Señor, sabemos que la fe se prueba en el desierto y que la vida cristiana exige esfuerzo, disciplina y perseverancia. Cuando las tentaciones nos inviten a elegir caminos más fáciles, cuando dudemos de nuestro crecimiento o nos sintamos desanimados, danos la fuerza de tu Espíritu para permanecer fieles a tu amor, a tu camino de ternura, pobreza, servicio y entrega.
Y, sobre todo, Señor, aumenta nuestra confianza. No permitas que el miedo o la sensación de derrota nos paralicen. Tú no te alejas cuando caemos, no te cansas de buscarnos, no abandonas a quien se deja encontrar. Allí donde todo parece árido, tú te revelas como Aquel que sostiene, alimenta y acompaña. Tu amor es más fuerte que el mal y nos abre un camino de libertad.
Amén.