lunes, 25 de julio de 2022

Peregrinos

Todos somos peregrinos
a veces sin saberlo.
Estamos de paso
en la historia,
en las vidas que se cruzan,
y en lugares que habitamos.
No los poseemos.
No los dominamos.
No los retenemos.
Solo podemos agradecer
el tiempo que se nos da,
los nombres amados,
la misión recibida.
Peregrinos, nunca solos,
rodeados del Misterio
y abiertos a lo eterno.
Nuestra huella, si acaso,
ha de dejar sembradas
semillas de fe y justicia.
En nuestro viaje
toma cuerpo
una encarnación distinta
que culminará, ya resucitados,
en el último abrazo,
con todos los caminantes
que ya han llegado a la meta.

(José María R. Olaizola, sj)

Zebedeos

Como la madre de los Zebedeos, tampoco nosotros te conocemos. A veces nos dirigimos a Ti como si fueras un emperador o el genio de los tres deseos. Nos olvidamos de que Tú no tuviste donde reposar la cabeza y moriste sin nada en una cruz. Pedimos honores en vez de pedir capacidad para amar y servir, como Tú y Contigo. Decimos ser tus discípulos, pero no queremos vivir a tu estilo y cargar con tu cruz.

Como la madre de los Zebedeos, también a veces creemos que Dios tiene hijos de primera y de segunda: los que están a su lado, por sus propios méritos, y los que están en las periferias del cielo, por misericordia. Cura nuestra mundanidad, Señor, y ayúdanos a crecer en fraternidad, en una fraternidad de mujeres y hombres, todos distintos y todos iguales en dignidad.

Tienes razón. No sabemos lo que pedimos, porque andamos desorientados: te conocemos escasamente, ansiamos lo que no nos conviene y no sabemos cuál es el Camino de la Vida, de la vida feliz en esta tierra y de la eterna bienaventuranza en el cielo.

¡Conviértenos, Señor, como a Santiago y a Juan! ¡Y que nosotros nos dejemos convertir, como ellos!

Trigo y cizaña

Señor Jesús, gracias porque no te cansas de sembrar;
porque llamas a tantos hombres y mujeres, ciudadanos del Reino,
que siembran su trabajo y su amor en el surco del mundo.
Gracias por invitarme a ser sembrador y buena semilla.

Ayúdanos a descubrir las semillas de cizaña, de discordia,
sembradas en los corazones, las familias, la Iglesia y la sociedad;
para no acogerlas, ni abonarlas, ni difundirlas ni sembrarlas.
Perdóname, porque yo también he sembrado cizaña.

Gracias por asegurarnos que al final brillará el bien y la bondad.
Ayúdanos a mantener y a comunicar esta esperanza al mundo.

sábado, 23 de julio de 2022

Ver a Jesús

Señor Jesús, Tú conoces mi pequeñez y mi pecado;
pero, aun así, me siento muy afortunado:
Yo también te he visto, he sentido tu cercanía…
en muchas personas que lo dan todo con alegría,
en la fuerza que me has dado en tantos momentos,
en la humildad de quienes saben apoyarse en ti y en los hermanos.
en la ternura de los niños y los ancianos,
en la tenacidad de quienes trabajan por la justicia,
en la Palabra que me descubre caminos nuevos,
en el pan de la mesa y en el pan del altar,
en la misericordia de tu perdón gratuito,
en la belleza y grandeza de la creación,
en el amor que busca el bien del otro…
 
Por eso, más allá de mis limitaciones y torpezas,
quiero darte gracias por dejarte ver tantas veces
y anunciaré que Tú eres la razón de mi alegría,
la fuente de mi esperanza y de mi amor. Amén.

No hacerse esperar

Señor Jesús, Tú siempre tienes el corazón abierto y la voluntad dispuesta para acercarte a quien te necesita. Aunque no siempre nos das lo que te pedimos, nunca te haces esperar, para acompañarnos, darnos la mano y levantarnos, como a la suegra de Simón. Señor, ¡que sepamos llamarte cuando estamos en peligro, con la confianza en que Tú jamás defraudas! Dame fuerzas para superar la barrera de la pereza y de la indiferencia, de modo que sepa acercarme, acompañar y servir con amor al prójimo; como Tú y Contigo.
 
Señor Jesús, Tú también tuviste el corazón siempre abierto al Padre. Rezabas por la noche, de madrugada, en los momentos más felices y en los más dolorosos. Dame fuerza para vencer el orgullo y la desesperanza, de modo que sepa rezar al Padre en todo momento, en toda circunstancia; como Tú y Contigo. Amén.

No tienen vino

No tienen vino,
no tienen pan.
Haced lo que Él os diga.
Mi Hijo se encargará.

Danos tu mirada,
Madre de la humanidad,
para que estemos atentos
a toda necesidad.

No tienen vino,
no tienen pan.
¡Quién ofrece su vida
se convierte en vino y pan!
¡Quién ofrece su vida
se convierte en vino y pan!

Ixcis


Odres nuevos

Nos gusta ser libres, que nadie nos condicione;
pero aceptamos poco a las personas que rompen moldes.
Preferimos que la gente no se salga del carril de la costumbre.
Confundimos fidelidad con hacer siempre lo mismo.

Señor, ayúdanos a no hacer las cosas por rutina,
a pensar el sentido y las consecuencias de lo que hacemos,
a plantearnos nuevos modos de convivir, de trabajar, de rezar.
Enséñanos la sabiduría de “a vino nuevo, odres nuevos”.

Que el Espíritu nos ayude a descubrir qué hemos de cambiar
en la Iglesia, en las parroquias y en nuestros grupos.
Muéstranos cómo ser fieles a Ti en una realidad que cambia,
para que podamos transmitir mejor a todos tu palabra y tu amor.
Amén.