Señor, me conmueve tu mirada, capaz de atravesar la superficialidad y descubrir la generosidad escondida de la viuda, mientras desenmascara la vanidad de quienes exhiben sus donativos.
Enséñame a mirar como Tú: con serenidad que da paz, con hondura que revela la verdad, con amor que abraza y compromete.
Haz que mi mirada brote del corazón y se traduzca en gestos de servicio, para edificar tu Reino de justicia y vida, donde todos experimentemos el abrazo del Padre y vivamos como auténticos hermanos y hermanas. Amén.