Señor Jesús,
cuando las olas de la vida golpean con fuerza
y sentimos que todo se tambalea,
brotan en nosotros palabras antiguas y siempre nuevas:
“Señor, ¿no ves que nos hundimos?”
A veces el miedo nos supera,
la incertidumbre nos paraliza,
y olvidamos que Tú estás dentro,
aunque parezcas dormido,
aunque el viento ruja y empuje.
Por eso hoy te decimos:
despierta nuestra confianza,
calma nuestros temores,
sostén nuestra frágil fe.
Y cuando nos preguntes: “¿Aún no tenéis fe?”,
concédenos responderte con la vida,
creyendo incluso cuando no te vemos,
esperando incluso cuando no entendemos,
amando incluso cuando parece inútil.
Quédate en nuestra barca, Señor,
y enséñanos a navegar contigo
en medio de cualquier tormenta.
Amén.