Jesús, a veces me siento solo,
se alejan las personas que más quiero,
no tengo más remedio que dejar los caminos de siempre
porque la vida me lleva por senderos nuevos.
¡Cuánto me cuesta cambiar, Señor!
No quiero avanzar por miedo a perder lo que tengo.
Pero hay una luz que me atrae: tu luz
y una voz que me dice: "No tengas miedo, no te pares"
Necesito sentir, o al menos saber, que me acompañas,
Quiero emprender contigo la aventura de vivir cada día
con la confianza de que Tú nunca defraudas
al que confía en Ti y procura seguir tus caminos.
Ayúdame a creer más, a apoyarme más en Ti,
a valorar la fuerza que has puesto en mi corazón,
a descubrir la belleza de una sonrisa desconocida,
a afrontar la vida con ilusión, esfuerzo y esperanza. Amén.
jueves, 30 de mayo de 2019
sábado, 18 de mayo de 2019
Dios tiene sed de ti
Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche.
Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo,
ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta,
hasta la más pequeña sugerencia de invitación que me permita entrar.
Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, Yo vengo siempre,sin falta.
Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos…
Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte,
con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión.
Un amor en cada detalle, tan grande como el amor que he recibido de Mi Padre.
Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas.
Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas.…
Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.
Cuando finalmente abras las puertas de tu corazón y te acerques lo suficiente,
entonces Me oirás decir una y otra vez, no en meras palabras humanas
sino en espíritu: «no importa qué es lo que hayas hecho, te amo por ti mismo.
Ven a Mí con tu miseria y tus pecados, con tus problemas y necesidades,
y con todo tu deseo de ser amado. Estoy a la puerta de tu corazón
y llamo... ábreme, porque tengo sed de tI.
Santa Teresa de Calculta
miércoles, 8 de mayo de 2019
Si el amor te escogiera
Si el amor te escogiera y se dignara
llegar hasta tu puerta y ser tu huésped
¡Cuidado con abrirle e invitarle,
si quieres ser feliz como eras antes!
Pues no entra solo: tras él vienen
los ángeles de la niebla tu huésped solitario
sueña con los fracasados y los desposeídos
con los tristes y con el dolor infinito de la vida.
Despertará en ti deseos que nunca podrás olvidar,
te mostrará estrellas que nunca viste antes;
te hará compartir, en adelante
el peso de su tristeza divina sobre el mundo.
¡Listo fuiste al no abrirle! y, sin embargo,
¡qué pobre, si lo echaste de un portazo!
Sidney Rosey Lysagth
llegar hasta tu puerta y ser tu huésped
¡Cuidado con abrirle e invitarle,
si quieres ser feliz como eras antes!
Pues no entra solo: tras él vienen
los ángeles de la niebla tu huésped solitario
sueña con los fracasados y los desposeídos
con los tristes y con el dolor infinito de la vida.
Despertará en ti deseos que nunca podrás olvidar,
te mostrará estrellas que nunca viste antes;
te hará compartir, en adelante
el peso de su tristeza divina sobre el mundo.
¡Listo fuiste al no abrirle! y, sin embargo,
¡qué pobre, si lo echaste de un portazo!
Sidney Rosey Lysagth
miércoles, 17 de abril de 2019
¿Seré yo, Maestro?
¿Seré yo, Maestro,
quien afirme o quien niegue?
¿Seré quien te venda
por treinta monedas
o seguiré a tu lado
con las manos vacías?
¿Pasaré alegremente
del «hossannah»
al «crucifícalo»,
o mi voz cantará
tu evangelio?
¿Seré de los que tiran la piedra
o de los que tocan la herida?
¿Seré levita, indiferente
al herido del camino,
o samaritano conmovido
por su dolor?
¿Seré espectador o testigo?
¿Me lavaré las manos
para no implicarme,
o me las ensuciaré
en el contacto con el mundo?
¿Seré quien se rasga las vestiduras
y señala culpables,
o un buscador humilde de la verdad?
quien afirme o quien niegue?
¿Seré quien te venda
por treinta monedas
o seguiré a tu lado
con las manos vacías?
¿Pasaré alegremente
del «hossannah»
al «crucifícalo»,
o mi voz cantará
tu evangelio?
¿Seré de los que tiran la piedra
o de los que tocan la herida?
¿Seré levita, indiferente
al herido del camino,
o samaritano conmovido
por su dolor?
¿Seré espectador o testigo?
¿Me lavaré las manos
para no implicarme,
o me las ensuciaré
en el contacto con el mundo?
¿Seré quien se rasga las vestiduras
y señala culpables,
o un buscador humilde de la verdad?
viernes, 12 de abril de 2019
Oración del Voluntario de Cáritas
Quiero ser, Padre, tus manos, tus ojos, tu corazón. Mirar al otro como Tú le miras: con una mirada rebosante de amor y de ternura. Mirarme a mí, también, desde esa plenitud con que Tú me amas, me llamas y me envías.
