Señor,
tu luz evidencia mis sombras;
tu santidad, mis pecados;
tu amor, mi egoísmo;
tu verdad, mis mentiras;
tu compasión, mi dureza de corazón;
tu vida, mis zonas muertas.
Y también yo, como Pedro, te digo:
Apártate, Señor, que soy un pecador.
Mi soberbia no soporta tu santidad
y, como no te vas Tú, me alejo yo.
Pero Tú me quieres como soy;
abrazas mi existencia entera
y me lanzas mar adentro,
para que siga creciendo
para que ame más y mejor.
GRACIAS.