
fuente de la Vida. Amén.