Lo quiero hacer desde la experiencia del don recibido y con la gratuidad de la donación sencilla y cotidiana al servicio de todos, en especial de los más pobres.
Envíame, Señor, y dame constancia, apertura y cercanía. Enséñame a caminar en los pies del que acompaño y me acompaña. Ayúdame a multiplicar el pan y curar heridas, a no dejar de sonreír y de compartir la esperanza. Quiero servir configurado contigo en tu diaconía.
Gracias por las huellas de ternura y compasión que has dejado en mi vida. En tu Palabra encuentro la Luz que me ilumina. En la Oración, el Agua que me fecunda y purifica. En la Eucaristía el Pan que fortalece mi entrega y me da Vida. Y en mi debilidad, Señor, encuentro tu fortaleza cada día. Amén
Lo quiero hacer desde la experiencia del don recibido y con la gratuidad de la donación sencilla y cotidiana al servicio de todos, en especial de los más pobres.
Envíame, Señor, y dame constancia, apertura y cercanía. Enséñame a caminar en los pies del que acompaño y me acompaña. Ayúdame a multiplicar el pan y curar heridas, a no dejar de sonreír y de compartir la esperanza. Quiero servir configurado contigo en tu diaconía.
Gracias por las huellas de ternura y compasión que has dejado en mi vida. En tu Palabra encuentro la Luz que me ilumina. En la Oración, el Agua que me fecunda y purifica. En la Eucaristía el Pan que fortalece mi entrega y me da Vida. Y en mi debilidad, Señor, encuentro tu fortaleza cada día. Amén
jueves, 21 de marzo de 2019
Silencio y solidaridad
Ay de ti si tu vida se va diluyendo entre las prisas y los agobios.
Ay de ti si vives con los ojos cerrados a tantos milagros cotidianos.
Ay de ti si dices que me amas y luego solo te buscas a ti mismo. Ay de ti si miras para otro lado cuando te encuentras un hermano caído en el camino.
Ay de ti si acumulas y acaparas sin freno, y te olvidas de compartir con los pobres.
Pero…
Dichoso tú si en medio de las prisas y los agobios percibes mi presencia de paz.
Dichoso tú si en cada rincón de tu existencia ves un milagro de mi mano.
Dichoso tú si cuando dices que me amas haces verdad este amor sirviendo a los más débiles.
Dichoso tú si vives con ojos abiertos y manos extendidas ante los descartados de la tierra.
Dichoso tú si tu alegría te lleva a desprenderte de algo de lo que acumulas para que otros puedan gozar de una vida más digna.
Fermín Negre
miércoles, 13 de marzo de 2019
Oración en el tren
No me gustan las aglomeraciones, Señor, pero disfruto al coger el tren a primera hora de la mañana.
Miro a las personas que me rodean: más jóvenes y más mayores; alegres y unos pocos sonrientes; italianos y extranjeros; leyendo, durmiendo o esperando un «te quiero» o una buena noticia en la pantalla del teléfono móvil...
El tren es un gran río de personas madrugadoras, que van a trabajar o a buscar trabajo, a estudiar, a ganar el pan para sus familias... Quizá haya alguno con malas ideas y -sin quizá- todos meteremos la pata al menos siete veces a lo largo de la jornada.... Pero, aún así, el tren es un río de buenas intenciones.
Aunque no conozco a nadie, Señor, son tus hijas e hijos, mis hermanas y hermanos. Con ellos rezo a gusto; por ellos y los suyos te pido con confianza; por sus buenas voluntades te doy gracias. Y así, con el traqueteo del tren, se duermen las preocupaciones y despierta la esperanza.
¡Buenos días, Señor!
Miro a las personas que me rodean: más jóvenes y más mayores; alegres y unos pocos sonrientes; italianos y extranjeros; leyendo, durmiendo o esperando un «te quiero» o una buena noticia en la pantalla del teléfono móvil...
El tren es un gran río de personas madrugadoras, que van a trabajar o a buscar trabajo, a estudiar, a ganar el pan para sus familias... Quizá haya alguno con malas ideas y -sin quizá- todos meteremos la pata al menos siete veces a lo largo de la jornada.... Pero, aún así, el tren es un río de buenas intenciones.
Aunque no conozco a nadie, Señor, son tus hijas e hijos, mis hermanas y hermanos. Con ellos rezo a gusto; por ellos y los suyos te pido con confianza; por sus buenas voluntades te doy gracias. Y así, con el traqueteo del tren, se duermen las preocupaciones y despierta la esperanza.
¡Buenos días, Señor!
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