sábado, 18 de febrero de 2017

No les queda vino

En nuestras reuniones familiares y de amigos
donde festejamos lo que Tú nos das;
no abunda el vino del amor.

Para el compromiso diario
por la paz, el trabajo y la justicia;
nos falta el vino de la generosidad.

En nuestras oraciones y celebraciones
que reviven y actualizan tu presencia;
se acaba el vino de la alegría.

Para el anuncio de tu buena noticia
con nuestras palabras y obras;
escasea el vino de la humildad y la valentía.

Para acoger a los enfermos, a los refugiados,
para hacer hueco a los que más sufren,
necesitamos el vino de la fraternidad.

Para afrontar los malos momentos,
en los que nos sentidos hundidos sin remedio,
se agota el vino de la esperanza.

Y por eso andamos tristes y aguados,
sin gracia y con la ilusión apagada.
Nos falta la alegría compartida,
aunque abunden jarras y tinajas.

¡No tenemos vino, Señor!
Convierte nuestra agua en vino.
Conviértenos en vino para los hermanos.

sábado, 11 de febrero de 2017

Custodios de los enfermos

Dios Padre, amigo de la vida,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar y cuidar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

Toca nuestros corazones
y enséñanos a descubrir el valor
de cada persona y de cada cosa,
porque todos somos custodios
de la salud de nuestros hermanos
y de la salud del mundo.
Amén.

jueves, 26 de enero de 2017

De dos en dos

Id de dos en dos.
No vayáis solos,
que no es posible ser cristianos viviendo como islas.
Vosotros, tratad de ser comunidad.

No os carguéis de cosas innecesarias que hagan más pesados vuestros pasos.
Y sentíos muy libres ante los bienes de este mundo…
para poder llevar una vida sencilla y pobre…

Confiad en el Dios que provee en cada momento de todo lo necesario…
Por el camino, habréis de renunciar a los medios poderosos
y en su lugar, optar por los signos sencillos del Reino…

Y no negociéis por lo que hacéis,
dadlo, a manos llenas,
sin pedir nada a cambio,
entregando gratuitamente lo recibido.

domingo, 8 de enero de 2017

Achícame


Agranda la puerta Padre, porque no puedo pasar.
La hiciste para los NIÑOS, yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta, ACHÍCAME por piedad; 
vuélveme a la edad aquella en que vivir es SOÑAR.

Miguel de Unamuno.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Perdonarme y ofrecerme

Mi amado Jesús, quiero contarte ahora lo que hay en mi corazón. Muchas veces me olvido de Ti, me olvido de tu amor, de tu misericordia. Te pido perdón por mis pecados, por conservar rencor en mi alma, por no perdonarme a mí mismo, por no valorar que soy hechura tuya, por haber pensado que de nada sirvo en este mundo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Acoger y disfrutar el perdón

Querida hija / Querido hijo:

¡No sabes cuánto he disfrutado contigo! Te has dejado encontrar y me has abierto ese gran corazón que te di. Me has dejado aligerar la carga que hundía tu espalda y arruga tu sonrisa. Me has dejado abrazarte y me has demostrado lo mucho que me quieres. Y al ver tus lágrimas, no he podido contener las mías.

Recuerda lo que te he dicho tantas veces: Tú vales mucho para mí y yo te amo (Isaías 43); llevo tu nombre tatuado en las palmas de mis manos, continuamente pienso en ti (Isaías 49); la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentro yo contigo (Isaías 62); hasta tu vejez, yo seré siempre el mismo y te ayudaré hasta que tus cabellos se pongan blancos. Así como te he apoyado hasta ahora, así te seguiré apoyando (Isaías 46).

Has acogido y disfrutado mi perdón, mi perdón gratuito. Pero de vez en cuando, te cansas de convivir con tu fragilidad y no te acabas de creer mi perdón.

Por eso, vuelvo a recordarte la pregunta de Pedro: ¿Cuántas veces tenemos que perdonar, siete veces? No te digo siete veces, sino setenta veces siete (Mt 18,22)? Si ésta es la medida que se le pide al hombre, ¿cómo piensas que yo puedo tener una medida más pequeña?

Recuerda además la experiencia del hijo pródigo. Al verlo volver a casa, cansado y triste, lloré, corrí, lo abracé, lo llené de besos. Y como la alegría no me cabía en el corazón, hicimos una fiesta. ¿Crees que no siento la misma alegría cuando tú vuelves a mí?

Acoge mi perdón en lo más hondo de ti. Disfrútalo y compártelo. Y cuando vuelvas a dudar de mi perdón, dímelo, para que pueda convencerte de nuevo. ¿De acuerdo?

Un abrazo grande de tu Padre Dios

Ver los signos del Reino

Señor, danos una mirada contemplativa, para descubrirte
en esa madre o en ese padre que cambia el pañal de su hijo sonriendo, a pesar del cansancio;
en ese mendigo que comparte su mendrugo de pan;
en ese voluntario que trabaja y sólo cobra el sueldo de la satisfacción;
en ese político o en ese hombre de negocios que renuncia a caer en la corrupción;
en esa abuela que ya no puede hacer otra cosa por su familia más que rezar;
en la niña que sabe acercarse a ese compañero triste;
en ese misionero que se deja la piel por los más pobres;
en todos aquellos que no se callan ni se cruzan de brazos frente a las injusticias;
en esa religiosa que renunció con alegría a los placeres del mundo, para consagrarse a Ti y a los más necesitados;

Señor, danos una mirada contemplativa, para descubrirte
en mí y en cada persona:
en nuestros deseos de amar, de servir, de compartir, de ser felices.

Allí estás, Dios mío. Y allí te dejas encontrar. ¡Gracias!