Ando encorvada, Señor,
por las críticas injustas,
por obligaciones exageradas,
por la soledad impuesta,
por el sufrimiento de los míos
y de tanta gente inocente.
Ando encorvada, Señor,
por no valorar mis talentos,
por encerrarme en mí misma,
por no dejarme ayudar ni salvar,
por mis decisiones equivocadas,
por empecinarme en el error.
Señor, gracias por mirarme,
por llamarme y decirme:
"Mujer, quedas libre de tu enfermedad".