jueves, 3 de diciembre de 2015

Mi más alto deseo

Quiero cantar la alegría de vivir
-¡para ti es mi música, Señor!-
Quiero que mi vida sea una entera alabanza
a tu inquebrantable ternura.
¿Cuándo saciarás mi deseo?

Mi conducta será entonces un poema
de confianza y abandono;
en lo más recondito de mi ser
tu nombre me inspirará la rectitud para con mis hermanos;
no admiraré las bravuconadas de los que se creían a salvo,
ni me recrearé en los pasos perdidos
de los que creyeron hacer de su orgullo un camino sin trabas
Por el contrario, mis ojos estarán atentos
a descubrir todo lo bueno que pueda haber
en cualquier hombre y en cualquier situación humana,
porque todo lo bueno procede de ti.

Enmudecerán al ver que mi alegría
no es la del dinero ni de aquello
que se compra con dinero; sino que mi alegría
es más fuerte y duradera porque se enraíza en ti
y en el amor que de ti nos envuelve.

Mis amigos serán también de los que buscan tu rostro;
y con ellos, día tras día, entonaré mi acción de gracias en tu presencia
La verdad colgará de nuestros labios
como fruto de dulces entrañas compartidas:
y así terminarán por bajar la cabeza
los que propagaban su altiva razón como estilo de vida
y la trampa al hermano como medio de alcanzar
sus metas de avaro bienestar.

La plaza mayor de la libertad humana
estará repleta de los que invocaron tu nombre;
de los que protagonizarón tu salvación
dejándose salvar por ti.

Quiero cantar la alegría de ser tuyo
-¡para ti mi música, Señor!-
¿Cuándo saciarás este mi más alto deseo?