domingo, 31 de octubre de 2021

Sinodalidad

Ven, Espíritu Santo. Tú que suscitas lenguas nuevas y pones en los labios palabras de vida, líbranos de convertirnos en una Iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro.

Ven en medio nuestro, para que en la experiencia sinodal no nos dejemos abrumar por el desencanto, no diluyamos la profecía, no terminemos por reducirlo todo a discusiones estériles.

Ven, Espíritu Santo de amor, dispón nuestros corazones a la escucha.

Ven, Espíritu de santidad, renueva al santo Pueblo fiel de Dios.

Ven, Espíritu creador, renueva la faz de la tierra. Amén.

(Papa Francisco)

Interpretar el tiempo presente. Signos de los tiempos

Señor, a veces me encierro en mi mundo cómodo, en el que nadie me echa en cara mis errores, en el que nada critica mi forma de pensar y de vivir. Me alejo de las actividades e intereses de los más jóvenes, no comparto las series de las que hablan, los podcasts que les interesan, las canciones y juegos de los más pequeños…

Gracias por el Papa Francisco y por todas las personas que sí están pendientes de lo que sucede, que nos ayudan a entender, a situarnos y a comprometernos eficazmente en la sociedad actual.

Danos pies para acercarnos, ojos para ver, corazón para conmovernos, cabeza para comprender y manos para trabajar. Como Tú y Contigo. Amén.

Anunciar el Reino

Te damos gracias, Jesús, porque, a través de las parábolas, nos has mostrado el corazón compasivo de Dios, un Dios Padre con corazón de madre; que siempre nos mira con un amor inmenso, nos acoge con una sonrisa emocionada y un abrazo generoso; un Dios sembrador que esparce en nuestro corazón las mejores semillas y nos regala a cada uno abundantes talentos y capacidades; un Dios que prepara una gran fiesta, donde se celebra la vida, el perdón y la liberación definitiva de todo lo que esclaviza y degrada al ser humano; un Dios que garantiza un futuro feliz a todos los pobres Lázaros del mundo; un señor generoso que premia mucho más según el amor que siente hacia los trabajadores que por el fruto que éstos hayan conseguido…

Danos luz para encontrar palabras, parábolas y comparaciones, tomadas de la cultura y de la vida de hoy; que sepan tocar el corazón de los niños y de los jóvenes; de quienes se han separado de Ti o de tu Iglesia; de los que dudan y necesitan razones para creer y esperar; de las personas que necesitan alimentar su trabajo y su compromiso solidario en tu amor. Danos luz, Señor, y fuerza para acompañar las palabras con una vida que derroche generosidad y ternura, como Tú y Contigo. Amén.

Salvación gratuita

Señor Jesús, ayúdame a entender que la salvación que Tú me ofreces comienza en esta vida, en esta tierra; cuando abro mi corazón a Ti y a los hermanos, y no tanto a las cosas que me prometen una felicidad que nunca llega; cuando elijo la puerta del Evangelio: la puerta del amor, el servicio y la entrega, dejando de lado otras puertas más cómodas, más anchas, más egoístas... menos humanas. Este es el camino de la felicidad más grande, aquí en la tierra y por toda la eternidad.

Ayúdame a entender que la salvación es un regalo tuyo, enteramente gratuito; que no tengo que “ganar puntos”, con angustia y con miedo, para disfrutar de la vida feliz que tú preparas para todos tus hijos e hijas; que Tú sólo me pides un corazón abierto, para recibir tu amor, para amarte, para amar como Tú y Contigo a las personas más cercanas y a aquellas más necesitadas.

¡Gracias, Jesús, por compartir con nosotros tu vida divina!

El regalo de la oración

¡Qué poca importancia doy a veces a la oración!
Dedico mucho más tiempo al trabajo, a mis aficiones,
al encuentro con las personas, al estudio, a viajar…
No valoro suficientemente el regalo de poder rezar.
Parece que estar contigo es una obligación pesada.
Dejo la oración por pereza y me cuesta mucho retomarla.

Señor, gracias de corazón por estar siempre a mi lado,
dispuesto a escucharme, calmarme, animarme, guiarme…
Gracias por esas personas orantes, que se dejan transformar por Ti,
que transparentan tu ternura, tu paz, tu compasión, tu alegría,
tu amor a cada persona y tu defensa de las más frágiles.

Quien reza no pierde su tiempo. Lo sé, pero a veces no lo vivo.
La oración me permite trabajar con más gratuidad y eficacia.
Concédeme fuerza para superar el activismo y la pereza,
para rechazar las llamadas que me apartan de ti y de tu amor;
para vivir mi relación contigo con más responsabilidad y alegría.

Humildad

¡Qué difícil es vivir y tratarnos como hermanos, Señor!

A veces, nos consideramos mucho mejores que los demás,
miramos por encima del hombro, buscamos los primeros puestos,
nos sentimos mal cuando percibimos que otros son más considerados.

Otras veces, nos miramos al espejo y vemos una piltrafa,
Nos encerramos en nosotros mismos, por complejos absurdos,
por miedo a que otros descubran nuestras carencias y fallos.

Señor, dame humildad, para aceptarme y presentarme tal y como soy,
con mis luces y sombras, con mis capacidades y limitaciones.
Dame humildad para reconocer también la bondad de los demás,
para tratar a todos como hermanos, nunca como competidores.
Como Tú y Contigo. Amén.

Tomas y comed

Tomad y comed, porque esto es mi Cuerpo,
amasado en las entrañas amorosas del Padre,
enriquecido con celestial alimento,
regado con el aroma del Espíritu Santo.

Tomad y comed todos de él,
porque en la despensa de Dios sobran provisiones,
y los servidores del Reino trabajan  las 24 horas
para atender a los invitados con deliciosos víveres.

Tomad y  comed todos de él,
porque es un Banquete de puertas abiertas,
de inmensas mesas repletas,
donde los hambrientos sacien su anhelo de amor.

Venid y comed todos de él,
porque es Pan Bendito impregnado de Vida,
que diviniza a los que lo comen,
y da fortaleza en la fatiga.

Venid, comed y bebed
para recuperar pronto las fuerzas,
recoged a los descartados del mundo,
porque son los predilectos de mi herencia.

Somos hoy “Cuerpo del Cristo”,
restaurante gratuito y fecundo,
donde aliñamos los alimentos con fervor,
para compartir invitaciones del Reino.

Tomad y comed, tendréis vida eterna.
llenaos de abrazos y amor,
para inaugurar la Fiesta
y disfrutar de la felicidad  completa.

 (Pedro Jesús Mohedano Santibáñez)