Hace tiempo, Señor, que no te escucho
ni en casa ni en la calle ni en el trabajo;
tampoco en el silencio ni entre mis hermanos-
Hace tiempo, Señor, que no me despierto...
con la música que has sembrado en mi pecho-
¡Se me están acabando la sonrisa y los pasos!
Tu voz, Señor, sin duda está clamando
en el desierto de mi vida, y no la escucho
porque me dejo llevar sólo por cantos de sirenas.
Nuevamente me he perdido en tu encuentro.
Acércate y ponme otra vez en camino.
Perdóname y orienta bien mis sentidos.