Señor, tú, como buen padre y buena madre, deseas mi felicidad. Anhelas que viva con alegría, aquí y por toda la eternidad. Por eso me amas sin medida y me muestras el camino de la vida, el sendero de la salvación.
Yo también quiero alcanzar esa meta, Señor. Quiero ser feliz ahora y siempre. Pero a veces cierro mi corazón a tu amor y busco puertas anchas, donde quepan todos mis caprichos. Elijo caminos cómodos, sin cruces que incomoden mi paso.
Una y otra vez descubro que esas puertas y caminos no sacian mi corazón. Señor, que el soplo del Espíritu y el testimonio de mis hermanos me ayuden a abrirme a tu amor, y a elegir siempre la puerta del amor y el camino de la entrega.