Tú que diste a Juan la gracia de hacerse a un lado,
concédenos esa misma libertad interior.
Que sepamos ocupar el lugar que tú nos das,
sin buscar premios, prestigio ni reconocimiento.
Que, como él, sepamos señalar a Jesús
y luego retirarnos para que otros lo encuentren.
Que no nos apropiemos de la misión,
que no retengamos a nadie,
que no vivamos pendientes de aplausos.
Danos la humildad de los padres que acompañan sin invadir,
de los pastores que sirven sin protagonismo,
de los amigos que sostienen sin manipular.
Amén.