martes, 24 de febrero de 2026

Al amanecer

A mí, Señor, me llamaste al amanecer. Aún recuerdo aquella hora privilegiada entre todas. Siempre presente, pero invisible, en mi vida. Gozando siempre de tu confianza, del consuelo de tu comprensión.

Durante toda mi vida he vivido en una intimidad casi cotidiana contigo. Tu imagen no ha salido nunca de mi pensamiento. Los acentos de tu voz tan dulce y tan inflexible no han parado de resonar en mi corazón.

En los momentos más difíciles no has dejado de iluminarme. Comprendiéndote y amándote en Ti, voy revistiéndome de Ti para ser cada día más Tú en Ti. Así voy dándote forma y rostro para que puedas seguir siendo el Verbo que se hace carne en nosotros muy en silencio.

José María Andreu