lunes, 5 de octubre de 2015

Resucitar del miedo

Han pasado, Señor, ya veinte siglos de tu resurrección y todavía
no hemos perdido el miedo,
aún no estamos seguros, aún tememos
que las puertas del infierno podrían algún día
prevalecer si no contra tu Iglesia, sí contra nuestro pobre
corazón de cristianos.

Aún vivimos mirando a todos lados
menos hacia tu cielo.
Aún creemos que el mal será más fuerte que tu propia Palabra.

Todavía no estamos convencidos
de que tú hayas vencido al dolor y a la muerte.
Seguimos vacilando, dudando, caminando entre preguntas,
amasando angustias y tristezas.

Repítenos de nuevo que tú dejaste paz suficiente para todos.
Pon tu mano en mi hombro y grítame: No temas, no temáis.
Infúndeme tu luz y tu certeza,
danos el gozo de ser tuyos,
inúndanos de la alegría de tu corazón.
Haznos, Señor, testigos de tu gozo.

¡Y que el mundo descubra lo que es creer en ti!