Señor, hoy rezamos por Europa y te damos gracias por los avances conseguidos en el campo de la unidad y de la paz, después de un pasado terrible de división y guerra.
Te presentamos nuestros sueños y te pedimos que nos des acierto y voluntad, para hacerlos realidad.
Soñamos una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque RESPETA LA VIDA y ofrece esperanza de vida.
Señor,
que sepa agradecer tus dones, compartiéndolos;
que sepa ser generoso con los demás, como tú lo eres conmigo;
que sea capaz de dar gratuitamente, sin esperar nada a cambio;
que pueda dar más, no para recibir más,
sino porque he recibido mucho, lo he recibido todo de Ti.
No has venido, Señor, para juzgar sino para buscar lo que estaba perdido, para abrazar con ternura lo que estaba enfermo y frío, para liberar de culpas y temores lo que estaba cansado y hundido.
Saluda a los extraños; ama a los que no te aman; ama a tus enemigos; haz el bien a los que te aborrecen; reza por los que te persiguen y calumnian. ¿Es posible amar así, Señor, a contra-corazón?
Si supiéramos reconocer todo lo que recibimos sin merecerlo...
¡cuánto cambiaría nuestra vida, Señor!
La vida... ¡el regalo más precioso!
Nuestro cuerpo... a pesar de sus achaques, ¡maravilloso!
Nuestros padres... ¡cuántos desvelos, cariños, enseñanzas...!
Ahora. Levántate. No te dejes morir en muertes cotidianas que acallan el verso que secan el alma y frenan el paso hasta dejarte inerte.
No mueras en vida, sepultado por nostalgias, rendido antes de tiempo, consumido por dentro. No permitas que te envenene el odio, ni dejes que la amargura –¿o es miedo a vivir?– haga de tu corazón una losa.
Levántate. Sostenido por la memoria de buenos amigos y buenos momentos, confiado en un hoy grávido de oportunidades. Movido por la esperanza en lo que ha de llegar.